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Dolor en un implante años después: qué significa y por qué no puede esperar

Un implante integrado no duele. Si molesta años después, suele ser periimplantitis o un tornillo flojo, y el pronóstico depende de tratarlo pronto.

Dos implantes: uno con el hueso entero alrededor y otro con el hueso retirado y el metal a la vista

Escrito por Equipo médico de Cleardent Contenido bajo la dirección médica del Dr. Ismael Cerezo, Director Médico de Cleardent · Nº colegiado 23001944

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Qué conviene tener claro

  • Un implante integrado no duele. Si molesta años después, es una señal y no un achaque.
  • La periimplantitis avanza casi sin síntomas: cuando aparece el dolor, ya suele haber pérdida de hueso.
  • La fase previa, la mucositis, sí es reversible, y sus señales son sangrado, enrojecimiento y mal sabor localizado.
  • La periimplantitis afecta de media al 22 % de los pacientes con implantes, y el porcentaje sube con los años.
  • Un tornillo flojo se resuelve en una visita. Si se deja, acaba fracturándose dentro del implante.

Un implante que se integró bien no duele. Por eso, si años después notas molestia, presión o la encía sensible alrededor, eso es una señal y no un achaque. Aquí verás qué puede ser y por qué el plazo importa tanto.

Lo que más nos encontramos: la periimplantitis

Es la inflamación del tejido que rodea al implante, con pérdida del hueso que lo sujeta. Funciona igual que la enfermedad periodontal en un diente natural: la placa se acumula bajo el borde, la encía se inflama y el hueso se va retirando.

La corona levantada del implante, con el tornillo que las une a la vista
A veces no es el implante: es el tornillo de en medio

El problema es que avanza casi sin síntomas durante mucho tiempo. Cuando aparece el dolor, ya suele haber pérdida ósea, y el hueso perdido alrededor de un implante no se recupera con facilidad.

Y no es infrecuente: la revisión epidemiológica de referencia estima una prevalencia media del 22 % de periimplantitis y del 43 % de mucositis periimplantaria, con el porcentaje subiendo cuanto más tiempo llevan los implantes en función.

Estas son las señales que la delatan antes del dolor:

  • La encía alrededor del implante sangra al cepillar.
  • Está roja, hinchada o se ha retirado y deja ver la parte metálica.
  • Sale pus o hay mal sabor localizado en esa zona.
  • Se te queda comida siempre en el mismo punto.

Si tienes cualquiera de esas cuatro y no duele, es el mejor momento posible para tratarlo. Esa fase se llama mucositis y todavía es reversible, y el consenso europeo sobre prevención de la periimplantitis la señala precisamente como el punto donde se evita lo otro. Ese mismo consenso subraya algo que se decide mucho antes: el implante y la prótesis tienen que permitir limpiarlos bien y sondarlos, porque si no dejan hacerlo el problema llega igual.

Cuando es el tornillo, no el implante

Un motivo frecuente y mucho más sencillo de resolver es que se haya aflojado el tornillo que une la corona con el implante. Lo notas como un ligero movimiento de la corona, una sensación rara al morder o un chasquido.

Se resuelve retirando la corona, revisando el tornillo y volviéndolo a apretar con el torque correcto. Si se deja, ese microdesplazamiento acaba fracturando el tornillo, y sacar un tornillo roto de dentro del implante ya es otra historia.

También pasa que se descemente la corona, o que se fracture la porcelana. Ninguna de las dos afecta al implante en sí.

Otras causas

  • Sobrecarga de la mordida, si el implante recibe más fuerza de la que le toca. Suele ir con bruxismo y a veces se ve porque la porcelana está desgastada solo ahí.
  • Restos de cemento bajo la encía de cuando se colocó la corona. Actúan como un cuerpo extraño y mantienen la inflamación.
  • Dolor referido de un diente vecino, que a veces se percibe en el implante.

Qué hacemos cuando vienes

Medimos la profundidad alrededor del implante con una sonda, hacemos una radiografía para ver el nivel de hueso y comprobamos si la corona tiene movilidad. Con esas tres cosas sabemos si el problema es del implante o de lo que lleva encima.

Si es mucositis, se resuelve con una limpieza específica y ajustando tu higiene en esa zona. Si es periimplantitis, el tratamiento es más largo: descontaminación de la superficie del implante y, según el caso, cirugía para acceder o para regenerar.

Por qué el plazo cambia tanto

Lo decimos así de claro porque nos importa: un implante con mucositis se salva casi siempre; uno con periimplantitis avanzada, muchas veces no.

Entre una fase y la otra hay meses o años, y la única forma de coger el momento bueno es la revisión de mantenimiento. Un implante necesita revisión y limpieza específica, y esa parte forma parte del tratamiento, no es un extra.

Si llevas tiempo notando algo en esa zona, aunque sea poco, es ahora cuando hay que mirarlo.

Preguntas frecuentes

¿Es normal que un implante duela años después?
No. Un implante que se integró bien no duele, así que la molestia, la presión o la encía sensible alrededor son una señal. Lo más frecuente es la periimplantitis, y lo más sencillo de resolver es que se haya aflojado el tornillo que une la corona con el implante.
¿Qué es la periimplantitis y con qué frecuencia aparece?
Es la inflamación del tejido que rodea al implante con pérdida del hueso que lo sujeta, y funciona igual que la enfermedad periodontal en un diente natural. No es rara: la revisión epidemiológica de referencia estima una prevalencia media del 22 % de periimplantitis y del 43 % de mucositis, y observa que el porcentaje sube cuanto más tiempo llevan los implantes en función.
¿Cómo la detecto antes de que duela?
Por cuatro señales que aparecen mucho antes: que la encía alrededor sangre al cepillar, que esté roja, hinchada o retirada dejando ver la parte metálica, que salga pus o haya mal sabor localizado, y que se quede comida siempre en el mismo punto. Si tienes alguna y no duele, ese es el mejor momento posible: esa fase se llama mucositis y todavía es reversible.
¿La mucositis se cura?
Sí, y el consenso europeo sobre prevención de la periimplantitis lo sitúa como el objetivo: tratar la mucositis es la forma de evitar la periimplantitis. Ese mismo consenso subraya algo que se decide antes, en el diseño: el implante y la prótesis tienen que permitir limpiar bien, sondar para diagnosticar y retirar la placa profesionalmente. Si no dejan hacer eso, el problema llega igual.
¿Y si lo que se mueve es la corona?
Suele ser el tornillo que la une al implante, y es la causa más sencilla de resolver: se retira la corona, se revisa el tornillo y se vuelve a apretar con el torque correcto. Si se deja, ese microdesplazamiento acaba fracturando el tornillo, y sacar un tornillo roto de dentro del implante ya es otra historia. También puede descementarse la corona o fracturarse la porcelana, y ninguna de las dos afecta al implante.
¿Por qué insistís tanto en el plazo?
Porque un implante con mucositis se salva casi siempre y uno con periimplantitis avanzada muchas veces no. Entre una fase y la otra hay meses o años, y la única forma de coger el momento bueno es la revisión de mantenimiento, que forma parte del tratamiento y no es un extra.

Fuentes

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