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Periodontitis o piorrea: qué es, cómo se trata y si se salva el diente

La periodontitis, la antigua piorrea, destruye sin doler el hueso que sujeta los dientes. Cómo se reconoce, cómo se trata y cuándo se salva el diente.

Un corte de un diente con su raíz: a un lado el hueso llega alto y al otro ha bajado y deja raíz al descubierto con sarro

Escrito por Equipo médico de Cleardent Contenido bajo la dirección médica del Dr. Ismael Cerezo, Director Médico de Cleardent · Nº colegiado 23001944

Publicado

Qué conviene tener claro

  • Periodontitis y piorrea son lo mismo: una inflamación de la encía que ha llegado al hueso que sujeta el diente.
  • No duele hasta muy tarde. El aviso más temprano es que las encías sangran al cepillarse.
  • No se cura, se controla: el hueso perdido no vuelve, pero la enfermedad se puede detener.
  • El tratamiento va por pasos: higiene y factores de riesgo, curetaje y, si quedan bolsas, cirugía.
  • Lo que más decide si se conservan los dientes a largo plazo es el mantenimiento posterior.

¿Le han dicho que tiene periodontitis, o piorrea, y no sabe qué significa? Es una inflamación de la encía que ha llegado al hueso que sujeta los dientes y lo va destruyendo, casi siempre sin doler. No se cura del todo, pero se controla: con tratamiento y mantenimiento, lo habitual es conservar los dientes.

Piorrea es el nombre antiguo y popular, y periodontitis el clínico. Se refieren a la misma enfermedad, y la especialidad que la trata es la periodoncia.

¿Qué es exactamente la periodontitis?

Empieza siempre por la placa, la capa de bacterias que se forma en el borde de la encía. Si no se retira, la encía se inflama y sangra, y eso es la gingivitis, que tiene vuelta atrás.

Ahora bien, cuando esa inflamación se mantiene meses o años, puede bajar hacia el hueso. La encía se despega del diente y se forma un espacio, la bolsa periodontal, donde el cepillo ya no llega y el sarro sigue acumulándose. Ese es el paso de gingivitis a periodontitis, y el hueso que se pierde por el camino no vuelve solo.

No es una enfermedad rara, porque en la última encuesta de salud oral en España, el 82 % de los adultos de 35 a 44 años tenía encías que sangraban, sarro o bolsas en alguna zona de la boca.

¿Cómo se nota?

Un modelo de escayola de una arcada en el que un diente se ha separado de sus vecinos y tiene la encía más baja
La movilidad es lo último que aparece; antes, la encía ya se había retirado

Esa es la dificultad, que se nota poco y tarde, y que usted puede tenerla durante años sin sospecharlo. Las señales aparecen poco a poco y se suelen atribuir a otra cosa:

  • las encías le sangran al cepillarse o al pasar el hilo, aunque no le duelan;
  • tiene mal aliento aunque su higiene sea buena y se cepille a diario;
  • los dientes le parecen más largos porque la encía se ha ido retirando;
  • algún diente se separa de los demás o empieza a moverse al masticar.

La movilidad suele ser lo último. Si usted nota que un diente se mueve, la enfermedad lleva tiempo avanzando, y conviene no esperar más.

Los factores que la empeoran

La placa es la causa, pero no explica por qué dos personas con la misma higiene evolucionan distinto. Influyen la respuesta de cada uno a esas bacterias y algunos factores de riesgo bien estudiados.

El tabaco es el más importante que se puede cambiar, porque empeora la enfermedad y la respuesta al tratamiento, y encima disimula el sangrado, de modo que usted puede tener la encía enferma sin verla sangrar. La diabetes mal controlada es el otro gran factor, y la relación va en los dos sentidos. Por eso, en la primera visita le preguntaremos por los dos.

¿Cómo se diagnostica?

Se mide: con una sonda fina se comprueba la profundidad de la encía alrededor de cada diente: en una boca sana no pasa de tres milímetros, y por encima de eso hablamos de bolsa. Lo que significa cada medida, paso a paso, está en qué significa una bolsa de 7 mm.

La radiografía muestra, por su parte, cuánto hueso se ha perdido alrededor de cada diente. Con las dos cosas se clasifica la enfermedad por estadios, del I al IV según su gravedad, y se decide el tratamiento.

¿Cómo se trata?

Un cepillo interdental, una cureta y una sonda periodontal en fila sobre la mesa
Primero lo de casa, después la raíz y, siempre, volver a medir

La guía europea de práctica clínica lo ordena por pasos, y cada uno se apoya en el anterior.

El primero es controlar lo que la favorece: la higiene en casa, con cepillo interdental donde haga falta, y los factores de riesgo como el tabaco. El segundo es el curetaje, o raspado y alisado radicular, que limpia la raíz por debajo de la encía, por zonas y con anestesia. Sus dudas más frecuentes están en qué es realmente el curetaje.

Funciona: en la revisión que reunió los ensayos publicados, las bolsas se redujeron de media 1,4 milímetros y se cerraron alrededor del 74 % de ellas. Si después quedan bolsas profundas, el tercer paso es la cirugía de la encía. Y el cuarto, el mantenimiento, no termina nunca.

¿Se puede salvar el diente?

Muchas veces, sí, y depende sobre todo de cuánto hueso queda alrededor, de si el diente se mueve y de la forma del hueso perdido, porque algunos defectos admiten regeneración y otros no.

Lo que no conviene es dar un diente por perdido sin haberlo medido. Un diente con la encía tratada y bien mantenida puede seguir en su sitio muchos años, y se lo diremos con claridad en la primera visita.

El mantenimiento posterior

Las revisiones de mantenimiento, cada tres o cuatro meses al principio, son lo que más decide el resultado. En ellas se vuelve a medir la encía y se limpia lo que la higiene en casa no alcanza.

Sin ese mantenimiento, las bolsas vuelven a abrirse. Así que no es urgente, pero no conviene dejarlo pasar: si le sangran las encías o nota un diente que se mueve, en la primera visita se mide la encía y se decide qué hacer.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre gingivitis y periodontitis?
La gingivitis es la inflamación de la encía sola, y tiene vuelta atrás: con una limpieza y buena higiene la encía se recupera. La periodontitis es esa misma inflamación cuando ha alcanzado el hueso que sujeta el diente. El hueso que se pierde ya no vuelve solo, y por eso el objetivo pasa a ser detenerla.
¿La piorrea tiene cura?
Se controla, que no es lo mismo. Con el tratamiento la inflamación cede y las bolsas se reducen, y con el mantenimiento la enfermedad deja de avanzar. Lo que no se recupera es el hueso que ya se perdió, salvo en algunos defectos concretos que admiten regeneración.
¿Se contagia?
Las bacterias que intervienen se pueden transmitir con la saliva, pero eso no basta para desarrollarla. Lo que decide si aparece es la placa que se acumula, la respuesta de cada persona y factores como el tabaco o la diabetes.
¿Se me van a caer los dientes?
No necesariamente. Tratada a tiempo y con revisiones de mantenimiento, lo habitual es conservar los dientes durante muchos años. Lo que más dientes hace perder es dejar la enfermedad sin tratar, porque avanza sin doler hasta que el diente se mueve.
¿Cada cuánto hay que ir a las revisiones después?
Lo habitual es cada tres o cuatro meses al principio, y el intervalo se ajusta según cómo responda la encía. No es un extra del tratamiento: es la parte que sostiene el resultado.

Fuentes

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