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¿Duele un empaste sin anestesia? Cuándo se puede y cuándo no

Hay caries que se empastan sin anestesia y otras en las que no tiene sentido. Qué lo decide, qué se nota y por qué no hay que aguantar el dolor.

Un molar cortado con una caries y el tramo de diente sano que queda entre ella y el nervio

Escrito por Equipo médico de Cleardent Contenido bajo la dirección médica del Dr. Ismael Cerezo, Director Médico de Cleardent · Nº colegiado 23001944

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Qué conviene tener claro

  • Lo que decide si duele es la profundidad: el esmalte no tiene terminaciones nerviosas y la dentina sí.
  • Sin anestesia se hacen bien las caries de esmalte, los retoques y los arreglos pequeños del borde.
  • En caries profundas, en el cuello del diente o con matriz entre dos piezas, intentarlo alarga la cita sin ahorrar nada.
  • Existe una técnica que evita el pinchazo, la ART, y su pega está medida: las restauraciones fallan más.
  • Si notas algo, levanta la mano. Aguantarse alimenta un círculo que acaba en más caries, y eso también está medido.

¿Te da más respeto el pinchazo que el empaste en sí? Es de las dudas que más llegan a la consulta y tiene una respuesta bastante clara. Aquí te cuento cuándo se puede prescindir de la anestesia, cuándo no merece la pena intentarlo y qué puedes pedir tú.

¿Duele un empaste sin anestesia?

Dos molares iguales: en el primero la caries se queda arriba, en el segundo llega casi hasta el nervio
La misma caries, dos decisiones distintas: lo que cambia es cuánto queda por debajo

Depende de una sola cosa, y es de lo cerca que esté la caries del nervio del diente.

El esmalte no tiene terminaciones nerviosas, así que trabajar sobre él no se nota. La dentina, que está justo debajo, sí las tiene: son unos tubitos finísimos que conectan con la pulpa, y cuanto más se acerca la fresa, más se transmite.

Esa profundidad no es una intuición: se ve en la radiografía antes de empezar. Así que es una pregunta que puedes hacer tú al sentarte, y la respuesta ordena todo lo demás.

¿Cuándo se puede hacer sin anestesia?

En estos tres casos:

  • Caries muy superficiales que solo afectan al esmalte.
  • Retoques o pulidos de un empaste que ya estaba puesto.
  • Reparaciones pequeñas en el borde de un diente de delante.

En esos casos lo único que se nota es vibración y agua fría, nada más. Mucha gente sale sorprendida de que no haya sido para tanto.

Cuándo no tiene sentido intentarlo

Aquí conviene que te lo digan claro antes de sentarte:

  • Cuando la caries ha llegado a la dentina profunda.
  • Cuando afecta a la zona del cuello del diente, junto a la encía.
  • Cuando hay que colocar una matriz entre dos dientes, que empuja la encía.
  • Cuando el diente ya está sensible al frío o al dulce, porque eso indica que el nervio está reaccionando.

Y hay un motivo más que nada tiene que ver con la caries: si vas tenso esperando el dolor, cualquier estímulo se percibe más fuerte. La anestesia también sirve para eso.

La técnica que sí evita el pinchazo, y lo que cuesta

Existe, se llama tratamiento restaurador atraumático y conviene conocerla con sus dos caras. La caries se quita con instrumentos de mano, sin turbina y normalmente sin anestesia, y el hueco se rellena con un material que se pega solo al diente.

No es un invento marginal: se usa en programas de salud pública de medio mundo, sobre todo donde no hay sillón ni corriente. Y la pega está medida. La revisión Cochrane que la comparó con el empaste convencional encontró que estas restauraciones fallan más entre el primer y el segundo año, con una probabilidad en torno a una vez y media mayor en dientes de leche.

Dicho de otro modo: quitar el pinchazo de la ecuación se paga en durabilidad. Por eso aquí se reserva para situaciones concretas y no sustituye al empaste de siempre.

Sobre el pinchazo

Es la parte que da miedo y también la más corta de todas. Van los tres pasos, por orden:

  • Un gel anestésico sobre la encía, que duerme la superficie.
  • Un par de minutos de espera, que es lo que tarda en hacer efecto.
  • La infiltración, despacio, que es lo que hace que apenas se note.
Una jeringa de anestesia dental apoyada sobre la mesa, con una gota en la punta de la aguja
Puesta despacio, el pinchazo se nota bastante menos de lo que se teme

Lo que molesta no es la aguja en sí, es la presión del líquido al entrar en el tejido. Por eso se pone despacio y no de golpe.

También influye el sitio. En el paladar el tejido es fino y está pegado al hueso, así que ahí se nota más; por el lado de la mejilla hay más espacio y apenas se percibe.

Qué hacer si notas algo

Levanta la mano, que es lo único que se te pide. No hay que aguantar nada ni demostrar nada a nadie.

Si notas molestia se pone un poco más de anestesia y se continúa, y eso lleva dos minutos escasos. Si es una muela de abajo muy inflamada y la primera dosis no termina de hacer efecto, se cambia la técnica y se busca el nervio más cerca.

Lo que sí puedes decidir

Puedes pedir que se empiece sin anestesia y parar si notas algo. Es una opción perfectamente razonable en caries pequeñas y así lo hacemos a menudo.

Lo que no te recomiendo es decidirlo de antemano solo por evitar el pinchazo cuando la caries es profunda. En ese caso el empaste se alarga, se hace incómodo y a veces hay que anestesiar igual a mitad.

Por qué aguantarse sale caro

El coste de un mal rato no se acaba ese día, y esto sí está medido. En un estudio finlandés con más de trece mil jóvenes, quienes declaraban miedo alto al dentista tenían más del cuádruple de probabilidad de acumular dientes con caries sin tratar.

El círculo se entiende solo. Una cita que duele hace que espacies la siguiente, y cuanto más tarde se detecta una caries, más grande es la intervención que hace falta. Empezar temprano es justo lo contrario: una caries pequeña se resuelve con muy poco.

Si lo que te frena es el miedo y no el empaste, hay margen para planificarlo de otra forma. Lo contamos en miedo al dentista y en sedación consciente.

Señales para pedir cita

Fíjate en tres cosas, y con cualquiera de ellas conviene que lo veamos:

  • Una mancha marrón o un agujero que notas con la lengua.
  • Sensibilidad al frío o al dulce que dura unos segundos.
  • Comida que se queda siempre encajada en el mismo punto.

Si llevas tiempo sin venir por miedo, dilo al pedir la cita. Cambia cómo se planifica el día, y eso se nota.

Preguntas frecuentes

¿Duele un empaste sin anestesia?
Depende de lo profunda que sea la caries, y de nada más. Si solo afecta al esmalte no vas a notar dolor, porque el esmalte no tiene terminaciones nerviosas: sentirás vibración, agua fría y poco más. Si la caries ha llegado a la dentina profunda, la fresa trabaja a pocos milímetros del nervio y ahí sí se nota. Eso se ve en la radiografía antes de empezar, así que puedes preguntarlo y decidir con el dato delante.
¿Puedo pedir que me lo hagan sin anestesia?
Sí, y es una petición razonable en caries pequeñas. Lo que hacemos a menudo es empezar sin anestesia con el acuerdo de parar en cuanto notes algo. Lo que no te recomiendo es decidirlo de antemano cuando la caries es profunda, porque entonces la cita se alarga, se hace incómoda y muchas veces hay que anestesiar igual a la mitad.
¿Existe alguna forma de empastar sin pinchazo?
Sí, se llama tratamiento restaurador atraumático y quita la caries con instrumentos de mano, sin turbina y normalmente sin anestesia. Se usa mucho en salud pública y funciona. Su pega está medida en una revisión Cochrane: esas restauraciones fallan más que las convencionales entre el primer y el segundo año. Sirve para situaciones concretas, no para sustituir al empaste de siempre.
¿Por qué duele más el pinchazo en unos sitios que en otros?
Porque la encía no es igual de blanda en toda la boca. En el paladar el tejido es fino y está pegado al hueso, así que el líquido entra con más presión y se nota más. En el lado de la mejilla hay más tejido y apenas se percibe. Por eso se aplica gel anestésico antes y se infiltra despacio.
¿Y si la anestesia no me hace efecto?
Pasa, sobre todo en muelas de abajo muy inflamadas, y tiene solución. Se espera unos minutos más, se pone una segunda dosis o se cambia la técnica a una infiltración más cercana al diente. Lo que no hay que hacer es continuar notando dolor: dilo en el momento.
¿Aguantar el dolor tiene alguna consecuencia?
Sí, y no es solo el mal rato. En un estudio con más de trece mil jóvenes, quienes declaraban miedo alto al dentista tenían bastantes más dientes con caries sin tratar que quienes no lo tenían. El mecanismo es sencillo: una mala experiencia hace que espacies las revisiones, y cuanto más tarde llega la caries, más grande es lo que hay que hacer.

Fuentes

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