Blanquear los dientes en casa: qué funciona y qué daña el esmalte
Bicarbonato, limón y carbón activado raspan en vez de blanquear y a la larga oscurecen el diente. Qué tiene respaldo para blanquear en casa.
Escrito por Equipo médico de Cleardent Contenido bajo la dirección médica del Dr. Ismael Cerezo, Director Médico de Cleardent · Nº colegiado 23001944
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Qué conviene tener claro
- Una cosa es retirar manchas de la superficie y otra aclarar el color del diente. Casi todos los remedios caseros hacen lo primero, raspando.
- El color está en la dentina, no en el esmalte. Todo lo que ataque el esmalte deja el diente más oscuro, no más claro.
- El carbón activado blanquea menos que las alternativas y es más abrasivo. Eso está revisado.
- En la Unión Europea los productos de venta libre están limitados al 0,1 % de peróxido. Con eso no hay cambio apreciable.
- El blanqueamiento profesional sí cambia el color. Lo que decide es qué hay debajo antes de empezar.
Antes de probar nada conviene entender una distinción que lo explica casi todo: una cosa es retirar manchas de la superficie y otra muy distinta es aclarar el color del diente. Casi todos los remedios caseros hacen lo primero, y muchos lo hacen raspando.
El color de tu diente no está en el esmalte, que es translúcido. Está en la dentina de debajo, que es de color amarillento y se transparenta a través de él. Por eso todo lo que ataque tu esmalte termina dejando el diente más oscuro de lo que estaba, no más claro.
¿Qué pasa con el bicarbonato y el limón?
Son los dos remedios que más te vas a encontrar, y los dos funcionan por la vía equivocada.
El bicarbonato es un abrasivo: frota, retira la mancha superficial y al principio parece que funciona. Lo que ocurre es que cada uso raya un poco el esmalte, y una superficie rayada retiene más pigmento del que retenía antes.
El limón y el vinagre son ácidos, y el esmalte empieza a desmineralizarse por debajo de un pH de 5,5. El zumo de limón ronda el 2, así que lo que consiguen es disolver esmalte que no se recupera.
El carbón activado combina los dos problemas a la vez. La revisión sistemática que reunió once estudios concluye que las pastas con carbón blanquean menos que otras alternativas y tienen un potencial abrasivo mayor, y por eso las considera menos seguras. Raspa más y aclara menos.
¿Y el agua oxigenada del botiquín?
Aquí conviene ser preciso porque es el remedio que más lógica parece tener. El peróxido de hidrógeno sí es el principio activo de los blanqueamientos reales, pero el del botiquín está a una concentración pensada para desinfectar heridas y su aplicación no se controla.
Enjuagarte con él te irrita la mucosa y, usado a diario, altera la flora de tu boca. Y como no queda en contacto con el diente el tiempo necesario, el efecto sobre el color es prácticamente nulo.
¿Por qué los kits de tienda no aclaran?
Por una razón legal que casi nadie explica. En la Unión Europea, los productos de venta libre están limitados al 0,1 % de peróxido de hidrógeno, y con esa concentración no hay cambio apreciable.
Los geles que sí blanquean, entre el 6 % y el 10 %, se dispensan bajo supervisión odontológica. Un kit comprado fuera de la Unión puede llevar más, pero entonces no sabes cuánto, y ahí es donde aparecen las quemaduras de encía y la sensibilidad extrema.
A eso se suma la férula. Las de talla única reparten el gel de forma desigual y dejan que rebose hacia la encía, que es justo lo contrario de lo que hace una férula hecha a medida.
Lo que sí puedes hacer en casa
Hay tres cosas que sí merecen la pena, aunque ninguna de ellas sea espectacular:
- Una pasta blanqueadora de abrasividad baja, que retira la mancha externa sin rayar: comprueba que declare un índice RDA moderado.
- Reducir lo que más tiñe, que es el café, el té, el vino tinto y el tabaco, y enjuagarte con agua después de tomarlos.
- La higiene profesional anual, que retira el sarro pigmentado y devuelve bastante color sin tocar el esmalte.
Esa última es la que más sorprende. Mucha gente que viene a pedir un blanqueamiento sale contenta solo con una limpieza, porque lo que estaba viendo no era color, era pigmento sobre el sarro.
Lo que hay que revisar antes de blanquear nada
Blanquear sobre una boca no revisada es la causa más frecuente de dolor. Antes hay que descartar caries, empastes filtrados, raíces expuestas y encías inflamadas, porque el peróxido entra por ahí y llega al nervio.
Y hay algo que no cambia de color por mucho que blanquees: un empaste, una corona o una carilla mantienen su tono. Si aclaras los dientes naturales, el contraste con ellos se hace más visible, no menos.
Sobre lo que sí funciona conviene ser igual de preciso. La revisión que reunió treinta estudios concluye que todos los tipos de blanqueamiento profesional cambian el color de forma efectiva, y añade dos matices útiles: el de férula en casa con peróxido de carbamida, supervisado, mostró menor recidiva, y la sensibilidad parece mayor en el de clínica y en el combinado.
Si te estás planteando blanquear, lo primero de todo es mirar qué hay debajo de ese color. A partir de ahí se decide, y no antes.
Preguntas frecuentes
- ¿Funciona el bicarbonato para blanquear los dientes?
- Funciona por la vía equivocada. El bicarbonato es un abrasivo: frota, retira la mancha superficial y al principio parece que hace efecto. Lo que ocurre es que cada uso raya un poco el esmalte, y una superficie rayada retiene más pigmento del que retenía antes. A medio plazo el diente queda más oscuro, no más claro.
- ¿Y el limón?
- Peor, porque es ácido. El esmalte empieza a desmineralizarse por debajo de un pH de 5,5 y el zumo de limón ronda el 2, así que lo que consigue es disolver esmalte que no se recupera. Y como el color está en la dentina de debajo, cuanto más fino queda el esmalte, más amarillo se transparenta.
- ¿El carbón activado sirve de algo?
- Combina los dos problemas. La revisión sistemática que reunió once estudios concluye que las pastas con carbón activado tienen un efecto blanqueador menor que otras alternativas y un potencial abrasivo mayor, y las considera por tanto menos seguras. Es decir, raspa más y aclara menos.
- ¿Por qué los kits que compro no me hacen nada?
- Por una razón legal que casi nadie explica: en la Unión Europea los productos de venta libre están limitados al 0,1 % de peróxido de hidrógeno, y con esa concentración no hay cambio apreciable. Los geles que sí blanquean, entre el 6 % y el 10 %, se dispensan bajo supervisión odontológica. Un kit comprado fuera de la Unión puede llevar más, pero entonces no sabes cuánto, y ahí aparecen las quemaduras de encía y la sensibilidad extrema.
- ¿Puedo usar el agua oxigenada del botiquín?
- No compensa. El peróxido de hidrógeno sí es el principio activo de los blanqueamientos reales, pero el del botiquín está a una concentración pensada para desinfectar heridas y su aplicación no se controla. Enjuagarse con él irrita la mucosa y, a diario, altera la flora de la boca; y como no queda en contacto con el diente el tiempo necesario, el efecto sobre el color es prácticamente nulo.
- ¿Entonces el blanqueamiento profesional funciona?
- Sí. La revisión que reunió treinta estudios concluye que todos los tipos de blanqueamiento profesional son eficaces para cambiar el color, con un matiz interesante: el de férula en casa con peróxido de carbamida, supervisado, mostró menor recidiva, y la sensibilidad parece mayor en el de clínica y en el combinado. Lo que decide el resultado no es el producto, es lo que haya debajo antes de empezar.
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