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Piercing en el labio o la lengua: lo que le hace a los dientes y a la encía

El daño de un piercing no viene de la perforación, sino de años de roce. Qué le pasa a la encía y al esmalte, qué material reduce el riesgo y qué revisar.

Un piercing de barra con sus dos bolas y, al lado, un diente con una muesca en el borde

Escrito por Equipo médico de Cleardent Contenido bajo la dirección médica del Dr. Ismael Cerezo, Director Médico de Cleardent · Nº colegiado 23001944

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Qué conviene tener claro

  • El daño no viene de la perforación, viene del roce de años. Y ese roce tiene fecha medida.
  • En el estudio de referencia, nadie con menos de dos años de piercing tenía retracción ni astillados.
  • Con vástago largo y dos años o más, la mitad tenía retracción en los incisivos centrales de abajo.
  • A los cuatro años, el 47 % tenía astillados, y no en los dientes de delante: en molares y premolares.
  • Lo que más se puede hacer hoy es cambiar la bola metálica por una de acrílico y acortar el vástago.

Si estás pensando en ponerte un piercing en el labio o en la lengua, lo que más te conviene saber no es cómo cicatriza. Es qué pasa a los tres o cuatro años, porque el daño de verdad no viene de la perforación: viene del roce.

Una bola metálica apoyada contra el mismo punto varias horas al día funciona como una gota que cae siempre en el mismo sitio de la piedra. No hace prácticamente nada en una semana y hace bastante al cabo de unos cuantos años.

Y eso está medido, que es lo que convierte la comparación en un dato. En el estudio que examinó a 52 personas con piercing lingual, ninguna de las que lo llevaba menos de dos años tenía retracción de encía ni dientes astillados. Es decir: el reloj empieza a contar después.

¿Qué le pasa a la encía?

Es el daño más frecuente de todos y también el más silencioso, sobre todo con el piercing de labio. El metaanálisis que reunió 54 estudios lo encuentra en el 33 % de quienes llevan un piercing oral.

La bola interior se apoya contra la encía de los incisivos de abajo y la va empujando hacia la raíz. Esa encía se retrae poco a poco, deja la raíz al descubierto y, cuando el hueso de debajo también cede, esa pérdida ya no se recupera nunca.

Lo importante aquí es que no te va a doler mientras está ocurriendo. Se ve, pero hay que mirarlo a propósito, y por eso mucha gente se entera cuando ya lleva años con él puesto.

¿Y a los dientes?

Con el piercing de lengua el mecanismo del daño es completamente distinto. La bola golpea contra la cara interna de los dientes de delante, y ese golpeteo repetido produce microfracturas del esmalte y líneas de fisura.

Ahora bien, los astillados no aparecen donde uno se los imagina. En ese mismo estudio, a partir de los cuatro años el 47 % tenía dientes astillados, y estaban sobre todo en molares y premolares: es ahí donde la bola queda atrapada al masticar. Por ejemplo, una revisión que solo mire los incisivos puede dar todo por bueno y estar mirando el sitio equivocado.

Lo hemos visto también en coronas y carillas, que se astillan antes que el diente natural. Si llevas trabajos de estética en la zona de delante, ese es un motivo serio para replantearse el piercing de lengua.

Y hay un riesgo puntual que conviene nombrar: el hábito de jugar con la bola entre los dientes es el que acaba partiendo un borde de golpe.

Lo que reduce el riesgo si ya lo llevas

Dos piercings iguales: uno con las bolas de metal y otro con las bolas blandas
Cambiar la bola de metal por una blanda no lo arregla, pero desgasta menos

Hay cuatro cosas que cambian bastante el pronóstico si el piercing ya está puesto:

  • Cambia la bola metálica por una de acrílico o de silicona, que es mucho más blanda.
  • Usa el vástago más corto posible: con vástago largo y dos años o más, la mitad de los participantes del estudio tenía retracción.
  • No juegues con él ni lo muevas con la lengua o con los dientes, que es el gesto que más daño hace.
  • Quítatelo para dormir y para hacer deporte de contacto.

Ese primer punto es el que más se puede hacer hoy mismo y el que más reduce el desgaste del esmalte.

Lo que hay que revisar

Con un piercing en la boca, la revisión anual deja de ser una formalidad. Estas son las tres cosas que comprobamos:

  • La retracción de tu encía en los incisivos de abajo, midiéndola para compararla con la visita anterior.
  • El esmalte de la cara interna de los dientes de delante, buscando líneas de fisura que aún no se astillan.
  • El estado de la perforación, por si hay inflamación o crecimiento de tejido alrededor.

Con esas tres medidas se ve si la cosa está avanzando o si está estable, que es lo que de verdad determina si te conviene quitarlo o no.

Cuándo hay que quitarlo

Hay tres situaciones en las que ya no es cuestión de reducir el riesgo, sino de retirarlo.

La primera es que tu encía se haya retraído de forma apreciable y siga retrocediendo entre una revisión y la siguiente. La segunda, que aparezca movilidad en algún diente de esa zona, aunque sea muy leve.

Y la tercera es que ya exista un astillado o una fisura en el esmalte atribuible al golpeteo de la bola, porque a partir de ahí lo que se pierde no vuelve.

Si te reconoces en alguna de las tres, lo primero es medirlo con calma. A partir de ahí se decide, y no antes.

Y si lo que ya ves es la raíz asomando, lo que se puede y lo que no se puede recuperar está en cómo regenerar las encías.

Preguntas frecuentes

¿Un piercing en la lengua estropea los dientes?
Con el tiempo, sí, y el tiempo importa más que ninguna otra cosa. En el estudio que midió esto en 52 personas, ninguna con menos de dos años de piercing tenía retracción de encía ni astillados. A partir de los cuatro años, el 47 % tenía dientes astillados. El metaanálisis que reunió 54 estudios encuentra algún tipo de daño dental en torno a una cuarta parte de quienes los llevan.
¿Dónde se astillan los dientes con el piercing de lengua?
No donde la mayoría espera. La bola golpea contra la cara interna de los dientes de delante, pero los astillados se encontraron sobre todo en molares y premolares, que es donde la bola queda atrapada al masticar. Por eso una revisión que solo mire los incisivos se queda corta.
¿Qué le hace el piercing de labio a la encía?
La bola interior se apoya contra la encía de los incisivos de abajo y la empuja hacia la raíz. Esa encía se retrae poco a poco, deja la raíz al descubierto y, cuando el hueso de debajo también cede, esa pérdida ya no se recupera. El metaanálisis sitúa la retracción en un 33 % de los portadores de piercing oral.
¿Cómo reduzco el daño si ya lo llevo?
Cuatro cosas, y dos de ellas se pueden hacer hoy mismo. Cambia la bola metálica por una de acrílico o silicona. Usa el vástago más corto posible: con vástago largo y dos años o más, la mitad de los participantes tenía retracción. No juegues con él entre los dientes. Y quítatelo para dormir y para el deporte de contacto.
¿Y si llevo carillas o coronas?
Entonces el motivo para replantearlo es más serio. Las coronas y las carillas se astillan antes que el diente natural, así que el mismo golpeteo que en un esmalte sano tarda años en notarse, ahí puede saltar una restauración bastante antes.
¿Cuándo hay que quitárselo?
Cuando la encía se ha retraído de forma apreciable y sigue retrocediendo entre una revisión y la siguiente, cuando aparece movilidad en algún diente de esa zona, o cuando ya hay un astillado atribuible al golpeteo. A partir de ahí lo que se pierde no vuelve, así que la decisión deja de ser sobre el piercing y pasa a ser sobre el diente.

Fuentes

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