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Limpiador lingual: para qué sirve y cómo se usa sin dar arcadas

El 85 % del mal aliento se origina dentro de la boca, y la mitad de esos casos en el dorso de la lengua. Qué limpiador elegir, cómo usarlo y qué no arregla.

Un limpiador lingual apoyado en el vaso del cepillo, en la repisa del baño

Escrito por Equipo médico de Cleardent Contenido bajo la dirección médica del Dr. Ismael Cerezo, Director Médico de Cleardent · Nº colegiado 23001944

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Qué conviene tener claro

  • El 85 % del mal aliento se origina dentro de la boca, y alrededor de la mitad de esos casos en el dorso de la lengua.
  • El cepillo empuja la capa hacia los lados; un borde plano la arrastra y la retira.
  • Lo que retira la capa es el arrastre, no la fuerza. Si al terminar escuece, has apretado de más.
  • Una vez al día basta, por la mañana, y después del cepillado.
  • Si a las dos semanas no notas cambio, el problema no está en la lengua.
Una lengua vista desde arriba con el limpiador apoyado en su tercio de atrás
Se empieza atrás, que es donde está la capa, y se arrastra hacia delante

Te voy con el dato que lo explica todo. Alrededor del 85 % del mal aliento se origina dentro de la boca, no en el estómago. Y de esos casos, aproximadamente la mitad vienen del dorso de la lengua.

Y ahí está el problema. Puedes cepillarte tres veces al día y usar colutorio, que si no limpias la lengua no estás tocando el sitio donde está la causa.

¿Qué hay en la lengua exactamente?

Mira tu lengua en el espejo. Verás que la parte de atrás tiene una capa blanquecina o amarillenta.

Eso es la capa lingual, formada por células muertas, restos de comida y bacterias, todo retenido entre las papilas. La superficie de la lengua es rugosa, y en esas rugosidades cabe una cantidad enorme de bacterias.

Esas bacterias descomponen proteínas y sueltan unos gases con azufre. Son los que huelen. Se llaman compuestos volátiles de azufre, y son exactamente lo que notas cuando alguien tiene mal aliento.

¿Y no vale con el cepillo de dientes?

No, y por dos motivos.

El primero es la forma. Un cepillo tiene filamentos que empujan la capa hacia los lados, pero no la arrastran. Un limpiador lingual tiene un borde plano que raspa y retira de verdad.

El segundo son las arcadas. Para llegar al fondo de la lengua con un cepillo hay que meterlo mucho, y ahí es donde casi todo el mundo se rinde. Con un raspador llegas más atrás y con menos molestia.

El ensayo cruzado que los comparó con un medidor de sulfuros lo cuantificó: 75 % de reducción con el raspador frente al 45 % con el cepillo. Eran diez personas, así que te orienta y no te zanja la duda, y conviene que sepas que la revisión Cochrane sobre raspado lingual califica la evidencia global de débil.

¿Cuál compro?

Hay tres tipos y cualquiera de ellos sirve.

  • De plástico, que son los más baratos y los más comunes. Van bien y se cambian cada tres meses, como el cepillo.
  • De metal, normalmente de cobre o de acero. Duran años, se esterilizan y raspan algo mejor. Salen más a cuenta a la larga.
  • De silicona, más suaves, y son la opción si tienes mucho reflejo de arcada.

Lo que no compres es uno con cerdas, que es un cepillo disfrazado. Y tampoco hace falta que sea de marca: lo que importa es el borde, no la etiqueta.

¿Cómo se usa?

Es fácil, pero hay un detalle que cambia mucho la experiencia.

Saca la lengua todo lo que puedas. Coloca el limpiador lo más atrás que aguantes sin arcada. Y arrastra hacia delante con presión suave, sin apretar.

Enjuaga el limpiador con agua después de cada pasada. Repite entre tres y cinco veces, cubriendo el centro y los dos lados.

El truco para las arcadas: espira mientras lo haces, no inspires. Y empieza por la mitad de la lengua durante unos días. La tolerancia mejora sola en una semana, y no hace falta forzarla antes.

¿Cuándo y cuántas veces?

Una vez al día basta, y el mejor momento es por la mañana. Es cuando la capa está más gruesa, porque de noche fabricas menos saliva.

Si tienes mucha capa, puedes hacerlo también por la noche. Más de dos veces al día no aporta nada.

Y va después del cepillado, no antes. Así arrastras también lo que el cepillo haya soltado.

¿Puede hacer daño?

Solo si aprietas, y aquí sí conviene que tengas cuidado.

Raspar con fuerza irrita las papilas, y hay quien acaba con la lengua dolorida o con las papilas inflamadas. La presión tiene que ser suave: lo que retira la capa es el arrastre, no la fuerza.

Si al terminar la lengua te escuece o la ves roja, has apretado de más.

Y una señal para estar atenta: si la capa es muy espesa, no se retira, o va acompañada de manchas rojas o blancas que no se van, eso ya no es capa lingual normal. Conviene mirarlo.

¿Y si limpio la lengua y sigo con mal aliento?

Entonces el origen está en otro sitio, y conviene que lo sepas antes de seguir insistiendo.

Lo más frecuente después de la lengua es lo siguiente.

  • Las encías, porque una periodontitis huele y ahí el raspador no hace nada.
  • Las caries grandes y las coronas mal ajustadas, donde se retienen restos.
  • La boca seca, que es muy común y suele venir de los medicamentos.

Los tonsilolitos son otra causa típica, y esos están en las amígdalas.

Y si nada de eso aparece, hay que mirar fuera de la boca: reflujo, sinusitis o problemas digestivos. Lo tenemos ordenado en el mal aliento que no se va cepillándose.

Lo que te llevas de aquí

Que la lengua es el primer sitio donde mirar y el más fácil de resolver.

Que un limpiador cuesta poco, se usa en veinte segundos y hace más por tu aliento que cualquier colutorio.

Y que si lo haces a diario durante dos semanas y no notas cambio, el problema no está en la lengua. Ahí es cuando toca venir a que lo miremos.

Preguntas frecuentes

¿De dónde sale el mal aliento?
Casi siempre de la boca. Los trabajos que lo han medido sitúan en torno al 85 % los casos que se originan dentro de ella, y aproximadamente la mitad de esos corresponden a los restos del dorso de la lengua. Ahí se acumulan células muertas, restos de comida y bacterias que descomponen proteínas y sueltan compuestos volátiles de azufre, que son los que huelen.
¿No vale con el cepillo de dientes?
Vale menos, y por dos motivos. La forma: los filamentos empujan la capa hacia los lados pero no la arrastran, mientras que un borde plano raspa y la retira. Y las arcadas: con un cepillo hay que meterlo mucho para llegar al fondo, y ahí es donde casi todo el mundo se rinde. El ensayo que comparó los dos midió una reducción de compuestos de azufre del 75 % con raspador frente al 45 % con cepillo.
¿Cuál compro?
Cualquiera de los tres tipos sirve. De plástico, los más baratos, que se cambian cada tres meses como el cepillo. De metal, de cobre o acero, que duran años y salen más a cuenta. Y de silicona, más suaves, que son la opción si tienes mucho reflejo de arcada. Lo que no compres es uno con cerdas: es un cepillo disfrazado.
¿Cómo lo uso sin que me den arcadas?
Saca la lengua todo lo que puedas, coloca el limpiador lo más atrás que aguantes y arrastra hacia delante con presión suave. El truco es espirar mientras lo haces, nunca inspirar. Y empieza por la mitad de la lengua unos días: la tolerancia mejora sola en una semana y no hace falta forzarla antes.
¿Puede hacer daño?
Solo si aprietas. Raspar con fuerza irrita las papilas y hay quien acaba con la lengua dolorida. Lo que retira la capa es el arrastre, no la fuerza: si al terminar te escuece o la ves roja, has apretado de más. Y si la capa es muy espesa, no se retira, o va con manchas rojas o blancas que no se van, eso ya no es capa lingual normal y conviene mirarlo.
Limpio la lengua y sigo con mal aliento, ¿qué pasa?
Que el origen está en otro sitio. Lo más frecuente después de la lengua son las encías, porque una periodontitis huele y ahí el raspador no hace nada; las caries grandes y las coronas mal ajustadas, donde se retienen restos; y la boca seca, muy común y a menudo por medicación. Los tonsilolitos son otra causa típica. Y si nada de eso aparece, hay que mirar fuera de la boca.

Fuentes

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