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Vapeo y tabaco: qué le hace cada uno a la boca

El tabaco tiene décadas de evidencia sobre la encía y el cáncer oral; el vapeo, menos años y efectos ya probados. Qué se sabe de cada uno y qué comparten.

Un cigarrillo apagado y un vapeador, juntos sobre la mesa

Escrito por Equipo médico de Cleardent Contenido bajo la dirección médica del Dr. Ismael Cerezo, Director Médico de Cleardent · Nº colegiado 23001944

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Qué conviene tener claro

  • El tabaco tiene décadas de evidencia sobre la boca; el vapeo lleva pocos años y no tiene el largo plazo.
  • Que se sepa menos no significa que sea inocuo. Son dos afirmaciones distintas.
  • La nicotina está en los dos, y con ella el efecto sobre los vasos y sobre la cicatrización.
  • En la microbiota oral se describen diferencias, pero con certeza muy baja y estudios transversales.
  • Para dejar de fumar sí hay evidencia de alta certeza: el cigarrillo electrónico supera a los parches y chicles.

¿Te has pasado al vape pensando que es menos malo para tu boca? La comparación admite dos respuestas, una honesta y otra cómoda, y conviene dar la primera. El tabaco tiene décadas de evidencia sobre lo que hace en la boca, mientras que el vapeo lleva pocos años y sus efectos a largo plazo no están establecidos.

Esa asimetría no significa que el vapeo sea inocuo. Significa que se sabe menos, y esa distinción es la que conviene sostener.

¿Qué te hace el tabaco en la boca?

Está bien documentado y se agrupa en cuatro efectos.

El primero es sobre la encía, y tiene doble filo: el tabaco es el factor de riesgo modificable más importante de la periodontitis, y a la vez la enmascara. La nicotina contrae los vasos, así que la encía de un fumador sangra menos aunque esté más enferma, y eso retrasa el diagnóstico.

El segundo es el cáncer oral, el de lengua, suelo de boca y labio. Ahí el tabaco es el principal factor de riesgo conocido, y su efecto se multiplica al combinarse con el alcohol.

El tercero es la cicatrización, y el tabaco es el factor que más se asocia al fracaso de un implante y a la alveolitis, el alvéolo seco, después de una extracción. Y el cuarto es la tinción del esmalte y el mal aliento, que es lo que más se nota y lo menos importante de los cuatro.

¿Y qué se sabe del vapeo?

Hay hallazgos documentados y hay una laguna, y conviene separarlos.

Documentado está que el aerosol te seca la boca, por sus dos componentes principales, el propilenglicol y la glicerina vegetal, y que esa sequedad aumenta tu riesgo de caries. Está documentada también la irritación de la mucosa y la inflamación gingival.

Sobre la microbiota oral conviene ser preciso, porque se cita con más firmeza de la que admite. La revisión que reunió doce estudios describe comunidades microbianas distintas en quienes vapean, con enriquecimiento de algunos géneros. Pero califica la certeza de esa evidencia de muy baja, porque casi todos los estudios son transversales y muy distintos entre sí.

La nicotina hace exactamente lo mismo que en el tabaco: contrae los vasos, enmascara el sangrado y compromete la cicatrización. Es decir, eso no cambia porque no haya humo.

La laguna está en el largo plazo. No hay cohortes de treinta años, que es lo que hizo falta para establecer lo del tabaco. Decirte que es seguro resulta, por tanto, tan poco riguroso como decirte que es igual de dañino.

Lo que comparten

Tres cosas, y son justamente las que importan en consulta:

  • La nicotina está en los dos, y con ella el efecto sobre los vasos y sobre la cicatrización. Ante una cirugía o un implante, el manejo es el mismo fumes o vapees.
  • La dependencia también es la misma, y en algunos dispositivos la concentración de nicotina supera a la de un cigarrillo.
  • El seguimiento que te corresponde es idéntico: revisiones más frecuentes, exploración cuidadosa de las mucosas y control periodontal estrecho.

Lo que no procede afirmar

Dos cortes de encía: en uno hay depósito oscuro y la encía retirada; en el otro está inflamada y despegada
Uno se nota en la encía retirada y el otro en la encía irritada: ninguno pasa de largo

No procede venderte el vapeo como una alternativa segura, porque eso no está demostrado. Y tampoco procede decir que es igual o peor que el tabaco, porque eso tampoco lo está.

Sí hay, en cambio, una cosa que puede afirmarse con evidencia de alta certeza, y conviene no ocultarla porque juega a favor del vapeo en un terreno concreto: para dejar de fumar funciona. La revisión Cochrane viva sobre cigarrillos electrónicos concluye que los que llevan nicotina aumentan las tasas de abandono frente a los sustitutivos clásicos, como los parches o los chicles. No detecta daños graves a corto plazo, aunque advierte de que hacen falta ensayos más largos para evaluar la seguridad.

Lo que sí puede decirse, por tanto, es que el único escenario sin riesgo conocido es que no consumas ninguno de los dos. Y que si lo usas como vía para dejar de fumar, tengas desde el principio un plan para dejarlo también a él. Esa es justo la parte que la evidencia de cesación no cubre.

Preguntas frecuentes

¿Qué es peor, el vapeo o el tabaco?
La comparación no está resuelta y conviene decirlo así. El tabaco cuenta con décadas de evidencia sobre sus efectos en la boca; el vapeo lleva pocos años y sus efectos a largo plazo no están establecidos. Esa asimetría no significa que el vapeo sea inocuo: significa que se sabe menos, y afirmar que es seguro es tan poco riguroso como afirmar que es igual de dañino.
¿Qué le hace el tabaco a la boca?
Cuatro cosas documentadas. Es el factor de riesgo modificable más importante de la periodontitis y además la enmascara, porque la nicotina contrae los vasos y la encía sangra menos aunque esté más enferma. Es el principal factor de riesgo conocido del cáncer oral, y se multiplica con el alcohol. Es el factor que más se asocia al fracaso de un implante y a la alveolitis. Y tiñe el esmalte y da mal aliento, que es lo que más se nota y lo menos importante.
¿Y del vapeo qué se sabe?
Hay hallazgos documentados y una laguna. Documentado está que el aerosol produce sequedad de boca por el propilenglicol y la glicerina, y que esa sequedad aumenta el riesgo de caries, además de irritación de la mucosa e inflamación de la encía. En la microbiota oral, la revisión que reunió doce estudios describe comunidades distintas en quienes vapean, pero con certeza de evidencia muy baja por tratarse casi siempre de estudios transversales.
¿Qué comparten los dos?
La nicotina, y con ella el efecto sobre los vasos y sobre la cicatrización: ante una cirugía o un implante el manejo es el mismo se fume o se vapee. La dependencia, que en algunos dispositivos llega a concentraciones superiores a las de un cigarrillo. Y el mismo seguimiento: revisiones más frecuentes, exploración cuidadosa de las mucosas y control periodontal estrecho.
¿Sirve el vapeo para dejar de fumar?
Aquí sí hay evidencia sólida, y conviene no ocultarla. La revisión Cochrane viva sobre cigarrillos electrónicos para dejar de fumar concluye con certeza alta que los que contienen nicotina aumentan las tasas de abandono frente a los sustitutivos clásicos, como parches o chicles, y no detecta daños graves a corto plazo, aunque advierte de que hacen falta ensayos más largos para evaluar la seguridad.
Entonces, ¿qué se recomienda?
Que el único escenario sin riesgo conocido es no consumir ninguno de los dos. Y que quien usa el vapeo como vía para dejar de fumar tenga desde el principio un plan para dejarlo también a él, porque esa es la parte que la evidencia de cesación no cubre.

Fuentes

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