
Desde la medicina integrativa, cada diente forma parte de un sistema interconectado: una infección dental crónica puede afectar órganos distantes, y una disfunción en un órgano puede reflejarse en un diente concreto.

¿Por qué se tuercen los dientes en la edad adulta? Conoce sus causas (bruxismo, pérdidas dentales…), sus consecuencias y las soluciones para alinear tu sonrisa.

A menudo recibo pacientes preocupados porque sus dientes, que antes estaban rectos, ahora lucen torcidos o apiñados. ¿Por qué se tuercen los dientes en la edad adulta? Te entiendo perfectamente: ver cómo cambia tu sonrisa con los años puede generar inquietud. En esta introducción quiero acompañarte con empatía y claridad. No estás solo en esto, muchos adultos notan movimientos dentales con el paso del tiempo.
Tus dientes pueden moverse o torcerse en la adultez por diversas razones. A veces es la prolongación de un problema no corregido en la juventud, y otras surge por cambios propios de la edad o hábitos de la vida adulta. Te detallo las causas más habituales:
Si has perdido una pieza dental y no la has reemplazado a tiempo, los dientes adyacentes empiezan a desplazarse hacia el espacio vacío. Esto ocurre porque los dientes vecinos «buscan» contacto y tienden a inclinarse o moverse para llenar el hueco. Como resultado, la mordida pierde su equilibrio natural y la alineación se altera. Por ejemplo, la ausencia de un molar puede hacer que los dientes de al lado se tuerzan o que el de la arcada opuesta erupcione de más. Esta es una causa frecuente de dientes torcidos en adultos que a veces pasamos por alto hasta que notamos el cambio.
Con los años, nuestro cuerpo cambia y la boca no es la excepción. Existe un fenómeno llamado apiñamiento terciario que suele ocurrir en la edad adulta, donde especialmente los dientes frontales inferiores comienzan a apretarse más de lo que estaban. ¿Por qué sucede esto? Estudios indican que con el uso y el paso del tiempo, los maxilares pueden reducir ligeramente su tamaño, haciendo que los dientes se apiñen para adaptarse al espacio más reducido. Es decir, el hueso de soporte cambia y los dientes se reacomodan micra a micra. De hecho, los propios dentistas sabemos que los dientes se mueven a lo largo de la vida de forma natural, aunque no lo notes en el día a día. Las fuerzas masticatorias cotidianas y los pequeños cambios óseos acumulados pueden provocar desplazamientos graduales.
¿Qué hay de las muelas del juicio? Durante mucho tiempo se les culpó de que los dientes se apiñaran, pues al erupcionar (entre los 17 y 25 años) empujan al resto. Hoy sabemos que no son las únicas responsables. Es cierto que si las muelas del juicio no tienen espacio, ejercerán presión y pueden descolocar piezas adyacentes. Pero incluso personas sin cordales pueden sufrir apiñamiento en la adultez. En resumen, el envejecimiento óseo y los cambios en la mandíbula desempeñan un papel importante en que tus dientes ya no “queden en su sitio” como antes.
Las enfermedades periodontales, como la periodontitis avanzada, son otra causa significativa de dientes que cambian de posición en adultos. Cuando hay periodontitis, se pierde el soporte óseo y gingival alrededor de los dientes. Al perderse ese anclaje natural, los dientes pueden aflojarse y moverse o inclinarse de su posición original. En casos severos, la movilidad dental es un síntoma claro: puedes notar que un diente “baila” ligeramente al tocarlo. La pérdida de hueso por enfermedad de las encías desequilibra por completo la alineación. Si no se trata a tiempo, incluso puede llevar a la pérdida del diente. Por eso siempre insisto en la importancia de unas encías sanas: no solo es cuestión de evitar sangrados, sino de mantener tus dientes firmemente sujetos en su lugar.
¿Rechinas o aprietas los dientes (bruxismo)? Este hábito involuntario puede ejercer una presión enorme sobre las piezas dentales, llegando a desgastarlas y desplazarlas con el tiempo. He visto pacientes con bruxismo severo que presentan dientes más cortos, fisuras en el esmalte e incluso ligeros movimientos dentales debido a la fuerza constante que aplican al apretar. El bruxismo por sí solo no siempre tuerce los dientes, pero sin duda puede acelerar un desplazamiento que de otro modo sería más lento. Además del bruxismo, otros hábitos pueden afectar la posición de los dientes a largo plazo: morderse las uñas, masticar bolígrafos, usar mondadientes de forma agresiva o empujar continuamente los dientes con la lengua (a esto lo llamamos deglución atípica o tongue thrust). Estos hábitos generan pequeñas presiones repetitivas. A lo largo de años, esas presiones constantes pueden llevar a que un diente se gire o se desplace de su sitio. Quizá de niño chuparte el dedo no te provocó grandes estragos, pero en la adultez morderte las uñas todos los días sí puede causar estragos en la alineación.
Muchos adultos que tuvieron brackets en la adolescencia se sorprenden al ver que, años después, sus dientes se torcieron de nuevo. ¿Te suena familiar? La causa suele ser no haber usado la retención post-ortodoncia el tiempo indicado. Tras quitar los brackets o alineadores, los dientes tienen “memoria” y tienden a regresar a su antigua posición. La fase de retención es fundamental: implica llevar retenedores (placas transparentes nocturnas o un alambre fijo discreto detrás de los dientes) para mantener la nueva alineación. Si se omite este paso o se usa el retenedor solo unos meses y luego se abandona, con los años es muy posible que los dientes vuelvan a moverse. En mi experiencia, he atendido pacientes frustrados porque “la ortodoncia no sirvió”, cuando en realidad el problema fue la falta de retención continua. Incluso una ortodoncia bien hecha puede «fracasar» a largo plazo sin ese mantenimiento. Por eso siempre recalco: el tratamiento no termina al quitar los aparatos, termina cuando logramos que los dientes se estabilicen en su nueva posición de por vida.
No puedo dejar de mencionar la influencia de la genética y de la historia dental personal. Hay personas con predisposición genética a tener apiñamiento; por ejemplo, mandíbulas pequeñas con dientes relativamente grandes (lo que llamamos discrepancia de tamaño). Si en tu familia muchos tienen los dientes amontonados, es posible que hayas heredado esa característica. Además, ciertos hábitos de la infancia (chuparse el dedo, uso prolongado del chupete o biberón, respiración bucal) pudieron alterar la forma de tu paladar y mandíbula cuando eras niño. Quizá en la adolescencia tus dientes ya tenían alguna malposición leve que no se corrigió. ¿Qué ocurre? Que esos problemas tienden a empeorar con la edad si no los tratamos. Es decir, un leve diente girado a los 15 años puede volverse un incisivo montado sobre otro a los 40. La genética y los factores de desarrollo marcan la base; luego, el tiempo y las causas anteriores (pérdida de dientes, hueso, hábitos) hacen el resto.
Es normal preguntarse si los dientes se están moviendo o si es idea nuestra. Estas son algunas señales claras de movimiento dental en adultos:
Puede que pienses: “Bueno, es solo estética, puedo vivir con unos dientes chuecos”. Pero ojo, unos dientes desalineados pueden traer varias consecuencias negativas más allá de la apariencia:
Como ves, no es solo una cuestión estética. La alineación dental deficiente puede afectar tu salud bucal integralmente: más caries, más sarro, desgaste, dolores y menos calidad de vida. Por eso siempre aconsejo corregir estos problemas, nunca es “tarde” para buscar una solución.
La buena noticia es que actualmente contamos con múltiples tratamientos para alinear dientes en la edad adulta. Atrás quedó la idea de que “de adulto ya no se pueden mover los dientes” —¡claro que se puede!— y además de forma discreta y cómoda. Te presento las opciones más habituales:
Ortodoncia con alineadores transparentes (Invisalign/SureSmile): Es el tratamiento estrella hoy en día para adultos. Consiste en unas férulas de plástico transparente hechas a medida, que se colocan sobre los dientes y los van moviendo gradualmente. Cada dos semanas aproximadamente se cambia al siguiente alineador, y poco a poco los dientes se van enderezando. La gran ventaja es que son prácticamente invisibles cuando los llevas puestos, nadie nota que estás en ortodoncia. Además, son removibles, así que puedes quitártelos para comer y para cepillarte, sin las limitaciones de los brackets. En cuanto a comodidad, los alineadores suelen ser más suaves: no hay alambres que lastimen, y las visitas al dentista suelen ser más espaciadas. En mi experiencia, los pacientes adultos los llevan muy bien porque les permite continuar con su vida social y laboral sin complejos. Eso sí, requieren ser muy responsable en usarlos 22 horas al día y seguir las instrucciones al pie de la letra.
Brackets estéticos (cerámicos o de zafiro): Son similares a los brackets metálicos tradicionales pero hechos de materiales del color del diente (cerámica, porcelana, zafiro monocristalino). Al mimetizarse con la dentadura, son mucho menos notorios que los metálicos. Son una excelente opción si necesitas la eficacia de un bracket fijo pero te preocupa la estética. Yo suelo recomendarlos en casos donde se requiere mucho control en el movimiento (por ejemplo, giros muy severos, extrusiones, etc.) y el paciente prefiere algo discreto pero no le convence Invisalign. Estos brackets claros cumplen la misma función que los metálicos, solo que son más discretos. El contra podría ser que son un poco más frágiles que el metal y algo más costosos, pero para muchos merece la pena por la estética.
Brackets linguales (ortodoncia invisible interna): ¿Sabías que también se pueden poner brackets por la cara interna de los dientes? A esto llamamos ortodoncia lingual. Se cementan los aparatos en la superficie interna, la que da hacia la lengua, quedando totalmente ocultos al sonreír. Es una técnica muy demandada por adultos que por razones profesionales o personales no quieren que nadie note su tratamiento. La ortodoncia lingual puede ser tan efectiva como la convencional, aunque requiere un especialista con experiencia y el periodo de adaptación puede ser un poquito mayor (la lengua roza con los brackets al inicio). Aun así, los resultados son igual de buenos y literalmente nadie verá que llevas ortodoncia. Es ideal para quienes buscan máxima discreción.
Brackets metálicos tradicionales: Son los de toda la vida, fabricados en acero. Hoy día, aunque no son estéticos, siguen siendo los más accesibles económicamente y muy eficaces para cualquier maloclusión, por compleja que sea. Muchos adultos aún optan por brackets metálicos, especialmente si no les molesta el aspecto temporal o si valoran más corregir su sonrisa al menor costo posible. Técnicamente, a veces brindan un control un poquito mayor en ciertos movimientos difíciles. La desventaja es estética, claro está, pero ten en cuenta que actualmente los alambres son más finos y también existen ligaduras estéticas para minimizar su visibilidad. En casos severos, son una opción confiable.
Retenedores y pequeñas correcciones: Si tu desplazamiento dental es muy leve o recién comienza, es posible que un retenedor sea suficiente. Por ejemplo, algunas personas utilizan alineadores removibles tipo Essix a modo de contención activa y estos, además de mantener, pueden corregir milimétricamente algún diente si se toman a tiempo. Esto debe evaluarlo el ortodoncista: a veces se fabrica un retenedor transparente que haga un ajuste ligero en la posición. No es lo común para maloclusiones grandes, pero sí puede funcionar en mínimos movimientos recientes. En cualquier caso, tras cualquier tratamiento de ortodoncia, usarás retenedores. Recuerda: el retenedor es lo único que asegura que los dientes no vuelvan a torcerse. Puede ser un alambre fijo discreto detrás de los dientes frontales, o placas removibles nocturnas, o combinado. Su uso suele ser de por vida (al menos por las noches), porque nuestros dientes siempre tendrán ese “recuerdo” de su vieja posición y querrán moverse. No hay que asustarse por esto: usar un retenedor es cómodo y uno se acostumbra, pero es indispensable para proteger la inversión de tu sonrisa alineada.
Soluciones protésicas y combinadas: A veces, alinear los dientes no es solo cuestión de moverlos, sino de reponer o reconstruir piezas. Por ejemplo, si te falta un diente y los de al lado se torcieron, posiblemente haya que hacer ortodoncia y luego colocar un implante dental para devolver el diente ausente. O si algún diente está muy desgastado o fracturado, tras alinearlo podemos necesitar una reconstrucción o incluso una carilla/ corona para devolverle su forma adecuada. En casos de enfermedad periodontal activa, primero se realiza un tratamiento periodontal (limpieza profunda, raspados) para mejorar la salud de encías antes de mover nada. También existe la opción de las carillas estéticas en casos puntuales: las carillas de porcelana no mueven el diente, pero pueden disimular ligeramente una rotación o mejorar la apariencia de un diente levemente desalineado. Sin embargo, yo solo las recomiendo como última alternativa cosmética cuando la desviación es mínima o el paciente no puede someterse a ortodoncia; siempre es preferible alinear de verdad los dientes que “maquillarlos” si hablamos de salud a largo plazo.
Hay tratamientos para todos los casos y edades. Un buen plan puede involucrar solo ortodoncia, o una combinación de ortodoncia y otras especialidades (periodoncia, prótesis, estética) según tus necesidades. Lo importante es que, como profesional, diseñaremos una solución a tu medida, teniendo en cuenta tu condición bucal, tu estilo de vida y tus objetivos.
Después de corregir o prevenir, ¿qué podemos hacer día a día para mantener tu sonrisa alineada y saludable? Aquí van mis recomendaciones, como dentista y aliada en tu salud bucal:
En definitiva, la prevención y el mantenimiento son clave. Gran parte de mantener tu sonrisa recta está en tus hábitos diarios y en el seguimiento profesional. Yo estaré encantada de guiarte en ese camino para que tus dientes se mantengan sanos, fuertes ¡y derechos!
Un ligero movimiento dental a lo largo de los años es normal; nuestros dientes nunca están absolutamente fijos. Con la edad puede haber microdesplazamientos por el desgaste y cambios en el hueso. Sin embargo, si notas que se te están torciendo visiblemente, ya no sería el “desgaste normal”, sino indicio de alguna causa específica (pérdida dental, encías, etc.) que conviene abordar. En resumen: pequeños cambios son naturales, pero dientes claramente chuecos en la adultez indican un problema que podemos y debemos tratar.
Las muelas del juicio pueden contribuir, pero no son las únicas culpables. Si no hay espacio suficiente en la mandíbula, al salir las cordales ejercen presión y pueden apiñar los dientes frontales. Esto suele ocurrir a finales de la adolescencia o inicio de la adultez. No obstante, muchos adultos experimentan apiñamiento aun sin tener muelas del juicio (por los cambios óseos y otros factores). Mi recomendación: si tus cordales vienen mal posicionadas, extráelas preventivamente. Y si ya pasó la edad y no causaron lío, probablemente no lo harán. Cada caso es distinto, por eso evaluamos con radiografías tu situación particular.
El bruxismo (rechinar o apretar) por sí mismo suele causar más desgaste que movimiento, pero indirectamente sí puede influir. La presión excesiva puede aflojar un poco el ligamento que sostiene al diente en el hueso, generando micro-movimientos. Además, al desgastar dientes, cambia la mordida y los demás pueden desplazarse buscando contacto. Muchos pacientes bruxistas presentan cierta movilidad dental que se estabiliza al usar una férula de descarga y tratar la enfermedad periodontal si la hay. En resumen, el bruxismo no “entorta” los dientes tan rápidamente como otros factores, pero definitivamente es otro granito más que suma inestabilidad a tu dentadura. Siempre es bueno tratarlo.
¡Hasta la edad que quieras, siempre que tengas salud bucal! No existe un límite fijo. He colocado ortodoncia a pacientes de 70 años con éxito. Lo importante es que no haya una contraindicación médica seria. Tus encías deben estar sanas o tratadas (podemos hacer ortodoncia incluso en pacientes periodontalmente controlados), y adaptamos el plan a tu situación. Quizá en un adulto mayor los movimientos se hacen más lentos y suaves, pero se logran. Así que nunca es tarde para mejorar la sonrisa. La edad madura hoy día no es impedimento: con técnicas modernas, cualquier adulto motivado puede beneficiarse de un tratamiento ortodóntico.
En muchos casos, los dientes se moverán de nuevo. Tras retirar los brackets, los dientes necesitan tiempo (y ayuda) para estabilizarse en su nueva posición. Si no usas retenedor, es altamente probable que con los meses y años vayan en parte hacia donde estaban antes. La recidiva puede ser leve en algunos o muy evidente en otros; cada boca tiene “memoria” diferente. Pero por prudencia, siempre asume que sin retenedor tus resultados peligran. Si ya es tarde y notas que se descolocaron tras no usarlo, acude a una valoración: tal vez se puedan corregir esos pequeños movimientos con alineadores en poco tiempo. Y esta vez, usarás tu retenedor juiciosamente para que sea la definitiva.



Desde la medicina integrativa, cada diente forma parte de un sistema interconectado: una infección dental crónica puede afectar órganos distantes, y una disfunción en un órgano puede reflejarse en un diente concreto.


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