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Comparativa de técnicas, materiales y precios
Todo lo que necesitas saber sobre los distintos tipos de implantes dentales, cómo se colocan, qué materiales se utilizan y en qué casos está indicado cada uno. Analizamos sus ventajas, limitaciones y costes aproximados para ayudarte a elegir la opción más adecuada según tu caso.

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Un implante dental es un tornillo de titanio o zirconio que se inserta quirúrgicamente en el hueso para sustituir la raíz de un diente perdido.
Se compone de tres partes: el cuerpo del implante (fixture), que se osteointegra con el hueso; el pilar o abutment, pieza intermedia que lo conecta con la corona; y la corona protésica, la parte visible que imita al diente natural en forma, color y función.
Gracias a la osteointegración —proceso descubierto por Brånemark en 1965—, los implantes ofrecen una estabilidad superior a las prótesis removibles o puentes, preservan el hueso alveolar y presentan tasas de supervivencia del 96,4% a los 10 años y del 92% a los 20 años.


Implantes endóseos (intraóseos)
Son el estándar actual en implantología. Se colocan dentro del hueso maxilar o mandibular y se integran mediante osteointegración en un periodo de 3 a 6 meses.
Dentro de este tipo existen tres formas principales:
Tornillo roscado: el más utilizado, ofrece alta estabilidad y buena integración
Laminados: actualmente en desuso
Cilíndricos: menos utilizados por su integración más lenta

Consisten en un marco metálico que se coloca sobre el hueso, por debajo de la encía, adaptado a la forma del borde óseo. Están indicados para pacientes con altura ósea mínima que no toleran dentaduras convencionales.
Su uso está en franco declive porque presentan mayor tasa de complicaciones, requieren cirugías más extensas y su osteointegración es deficiente al no estar dentro del hueso.

Se anclan en el hueso cigomático (pómulo), no en el maxilar. Son implantes de mayor longitud (30–52 mm) indicados exclusivamente para el maxilar superior cuando existe una atrofia ósea severa.
Permiten evitar procedimientos de injerto óseo o elevación de seno maxilar y su colocación requiere formación específica avanzada.

Se fijan a los procesos pterigoideos del hueso maxilar superior. Son una alternativa al injerto óseo para pacientes con muy poca altura ósea en la zona posterior del maxilar.
Su indicación es limitada y requiere una planificación tridimensional precisa mediante CBCT.
Sustituye una sola pieza dental. Un implante actúa como raíz, un pilar conecta las partes y una corona reproduce el diente. Es la solución más conservadora porque no altera los dientes adyacentes (a diferencia del puente convencional, que requiere tallar los dientes vecinos) y preserva el hueso circundante al mantener la estimulación mecánica.
Cuando faltan varios dientes consecutivos, se colocan dos o más implantes como pilares para soportar un puente que incluye los dientes intermedios. Reduce el número de implantes necesarios y, por tanto, el número de cirugías y el coste total del tratamiento.
Cuando se han perdido todos los dientes de una arcada, se coloca una prótesis completa sobre cuatro o más implantes. La prótesis se asienta sobre los implantes y solo contacta mínimamente con la encía. A mayor número de implantes, mayor estabilidad y menor atrofia ósea a largo plazo.

La cabeza del implante permanece visible durante la cicatrización, lo que evita una segunda cirugía. A esta variante de implantes se les llama implantes monofásicos, en los cuales el cuerpo del implante y el pilar están integrados en una sola pieza.
Tras la osteointegración (3–6 meses), se coloca directamente el pilar y la corona definitiva. Está indicado en pacientes con buena calidad ósea y encía queratinizada suficiente.
Es el protocolo más utilizado y con mayor respaldo científico. El implante se coloca y queda sumergido durante 3–6 meses para su integración.
Después, se realiza una segunda intervención menor para colocar el pilar y la corona definitiva.
Factor determinante para la estabilidad inicial del implante.
El número y la ubicación dictan la estructura de soporte necesaria.
Las exigencias estéticas varían entre el sector anterior y los molares.
Consideramos patologías previas para asegurar una integración segura.
Opciones de circonio para pacientes con alergias al titanio.
Alineamos los objetivos estéticos y funcionales con la realidad clínica.

Sí. Existen varias soluciones para personas con poco hueso: implantes cortos (<8 mm), implantes cigomáticos o pterigoideos, técnica All-on-4 con implantes inclinados para acceder a zonas con mayor densidad ósea, o procedimientos previos de regeneración ósea como el injerto de hueso o la elevación de seno maxilar. El implantólogo determinará la opción más adecuada tras evaluar la anatomía mediante CBCT.
Con el protocolo convencional en dos fases: entre 4 y 9 meses desde la inserción del implante hasta la colocación de la prótesis definitiva, dependiendo de la calidad ósea y la zona tratada. Con carga inmediata: dientes provisionales en 24-48 horas, prótesis definitiva tras la osteointegración completa (3-6 meses).
La cirugía se realiza bajo anestesia local y es indolora. Las molestias postoperatorias son leves a moderadas (inflamación, sensibilidad) y se controlan con analgésicos convencionales (ibuprofeno, paracetamol). En pacientes con ansiedad dental se puede recurrir a sedación consciente.
El titanio y el zirconio son materiales biocompatibles: el sistema inmunológico no los identifica como agentes extraños, por lo que el rechazo inmunológico no se produce. Lo que puede ocurrir es unfracaso en la osteointegraciónpor factores como infección, sobrecarga mecánica prematura, tabaquismo intenso o patologías sistémicas no controladas. La tasa de éxito global se sitúa por encima del 94% a los 10 años de seguimiento.
Con un mantenimiento adecuado, el implante en sí (el tornillo) puede durar toda la vida. La corona protésica tiene una vida media de 10-15 años y puede necesitar recambio por desgaste. El metaanálisis de Kupka et al. (2024) confirma que 4 de cada 5 implantes siguen funcionando correctamente tras 20 años.
Depende del caso clínico. El titanio tiene más de 50 años de evidencia científica y es la elección universal. El zirconio ofrece ventajas estéticas (color blanco) y menor adhesión bacteriana, siendo ideal para el sector anterior y para pacientes con sensibilidad a metales. Los datos actuales muestran tasas de supervivencia similares a corto y medio plazo, pero la evidencia a largo plazo del titanio es superior.
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Howe, M.S., Keys, W., & Richards, D. (2019). Long-term (10-year) dental implant survival: a systematic review and sensitivity meta-analysis. (PubMed)
Kupka, J.R., König, J., Al-Nawas, B., Sagheb, K., & Schiegnitz, E. (2024). How far can we go? A 20-year meta-analysis of dental implant survival rates. (PubMed)
Padhye, N.M., Calciolari, E., Zuercher, A.N., Tagliaferri, S., & Donos, N. (2023). Survival and success of zirconia compared with titanium implants: a systematic review and meta-analysis. (PubMed)
Roehling, S., Schlegel, K.A., Woelfler, H., & Gahlert, M. (2019). Zirconia compared to titanium dental implants in preclinical studies — A systematic review and meta-analysis. (PubMed)
