Fibromialgia y boca: el dolor de mandíbula que no viene de un diente
La disfunción de la articulación y el bruxismo son más frecuentes con fibromialgia, y explican muchos dolores faciales sin causa dental. Qué cambia.
Escrito por Equipo médico de Cleardent Contenido bajo la dirección médica del Dr. Ismael Cerezo, Director Médico de Cleardent · Nº colegiado 23001944
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Qué conviene tener claro
- La musculatura de la mandíbula forma parte del cuadro, y por eso la disfunción temporomandibular es más frecuente.
- La revisión sobre comorbilidades sitúa las condiciones de dolor crónico, incluida la disfunción temporomandibular, entre el 39 % y el 76 %.
- Sin un hallazgo que lo explique, no se hace un tratamiento irreversible. Esa regla evita endodonciar y extraer dientes sanos.
- La sequedad suele venir de los fármacos, y sin saliva la caries avanza más rápido.
- Un tratamiento dental no mejora la fibromialgia. Lo que trata es el bruxismo, la sequedad y la articulación.
¿Tiene usted fibromialgia y un dolor de mandíbula al que nadie encuentra explicación dental? No es ninguna casualidad, y conviene conocer esa relación porque es lo que evita tratamientos innecesarios.
La fibromialgia cursa con dolor musculoesquelético generalizado y con una sensibilidad aumentada al dolor. La musculatura de la mandíbula forma parte de ese conjunto, y por eso la disfunción temporomandibular es notablemente más frecuente en estos pacientes.
No es una impresión de consulta. La revisión sistemática sobre comorbilidades en fibromialgia sitúa las condiciones de dolor crónico (la cefalea tensional, la migraña, el síndrome de intestino irritable y la disfunción temporomandibular) entre el 39 % y el 76 % de los pacientes.
¿Qué se observa con más frecuencia?
Hay cuatro hallazgos que se repiten en la consulta de estos pacientes.
El primero es el dolor de la articulación y de los músculos de la masticación. Aparece justo delante de la oreja, cuesta abrir la boca del todo y empeora por la mañana.
El segundo es el bruxismo, que aparece con más frecuencia y agrava directamente el anterior. El tercero es la sequedad de boca, muy habitual con los fármacos empleados en fibromialgia, sobre todo los antidepresivos y los relajantes musculares.
Y el cuarto es el ardor bucal sin lesión visible, que se describe con frecuencia y que comparte mecanismo con el resto: una percepción del dolor amplificada.
Por qué importa esta relación
Porque cuando un dolor facial se atribuye a un diente sin que haya hallazgos, se acaban tratando piezas sanas. Se hace una endodoncia, el dolor sigue igual, se extrae el diente y el dolor continúa donde estaba.
En un paciente con fibromialgia esa secuencia es más probable, precisamente porque el dolor es real e intenso aunque la exploración sea normal. La regla que lo evita es sencilla: sin un hallazgo que lo explique, no se hace un tratamiento irreversible.
¿Qué cambia en la consulta?
Cambian cuatro cosas, y ninguna de ellas resulta complicada de aplicar.
Las citas se planifican más cortas, porque mantener la boca abierta mucho rato resulta especialmente penoso con esta musculatura. Se ofrecen pausas durante el tratamiento y un apoyo para sostener la mandíbula.
La sequedad de boca se trata de forma activa, con geles humectantes y flúor de concentración elevada. Y las revisiones pasan a ser cada seis meses, porque sin saliva la caries avanza más rápido.
Si existe bruxismo, una férula de descarga protege los dientes y alivia la musculatura, y en general suele tolerarse bastante bien. Y el manejo del dolor orofacial se coordina con quien lleva la fibromialgia, porque forma parte del mismo cuadro y no de otro distinto.
Lo que no procede
No procede presentar un tratamiento dental como una mejora de la fibromialgia, porque esa relación no está establecida en la literatura. Lo que sí está indicado es tratar lo que hay: el bruxismo, la sequedad y la articulación.
Y no es urgente, pero no conviene dejarlo pasar. En la primera visita se explora la articulación, se mide la apertura y se marca la mordida. Con eso ya se sabe si hay algo dental que tratar o si el dolor pertenece a otro cuadro.
Preguntas frecuentes
- ¿Por qué me duele la mandíbula si el dentista no encuentra nada?
- Porque la musculatura de la mandíbula forma parte del dolor musculoesquelético generalizado y de la sensibilidad aumentada al dolor que caracterizan la fibromialgia. La revisión sistemática sobre comorbilidades sitúa las condiciones de dolor crónico —entre ellas la cefalea tensional, la migraña y la disfunción temporomandibular— entre el 39 % y el 76 % de los pacientes.
- ¿Qué se ve con más frecuencia?
- Cuatro cosas. Dolor de la articulación y de los músculos de la masticación, justo delante de la oreja, con dificultad para abrir del todo y peor por la mañana. Bruxismo, que agrava lo anterior. Sequedad de boca, muy habitual con los fármacos empleados, sobre todo antidepresivos y relajantes musculares. Y ardor bucal sin lesión visible, que comparte mecanismo con el resto.
- ¿Por qué importa saber esto?
- Porque cuando un dolor facial se atribuye a un diente sin hallazgos, se acaban tratando piezas sanas: se hace una endodoncia, el dolor sigue, se extrae el diente y el dolor continúa. La regla que lo evita es sencilla: sin un hallazgo que lo explique, no se hace un tratamiento irreversible.
- ¿Qué cambia en la consulta?
- Cuatro cosas, ninguna complicada. Citas más cortas, porque mantener la boca abierta mucho rato es especialmente penoso con esta musculatura, con pausas y un apoyo para sostener la mandíbula. La sequedad se trata de forma activa, con geles humectantes y flúor de concentración elevada. Las revisiones pasan a ser cada seis meses. Y si hay bruxismo, una férula de descarga.
- ¿Tratarme la boca mejorará la fibromialgia?
- No, y presentarlo así no sería honesto: esa relación no está establecida en la literatura. Lo que sí está indicado es tratar lo que hay, que es el bruxismo, la sequedad y la articulación.
- ¿Corre prisa?
- No es urgente y no conviene dejarlo pasar. En la primera visita se explora la articulación, se mide la apertura y se marca la mordida. Con eso ya se sabe si hay algo dental que tratar o si el dolor pertenece a otro cuadro, que es justamente lo que evita tratamientos innecesarios.
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