
Descubre qué es la resina dental, sus tipos, usos clínicos y principales beneficios en restauraciones estéticas y funcionales en odontología.

¿Se puede hacer una endodoncia si hay infección? Descubre cuándo es posible realizar el tratamiento de conducto con infección, qué precauciones tomar y cómo actuar en tu caso.

Tener un diente infectado duele, asusta y genera incertidumbre sobre el tratamiento adecuado. Te explicaré qué hacemos los dentistas cuando hay una infección dental y necesitas una endodoncia (también llamada tratamiento de conducto). Te contaré mis experiencias, consejos prácticos y recomendaciones para que sepas exactamente qué esperar y cómo cuidarte en esta situación. ¡Vamos a ello!
Una endodoncia es un procedimiento dental cuyo objetivo es salvar un diente eliminando la infección de su interior. Consiste en extirpar la pulpa dental (el nervio y tejido blando dentro del diente) cuando ésta está dañada o infectada, limpiar y desinfectar los conductos radiculares, y sellarlos herméticamente. A este tratamiento también se le conoce como tratamiento de conducto radicular o simplemente “tratamiento de conducto”. Se indica en varias situaciones, por ejemplo:
La endodoncia “mata el nervio” de un diente enfermo para eliminar el dolor y la infección, permitiendo conservar el diente en boca en lugar de extraerlo. Es un procedimiento común y efectivo en odontología conservadora.
Cuando existe una infección dental activa antes del tratamiento (por ejemplo un flemón o absceso lleno de pus), la situación se vuelve un poco más compleja pero no insalvable. Te cuento qué implica esto:
Dolor e inflamación intensos: Un diente con infección activa suele provocar dolor punzante, hinchazón de la encía o incluso de la cara (cachete hinchado), mal sabor de boca y a veces algo de fiebre o malestar general. El cuerpo está luchando contra las bacterias en el diente, por eso duele y se inflama. Este dolor e infección antes del tratamiento pueden ser muy molestos, pero a la vez nos indican que hay presión acumulada que debemos aliviar cuanto antes.
Dificultad para anestesiar: Cuando hay mucha infección, el tejido alrededor del diente está muy ácido e inflamado, y puede costar más que la anestesia haga efecto completo. En la práctica, esto significa que al paciente podría dolerle más el procedimiento si no controlamos primero la infección. Como dentista, es algo que valoro: si veo un gran absceso, a veces prefiero desinflamar un poco la zona antes de la endodoncia, para poder trabajar sin causar dolor. ¡La comodidad y bienestar del paciente mandan!
Riesgos si no se maneja bien la infección: Hacer un tratamiento de conducto con una infección severa conlleva algunos retos. Por ejemplo, puede resultar más difícil eliminar por completo todas las bacterias en un solo paso. También existe el riesgo de que la infección se propague por los tejidos vecinos si la presión de pus es muy grande. Y no hay que olvidar que un diente infectado suele estar más débil estructuralmente (la infección y la caries lo han “comido”), por lo que es más frágil hasta que lo restauramos. Por eso, debemos proceder con cuidado.
Lo importante aquí es entender que infección activa no significa que no podamos tratarte, solo significa que debemos tomar precauciones adicionales. Cada caso es único: a veces la infección es pequeña y localizada, y otras veces es extensa. Dependiendo de la situación, decidiremos el mejor plan para tu endodoncia.
Vamos al grano: sí, se puede hacer una endodoncia aunque haya infección, y de hecho a menudo es lo más recomendable. La razón es sencilla: la endodoncia es el tratamiento indicado para eliminar esa infección dentro del diente. No tendría sentido posponer indefinidamente el procedimiento, porque el foco infeccioso (la pulpa enferma) seguirá ahí hasta que lo eliminemos.
Ahora bien, la clave está en cómo y cuándo realizarla. ¿Hay que esperar un poco o se hace de inmediato? Aquí entra en juego la severidad de la infección y el criterio profesional del odontólogo:
No hay una regla fija para todos. En muchos casos se hace la endodoncia directamente aunque haya infección, y en otros conviene esperar 48-72 horas con medicación antes de realizarla. Lo que nunca hacemos es “esperar sin más, sin tratamiento”, ya que una infección dental no desaparece sola y postergar demasiado podría conllevar complicaciones (propagación de la infección, pérdida del diente, etc.). Por eso, confía en tu dentista: evaluaremos tu caso y escogeremos la mejor opción para ti. Nuestro objetivo siempre es curar la infección y salvar tu diente del modo más seguro y eficaz posible.
Cuando hay infección presente, solemos implementar algunos tratamientos previos o cuidados especiales antes (o al inicio) de la endodoncia. Te detallo los más habituales:
Medicación antibiótica (cuando es necesaria)
Como comenté, si la infección es importante recetamos antibióticos para ayudar a controlar la situación. Es importante destacar que no siempre son imprescindibles; si la infección es local y se puede drenar con el propio tratamiento de conducto, a veces podemos evitar el uso de antibiótico. Pero si hay mucha hinchazón, flemón o riesgo de que la infección se extienda, el antibiótico te dará un margen de alivio y seguridad. Ojo: si te prescriben antibióticos, tómalos exactamente como te indique el odontólogo y completa todos los días de tratamiento, incluso si mejoras antes. Así nos aseguramos de eliminar a las bacterias más resistentes y evitamos recaídas. (Recuerda también no automedicarte: cada infección es distinta y debe evaluarla un profesional para elegir el antibiótico correcto).
Antiinflamatorios y analgesia
Junto al antibiótico, casi siempre indicamos medicamentos para el dolor y la inflamación (por ejemplo ibuprofeno, metamizol o paracetamol, según cada paciente). Estos fármacos te van a ayudar a encontrarte mejor mientras esperamos el momento de hacer la endodoncia o durante los primeros días del tratamiento. Sigue las pautas de tu dentista en cuanto a dosis y horarios. Un truco útil: mantener un horario fijo (por ejemplo, tomar el analgésico cada 6-8 horas temporalmente) puede mantener el dolor a raya continuamente, en lugar de perseguir el dolor cuando ya es muy intenso.
Drenaje del absceso (si hay pus)
Si se aprecia un acúmulo de pus visible (un flemón grande en la encía, por ejemplo), el dentista podría realizar un pequeño corte en la encía para drenar ese absceso. Es un procedimiento sencillo con anestesia local: se libera el pus y con ello baja rápidamente la presión y el dolor. En muchas ocasiones, sin embargo, aprovechamos la misma endodoncia para drenar por dentro: es decir, abrimos el diente infectado, y por el orificio del conducto dejamos salir todo el exudado purulento (pus) acumulado. ¡Créeme, eso alivia muchísimo al paciente en el momento! Después, aplicamos un desinfectante dentro del diente. Dependiendo del caso, podríamos dejar una medicación dentro del conducto (por ejemplo, hidróxido de calcio) y una tapa provisional, para continuar y finalizar la endodoncia en la siguiente sesión una vez la infección esté más controlada.
Cuidados personales pre-tratamiento
¿Y qué puedes hacer tú en casa mientras llega el día de la endodoncia o mientras el antibiótico hace efecto? Ahí van algunos cuidados útiles: Mantén una buena higiene oral, cepillando con suavidad la zona afectada (si duele mucho, haz enjuagues suaves con agua tibia y sal o con colutorio antiséptico, pero no dejes de limpiar los alrededores para que no acumule más placa). Evita masticar por el lado del diente enfermo y toma alimentos blandos y templados (ni muy calientes ni muy fríos) para no desencadenar más dolor. También es recomendable dormir con la cabeza ligeramente elevada (una almohada extra) si tienes mucha inflamación, ya que así disminuye la presión en la zona del absceso. No apliques calor externo en la cara aunque te lo sugieran “remedios caseros”: el calor dilata los vasos y podría empeorar la propagación de la infección; es preferible poner paños fríos en el área inflamada de la mejilla para aliviar. Y, por supuesto, acude al dentista lo antes posible: si aún no lo has hecho, no esperes a ver si “se pasa solo”, porque una infección dental puede avanzar rápidamente.
Para ilustrar todo lo anterior, déjame compartirte un par de casos (muy comunes) que suelo ver en la clínica. Cambiaré los nombres por privacidad, pero son situaciones reales que te ayudarán a entender cómo procedemos:
Caso 1: Infección aguda con absceso grande
María, una paciente de 35 años, llegó a mí con un dolor insoportable en una muela superior desde hacía varios días. Tenía la mejilla visiblemente hinchada (un “flemón” del tamaño de una nuez) y ya había comenzado a tomar antibiótico que le dio su médico de cabecera porque tenía también un poco de fiebre. Al examinarla, vi que la muela en cuestión tenía una caries enorme que había llegado al nervio y causado un absceso importante. En este caso, decidimos actuar en dos fases: primero, aliviar la infección y luego completar la endodoncia. Le reforcé el tratamiento antibiótico adecuado para la bacteria dental, le receté un antiinflamatorio potente para el dolor y procedimos a drenar el absceso en la misma consulta. Para ello, realicé una pequeña apertura en la muela: en cuanto abrí el conducto, salió bastante pus, lo que inmediatamente redujo la presión y el dolor de María (¡ella misma suspiró de alivio en el sillón!). Lavé bien el conducto con soluciones desinfectantes, coloqué un medicamento dentro del diente y lo cerré provisionalmente. A los dos días, María regresó ya sin dolor y con la hinchazón casi desaparecida. Pudimos entonces completar la endodoncia: limpié a fondo todos los conductos de la muela, retirando tejido necrótico y bacterias, y sellamos el sistema de conductos. Finalmente colocamos un empaste provisional. María salió contenta porque conservó su muela y la infección se resolvió sin complicaciones. Unas semanas después, le pusimos la corona definitiva a esa muela para reforzarla. Este caso muestra que, aunque había infección, pudimos hacer la endodoncia con éxito tras unos cuidados previos. Lo importante fue no dejar el proceso a medias: seguimos hasta sanear completamente el diente.
Caso 2: Dolor intenso pero sin flemón visible (tratamiento inmediato)
Juan, de Forty’s (unos cuarenta y tantos años), acudió aquejado de un dolor agudo en un premolar que le despertó por la noche. No tenía inflamación facial ni flemón en la encía, pero el diente estaba muy sensible al tacto y el dolor era constante: síntomas claros de una pulpitis/infección dentro del diente. Al revisar, detecté una caries profunda cerca del nervio. En su caso, decidimos realizar la endodoncia en ese mismo día. Le administré anestesia (en una zona sin tanta infección la anestesia hizo efecto correctamente) y comenzamos el tratamiento de conducto con infección presente. Al abrir la cámara pulpar, encontramos tejido pulpar necrótico con un poco de pus en el interior del diente – esto confirmó que había infección aunque externamente no hubiese mucha hinchazón. Realicé la limpieza y desinfección de los conductos cuidadosamente; dado que había contenido purulento, preferí hacer la endodoncia en dos sesiones para asegurar la desinfección. Así que, tras la primera sesión, dejé un medicamento desinfectante dentro del diente de Juan y lo cerré temporalmente. Él se fue a casa ya sin dolor (el alivio suele ser inmediato al quitar el nervio enfermo) y con instrucciones de tomar un analgésico suave solo si lo necesitaba. A la semana siguiente, Juan volvió sin ninguna molestia – señal de que la infección estaba controlada. Procedimos a llenar y sellar definitivamente los conductos y colocamos una reconstrucción con perno y corona, ya que el diente había perdido mucha estructura. Juan recuperó la función de su premolar y, gracias a haber actuado rápido, evitamos tener que extraerlo o tomar antibióticos innecesariamente. Este caso refleja que se puede hacer una endodoncia con infección activa en una sola visita si se maneja bien, logrando resolver el problema de forma eficaz.
Como ves en estos ejemplos, cada paciente requirió un enfoque ligeramente distinto, pero en ambos la endodoncia fue la solución para curar el diente infectado. En uno hubo que esperar un par de días entre fases, y en el otro se hizo prácticamente de inmediato. La experiencia y criterio profesional nos guían para decidir lo mejor en cada situación. Pero el desenlace común es que logramos eliminar la infección y salvar el diente, que es siempre nuestra meta.
Una vez que ya te han realizado la endodoncia en un diente que estaba infectado, es importante seguir algunos cuidados durante el posoperatorio para garantizar la curación completa y evitar recaídas. Estas son mis recomendaciones como profesional:
En definitiva, después de una endodoncia en un diente infectado, cuídate con esmero, sigue las instrucciones profesionales y ten un poquito de paciencia: en pocos días deberías notar una gran mejoría. Muchas personas me dicen que les cambia la vida poder dormir sin dolor tras haber sufrido una infección dental. ¡Así de eficaz es el tratamiento cuando se realiza correctamente!
La mejor medicina siempre es la prevención. Si quieres evitar que una infección dental empeore –o, mejor aún, prevenir que aparezca otra en el futuro– ten en cuenta estos consejos finales:
Siguiendo estos consejos, estarás poniendo de tu parte para que nunca más una infección dental te tome por sorpresa o para que, si ocurre, esté controlada desde el primer momento. La clave está en la atención temprana y en la constancia con tu salud bucodental. ¡Tu boca te lo agradecerá con creces!
Si te realizan una endodoncia teniendo el diente infectado, el éxito dependerá de que el dentista maneje bien la infección durante el procedimiento. En manos expertas, se limpiará y desinfectará el conducto para eliminar las bacterias. Sin embargo, si la infección era muy aguda y no se tomaron precauciones (por ejemplo, no drenar el pus o no usar desinfectantes adecuados), existe el riesgo de que la infección persista incluso después del tratamiento. Por eso, muchos dentistas prefieren controlar un poco la infección antes o hacer la endodoncia en dos sesiones si es necesario. Conclusión: una endodoncia con infección puede funcionar muy bien, pero debe realizarse cuidadosamente. En la práctica, cuando limpiamos bien el interior del diente y seguimos los protocolos, lo habitual es que el diente se cure aunque llegó infectado. Los riesgos de hacerla con infección (dolor durante el procedimiento, dificultad para anestesiar, etc.) se minimizan con antibióticos previos y técnicas adecuadas, así que no temas: tu odontólogo velará por tu seguridad en todo momento.
Depende de la situación clínica. No todos los casos de endodoncia con infección requieren antibiótico previo. Si la infección es localizada y el dentista puede drenarla fácilmente durante el tratamiento, podrías no necesitar medicación antibiótica. En cambio, si hay un absceso importante, inflamación extendida o síntomas como fiebre, sí es habitual tomar antibiótico durante unos días antes (o justo después de iniciar el tratamiento). El objetivo es bajar la carga bacteriana y la inflamación para que la endodoncia sea más efectiva y cómoda. También pacientes con condiciones médicas de riesgo (por ejemplo, inmunosupresión) pueden requerir antibióticos por precaución. En resumen: tu dentista evaluará la gravedad de la infección y tu estado de salud general para decidir. Nunca tomes antibióticos por tu cuenta sin indicación profesional, ya que un uso incorrecto puede causar resistencia bacteriana y complicaciones.
Esta es una pregunta muy común, ¡y te tranquilizará saber que la respuesta suele ser NO! La endodoncia, incluso en un diente infectado, se realiza bajo anestesia local, de modo que no deberías sentir dolor durante el procedimiento. Ahora bien, como mencionamos, una infección muy aguda puede dificultar la acción de la anestesia. ¿Qué hacemos los dentistas en tal caso? Podemos aplicar anestésicos de distinta técnica (por ejemplo, bloquear el nervio más atrás, usar anestesia intraligamental, etc.), drenar primero el absceso para aliviar presión, o posponer unos días mientras el antibiótico reduce la infección, de forma que al tratar ya no duela. Lo importante es que no sufras dolor: si en pleno procedimiento sientes algo, le avisas al odontólogo y se administrará más anestesia hasta lograr comodidad total. Tras la endodoncia, al pasar el efecto anestésico, podrías notar molestias leves o sensibilidad al morder, especialmente porque el tejido alrededor estaba inflamado. Pero ese dolor post-tratamiento se controla con analgésicos comunes y suele desaparecer en un par de días. Muchos pacientes incluso comentan que el dolor fuerte desapareció en cuanto el dentista limpió el nervio, porque quitar la pulpa infectada alivia la presión interna que causaba el dolor. Así que no tengas miedo: con la técnica adecuada, una endodoncia es un procedimiento para quitarte el dolor, no para causarlo.
Sí, se puede realizar la endodoncia incluso si hay pus presente o un flemón visible, pero el abordaje puede cambiar ligeramente. Cuando hay un absceso grande, lo primero que haremos será drenar ese pus para disminuir la infección activa. Muchas veces, como ya describimos, el drenaje se hace abriendo el propio diente (durante la endodoncia) para que el absceso drene a través del conducto radicular. Otras veces complementamos con una pequeña incisión en la encía sobre el flemón si es muy voluminoso. Al sacar el pus, baja la hinchazón y es más fácil anestesiar y limpiar bien el área infectada. Ten en cuenta que un diente con pus puede requerir más de una sesión de tratamiento: es común que dejemos un medicamento dentro y cerremos temporalmente, terminando de sellar el diente en la siguiente cita cuando estemos seguros de que el pus/infección han cedido. En resumen: un flemón no impide la endodoncia, pero normalmente implica que combinemos el tratamiento de conducto con medidas de drenaje y antibiótico. Cada caso se adapta: el objetivo final es eliminar el pus, limpiar el diente y que sane correctamente.
Una vez realizada la endodoncia, el foco de infección interno queda eliminado inmediatamente (ya no hay pulpa ni bacterias dentro del conducto). A partir de ahí, tu cuerpo empezará a sanar los tejidos de alrededor. El alivio del dolor suele sentirse muy rápido, en cuestión de 1 a 2 días la mayoría de pacientes notan gran mejoría (muchos, incluso instantáneamente tras el tratamiento). Si había hinchazón, esta suele reducir drásticamente en 2-5 días con la ayuda del tratamiento realizado y, si corresponde, con el antibiótico prescrito. No obstante, la curación completa a nivel del hueso puede tomar un tiempo: el hueso alrededor de la raíz que estaba infectado (lo que vemos como un absceso en la radiografía) necesita varias semanas o meses para regenerarse totalmente. Por eso programamos radiografías de control a los 6 meses o al año post-endodoncia, para confirmar que el hueso se ha reparado y la infección desapareció por completo. Mientras tanto, si sigues las indicaciones y mantienes buena higiene, es raro que tengas problemas. En definitiva, en pocos días te sentirás bien, pero la “cicatrización interna” continúa un tiempo más. Sé paciente y colabora con las revisiones: es gratificante ver en las radiografías cómo el organismo va llenando de hueso sano la zona donde antes había infección. ¡Señal de éxito!
En conclusión, sí se puede hacer una endodoncia con un diente infectado, y de hecho es la manera adecuada de solucionar la infección desde la raíz. Como dentista, mi prioridad es tu bienestar y la preservación de tus dientes. Espero que esta guía te haya aclarado todas las dudas y te haga sentir más tranquilo/a si estás frente a esta situación. No dudes en acudir a tu odontólogo de confianza ante cualquier síntoma de infección dental; en nuestra clínica, por ejemplo, siempre evaluamos cada caso con empatía y profesionalidad, explicándote cada paso para que te sientas segur@. Recuerda que cada sonrisa es única y merece los mejores cuidados. ¡Estoy aquí para ayudarte a conservar la tuya sana y libre de infecciones!



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