Amelogénesis imperfecta e hipoplasia: cuando el esmalte nace mal
Un esmalte que se formó defectuoso no es mala higiene. Qué distingue la amelogénesis imperfecta de la hipoplasia adquirida y qué se hace en cada edad.
Escrito por Equipo médico de Cleardent Contenido bajo la dirección médica del Dr. Ismael Cerezo, Director Médico de Cleardent · Nº colegiado 23001944
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Qué conviene tener claro
- No es descuido ni mala higiene. El esmalte se formó defectuoso años antes de que el diente saliera.
- La amelogénesis imperfecta es genética y afecta a todos los dientes. La hipoplasia es adquirida y afecta solo a los que se formaban entonces.
- El color viene de dentro: la dentina se transparenta. Por eso el blanqueamiento no lo resuelve.
- El esmalte no se regenera. Se sustituye o se cubre, como el barniz de un mueble.
- Lo que más pesa no es el aspecto: es la sensibilidad y las caries de repetición, que son las que cuestan dientes.
Piensa en el esmalte como en el barniz de un mueble, que es la capa dura que protege todo lo que hay debajo. Ahora imagínate que ese barniz se aplicó mal desde el principio, con menos grosor del que tocaba o con una textura que nunca llegó a fraguar bien.
Eso es exactamente lo que ocurre aquí. El esmalte no se ha estropeado con el tiempo: se formó defectuoso mientras el diente se construía dentro del hueso, años antes de salir a la boca.
Y esto importa decirlo claro por un motivo. Muchas familias llegan a la consulta pensando que han hecho algo mal, que no cepillaron bastante o que dieron demasiado dulce. No es eso en absoluto, y conviene que te lo quites de encima cuanto antes.
¿Es genético o pasó algo en la infancia?
Se confunden muy a menudo y conviene que las separes, porque el pronóstico de una y de otra no es el mismo.
La amelogénesis imperfecta es genética. Un gen que interviene en la formación del esmalte no funciona como debería, así que el defecto afecta a todos los dientes, de leche y definitivos, y suele haber otros casos en la familia.
La hipoplasia del esmalte es adquirida. Algo ocurrió mientras ese diente concreto se estaba formando: una fiebre alta, una infección, un déficit nutricional, un traumatismo en el diente de leche de encima. Por eso afecta solo a las piezas que se estaban formando justo en ese momento, y deja una marca a la altura que corresponde a esa edad.
Es decir, si el defecto está en todos los dientes y hay antecedentes en la familia, apunta a lo primero. Y si está en unas piezas sí y en otras no, coincidiendo con una enfermedad de la infancia, apunta a lo segundo.
Qué se nota
Los signos son bastante reconocibles, aunque varían muchísimo de una persona a otra:
- El color, que va del blanco tiza al amarillo y al marrón.
- La superficie, que puede estar picada, surcada o simplemente ser más fina de lo normal.
- La sensibilidad, a veces muy intensa, porque la dentina queda más cerca.
- Las caries de repetición, porque un esmalte poroso retiene bastante más placa.
Del color conviene que sepas una cosa importante, y es que no se trata de una mancha superficial. Viene de dentro, porque la dentina se transparenta a través de un esmalte más delgado, y por eso el blanqueamiento no lo resuelve.
En los casos de esmalte blando, además, la superficie se desgasta muy rápido con la simple masticación del día a día.
De esas cuatro cosas, las dos últimas pesan bastante más que el aspecto, porque son las que acaban costando dientes con los años.
Hay también un efecto que no es dental y que conviene nombrar. En un niño o en un adolescente, unos dientes muy marcados afectan a cómo se relaciona con los demás, y eso también se trata.
Cómo se aborda, por edades
No hay un tratamiento único que valga para todos, y lo que se hace depende mucho del momento en que estés.
En dientes de leche, el objetivo es que tu hijo no tenga dolor y pueda masticar. Se protegen las muelas con coronas, y para eso están las coronas metálicas prefabricadas, que no son bonitas pero cubren la pieza entera y te aguantan hasta el recambio. En los dientes de delante se usa composite.
En adolescencia, el terreno es provisional, porque la encía todavía se está colocando y no conviene hacer nada definitivo. Se trabaja con composite, con coronas provisionales y sobre todo con flúor de alta concentración y control estricto de la higiene.
En edad adulta ya se puede hacer lo definitivo. Carillas si tu problema es sobre todo estético y queda esmalte al que adherirse, y coronas si el diente ha perdido estructura o el esmalte no permite una adhesión fiable.
Lo que conviene saber antes
Hay tres cosas que se preguntan siempre en la primera visita, y prefiero que las sepas de antemano.
La primera es que el esmalte no se regenera. No hay tratamiento ni pasta que lo haga crecer, así que lo que se hace es sustituirlo o cubrirlo: como el barniz del mueble, se repone, no se cura.
La segunda es que la adhesión resulta más difícil de lo normal. Un composite se pega peor a un esmalte defectuoso, y eso significa revisiones más frecuentes y alguna reposición con los años. No es un fallo del trabajo, sino el terreno sobre el que se trabaja.
Y la tercera es que se trata de un tratamiento largo, que empieza en la infancia y se va adaptando según crece la persona, con un plan que se revisa cada pocos años.
¿Qué se puede hacer mientras tanto?
Mientras llega cada etapa hay tres cosas que marcan diferencia y no te cuestan nada:
- Flúor de alta concentración, aplicado en clínica y en casa, que endurece lo que hay y reduce mucho la sensibilidad.
- Higiene meticulosa, con cepillo blando para no desgastar más de lo que ya está desgastado.
- Menos ácidos y azúcares, y sobre todo menos veces al día, porque un esmalte así se erosiona mucho antes.
Y las revisiones pasan a ser cada tres o seis meses. No es exceso de celo, es que un esmalte defectuoso se pica más rápido y el margen para intervenir a tiempo es más corto.
En la consulta
Empezamos por el diagnóstico, que no siempre resulta evidente, porque hace falta ver todas las piezas, la historia médica de la infancia y los antecedentes de la familia.
A partir de ahí te montamos un plan por etapas, con lo que toca ahora y lo que vendrá después, y con el presupuesto cerrado y por escrito de cada fase. La financiación llega hasta treinta y seis meses, sujeta a estudio y aprobación previa de la entidad.
Y una cosa que te decimos siempre: esto no se soluciona en una visita, pero se maneja muy bien cuando se coge pronto y se sigue de cerca.
Preguntas frecuentes
- ¿Es culpa nuestra por no cepillarle bien?
- No, y conviene quitárselo de encima cuanto antes. El esmalte no se ha estropeado con el tiempo: se formó defectuoso mientras el diente se construía dentro del hueso, años antes de salir a la boca. Ni el cepillado ni el azúcar de ahora lo explican.
- ¿Cómo sé si es genético o pasó algo en la infancia?
- Por el patrón. Si el defecto está en todos los dientes, de leche y definitivos, y hay otros casos en la familia, apunta a amelogénesis imperfecta, que es genética. Si está en unas piezas sí y en otras no, coincidiendo con una enfermedad o un episodio de la infancia, apunta a hipoplasia adquirida: afecta solo a lo que se estaba formando en ese momento y deja la marca a esa altura.
- ¿Se le puede blanquear?
- No resuelve el problema. El color no es una mancha superficial: viene de dentro, porque la dentina se transparenta a través de un esmalte más delgado. El peróxido actúa sobre pigmentos, no sobre el grosor del esmalte, así que lo que cambia el aspecto es cubrir o sustituir.
- ¿Qué se hace en cada edad?
- En dientes de leche, que no haya dolor y pueda masticar: coronas prefabricadas en las muelas, que no son bonitas y aguantan hasta el recambio, y composite delante. En adolescencia, todo provisional, porque la encía aún se está colocando: composite, coronas provisionales, flúor de alta concentración e higiene estricta. En edad adulta ya se hace lo definitivo, con carillas si queda esmalte al que adherirse y coronas si no.
- ¿Por qué hay que repetir los arreglos?
- Porque la adhesión es más difícil de lo normal: un composite se pega peor a un esmalte defectuoso. Eso significa revisiones más frecuentes y alguna reposición con los años. No es un fallo del trabajo, es el terreno sobre el que se trabaja.
- ¿Qué ayuda mientras tanto?
- Tres cosas que no cuestan nada. Flúor de alta concentración, aplicado en clínica y en casa, que endurece lo que hay y baja mucho la sensibilidad. Higiene meticulosa con cepillo blando, para no desgastar más lo ya desgastado. Y menos ácidos y azúcares, sobre todo menos veces al día. Las revisiones pasan a ser cada tres o seis meses.
Fuentes
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