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Un agujero en la encía que echa pus: qué es una fístula y qué significa

El orificio en la encía por el que sale pus se llama fístula. Por qué deja de doler al aparecer, de dónde viene la infección y por qué no se cierra sola.

Una sonda fina metida por el orificio de la encía, siguiendo el trayecto hasta la raíz

Escrito por Equipo médico de Cleardent Contenido bajo la dirección médica del Dr. Ismael Cerezo, Director Médico de Cleardent · Nº colegiado 23001944

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Qué conviene tener claro

  • El orificio es una vía de drenaje, no una herida. Por eso deja de doler y por eso no se resuelve solo.
  • Hay dos orígenes posibles, dental y periodontal, y a veces los dos a la vez.
  • Distinguirlos es lo primero, porque el tratamiento de uno no sirve para el otro.
  • Hay una tercera cosa que descartar: una fractura o una perforación de la raíz, que es lo que peor pronóstico tiene.
  • La fístula no siempre sale junto al diente que la causa, y por eso se traza antes de tratar.

¿Le ha aparecido un pequeño agujero en la encía por el que sale pus y ha notado que el dolor ha desaparecido? Esa combinación es muy característica, y conviene que usted sepa lo que significa antes de tranquilizarse por ella.

Ese orificio se llama fístula y no es una herida: es un conducto que el propio organismo ha abierto para dar salida a la presión de una infección que está debajo. Por eso el dolor cede cuando aparece, y por eso su desaparición no quiere decir que el problema se haya resuelto.

¿De dónde viene esa infección?

Hay dos orígenes posibles y distinguirlos es lo primero que hacemos.

El más frecuente es dental. Un diente cuyo nervio ha muerto, casi siempre por una caries profunda o por un golpe antiguo, mantiene bacterias en el interior de su conducto que salen por la punta de la raíz hacia el hueso. Ahí se forma la lesión y de ahí sale la fístula.

El segundo es periodontal. Cuando existe una bolsa profunda alrededor del diente y se acumula infección en ella, el drenaje se produce a través de la propia bolsa o abre su salida un poco más abajo.

En algunos casos coinciden los dos, y entonces hablamos de una lesión endoperiodontal, que necesita tratar las dos cosas.

Conviene añadir una tercera posibilidad que cambia el pronóstico más que ninguna. El consenso internacional que clasificó estas lesiones concluyó que deben agruparse por lo que de verdad decide su tratamiento y su pronóstico: si hay o no una fractura o una perforación de la raíz, y si hay o no periodontitis. Las lesiones con daño en la raíz son las de peor pronóstico, y en pacientes con periodontitis el pronóstico empeora también.

Cómo distinguimos el origen

Dos cortes iguales de diente y encía: en uno el daño baja desde el borde de la encía y en el otro está en la punta de la raíz
El agujero dice por dónde sale, no de dónde viene. Eso hay que trazarlo

Con tres comprobaciones sencillas y ninguna molesta.

Medimos la profundidad alrededor de cada diente con una sonda, porque una bolsa profunda orienta al origen periodontal. Hacemos una prueba de vitalidad para saber si el nervio de ese diente sigue vivo. Y tomamos una radiografía, a veces introduciendo una punta de gutapercha en la fístula para que la imagen muestre hacia dónde conduce.

Esa última maniobra puede parecer llamativa y no duele en absoluto. Es lo que nos permite decirle con seguridad cuál es el diente responsable, porque la fístula no siempre sale junto al diente que la causa.

¿Se cierra sola?

No, y este es el punto más importante de todo el artículo. Una fístula se cierra cuando se elimina la causa, y solo entonces.

Mientras tanto puede cerrarse y volver a abrirse durante meses, en ciclos que hacen pensar que la cosa va y viene. En realidad la lesión del hueso continúa creciendo en silencio, y cuanto mayor sea cuando se trate, más larga será la recuperación.

El antibiótico tampoco la resuelve. Reduce la inflamación unos días y el orificio se cierra, pero vuelve a abrirse en cuanto se termina la pauta, porque no alcanza el interior del conducto. La revisión de la Asociación Dental Americana que estudió el antibiótico en estos cuadros encontró beneficio y daño a la vez, con certeza baja en ambos.

¿Cómo se cura?

Depende del origen que hayamos identificado.

Si es dental, el tratamiento es la endodoncia: se limpia el interior del conducto, se sella y la fístula se cierra en los días o semanas siguientes. Si el diente ya estaba endodonciado y la lesión persiste, se valora repetir el tratamiento o realizar una apicectomía.

Si es periodontal, se realiza un raspado y alisado de esa bolsa, y después se mantiene con revisiones periódicas. Cuando el soporte de hueso se ha perdido en gran medida, la extracción entra dentro de las opciones que le plantearemos a usted.

¿Cuándo hay que acudir sin esperar?

Con una fístula establecida no suele haber urgencia de horas, pero sí de días. Lo que sí le obliga a acudir de inmediato es la hinchazón de la cara, la fiebre o la dificultad para tragar y para abrir la boca, porque eso indica que la infección ha dejado de drenar y está extendiéndose.

No es urgente, pero no conviene dejarlo pasar: en la primera visita se localiza el diente responsable y se decide el tratamiento en esa misma cita. Qué gravedad tiene una fístula ya establecida y qué lesión hay detrás lo explicamos en una fístula dental.

Preguntas frecuentes

¿Qué es ese agujero en la encía por el que sale pus?
Se llama fístula y no es una herida: es un conducto que el propio organismo ha abierto para dar salida a la presión de una infección que está debajo. Por eso el dolor cede cuando aparece, y por eso su desaparición no significa que el problema se haya resuelto.
¿De dónde viene la infección?
De dos sitios posibles. El más frecuente es dental: un diente cuyo nervio ha muerto mantiene bacterias en su conducto que salen por la punta de la raíz hacia el hueso. El segundo es periodontal: una bolsa profunda alrededor del diente donde se acumula la infección. A veces coinciden los dos, y entonces se llama lesión endoperiodontal.
¿Cómo se sabe cuál de los dos es?
Con tres comprobaciones y ninguna molesta. Se mide la profundidad alrededor del diente con una sonda, porque una bolsa profunda orienta al origen periodontal. Se hace una prueba de vitalidad para saber si el nervio sigue vivo. Y se toma una radiografía, a veces introduciendo una punta de gutapercha en la fístula para ver hacia dónde conduce, porque no siempre sale junto al diente que la causa.
¿Por qué importa tanto distinguirlo?
Porque el tratamiento de un origen no sirve para el otro, y porque el pronóstico cambia. El consenso internacional que clasificó estas lesiones concluye que deben agruparse justamente por lo que decide su pronóstico: si hay o no fractura o perforación de la raíz, y si hay o no periodontitis. Las que tienen daño en la raíz son las de peor pronóstico, y el pronóstico empeora también en pacientes con periodontitis.
¿Se cierra sola?
No. Se cierra cuando se elimina la causa y solo entonces. Mientras tanto puede cerrarse y reabrirse durante meses, en ciclos que hacen pensar que la cosa va y viene, mientras la lesión del hueso sigue creciendo en silencio.
¿Y con antibiótico?
Tampoco. Reduce la inflamación unos días y el orificio se cierra, pero vuelve a abrirse al terminar la pauta porque no alcanza el interior del conducto. La revisión de la Asociación Dental Americana sobre el antibiótico en estos cuadros encontró beneficio y daño a la vez, con certeza baja, y sitúa el tratamiento en quitar el foco.

Fuentes

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