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Retenedores: cuánto tiempo hay que llevarlos y qué pasa si los dejas

La retención no tiene fecha de caducidad. Qué tipos de retenedores hay, cuántas horas se llevan, cómo se limpian y qué avisa de que algo se ha movido.

Un retenedor transparente y un retenedor fijo de alambre, los dos sobre la mesa

Escrito por Equipo médico de Cleardent Contenido bajo la dirección médica del Dr. Ismael Cerezo, Director Médico de Cleardent · Nº colegiado 23001944

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Qué conviene tener claro

  • La retención no tiene fecha de caducidad: las fibras que sujetan el diente conservan memoria.
  • El retenedor fijo falla más de lo que parece: un 35 % de media, y más de la mitad a largo plazo.
  • Por eso el fijo necesita revisión, y no basta con que no se note nada.
  • Ningún tipo de retenedor ha demostrado ser mejor que otro. Lo que decide es llevarlo.
  • La señal más fiable de que algo se ha movido es que el removible deje de entrar con facilidad.

Mucha gente piensa que el retenedor es la última fase del tratamiento y que un día se acaba. No es así, y conviene que lo sepas antes de terminar la ortodoncia y no después.

¿Y por qué no se acaba nunca? Porque tus dientes no están pegados al hueso. Los sujetan unas fibras elásticas que tienen memoria y que siguen tirando hacia la posición antigua, y esa tendencia no llega a desaparecer nunca del todo.

¿Qué tipos hay?

Existen dos tipos distintos, y lo habitual es que acabes llevando los dos a la vez.

El fijo es un alambre muy fino que va pegado por la cara de atrás de los dientes de delante. No se ve, no se quita y trabaja por su cuenta, que es justamente su gran ventaja. Su punto débil es que puede despegarse por un extremo sin que llegues a enterarte.

Y eso pasa más de lo que parece. El metaanálisis que reunió 34 estudios y 3.484 participantes sitúa el fallo del retenedor fijo en torno al 35 %, con un ascenso claro según pasa el tiempo: cerca del 24 % a corto plazo, un 40 % a medio y casi el 54 % a largo plazo. No encontró diferencias claras entre técnicas de pegado ni entre materiales, así que lo que cambia el resultado no es cómo se pegó: es que alguien lo mire.

El removible es una férula transparente, o una placa de las de toda la vida, que te pones por la noche. Depende por completo de ti, y ahí es donde está el problema.

Cuál de los dos es mejor no está resuelto: la revisión Cochrane sobre retención concluye que la evidencia es de certeza baja o muy baja y no permite recomendar una estrategia sobre otra. Por eso lo habitual es llevar los dos.

¿Cuántas horas al día?

La pauta que más se usa va bajando con el tiempo:

Los primeros meses se lleva muchas horas al día, o casi todo el día. A partir del primer año, ya solo hace falta llevarlo para dormir.

Y después, para dormir y de forma indefinida, aunque en algunos casos se puede espaciar a varias noches por semana.

Ese «indefinida» es la palabra que nadie quiere oír, pero es la verdad. Decirte otra cosa sería venderte una recidiva a plazos.

¿Qué pasa si los dejas?

De un día para otro no pasa absolutamente nada. El problema es que ese movimiento es lento y no se nota hasta que ya ha ocurrido.

La señal más fiable de todas es esta: el retenedor deja de entrar con facilidad. Si te cuesta ponerlo, o aprieta donde antes no apretaba, es que algo se ha movido ya.

¿Y qué haces entonces? No lo fuerces nunca. Forzarlo duele y puede romperlo, y tampoco devuelve los dientes a su sitio. Lo que toca entonces es pedir cita para que lo valoremos en consulta.

Cómo se limpian

El removible se lava con agua fría y un cepillo aparte, y nunca con pasta de dientes, porque la pasta lo raya y lo vuelve opaco. El agua caliente lo deforma, así que ni lavavajillas ni la taza de café de la mañana.

Guárdalo siempre seco y dentro de su caja. Dejarlo envuelto en una servilleta es la forma más rápida de que acabe en la basura, y aquí nos pasa prácticamente cada semana.

El fijo se limpia con seda enhebrada o con un cepillo interdental, todos los días. Ahí debajo se acumula sarro con mucha facilidad, y un retenedor fijo con sarro acaba dando problemas de encía.

¿Cuándo hay que venir?

Dos modelos iguales: en el primero los dientes de delante están alineados y en el segundo uno se ha girado
No vuelven de golpe: se giran despacio, y cuando se nota ya se han movido

Con cualquiera de estas tres:

  • El retenedor removible ya no te entra bien, o notas un diente que se mueve al tocarlo con la lengua.
  • El alambre fijo se ha despegado de algún diente, aunque siga pegado en los demás.
  • El removible se ha roto, o directamente lo has perdido.

Esa última importa más de lo que parece. Cada semana sin retenedor es tiempo en el que tus dientes van a su aire, así que no esperes a la revisión anual.

¿Te reconoces en alguna de esas tres situaciones? Entonces merece la pena que lo veamos antes de que haya que repetir el tratamiento.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo hay que llevar los retenedores?
De forma indefinida, y conviene saberlo antes de terminar la ortodoncia. Los dientes no están pegados al hueso: los sujetan unas fibras elásticas con memoria que siguen tirando hacia la posición antigua, y esa tendencia no desaparece del todo. La pauta habitual baja con el tiempo: muchas horas los primeros meses, solo para dormir a partir del primer año, y para dormir de forma indefinida después.
¿Qué pasa si dejo de ponérmelos?
De un día para otro, nada. El problema es que el movimiento es lento y no se nota hasta que ya ha ocurrido. La señal más fiable es que el retenedor deje de entrar con facilidad: si cuesta ponerlo o aprieta donde antes no apretaba, algo se ha movido. No lo fuerces, porque duele, puede romperlo y no devuelve los dientes a su sitio.
¿Es mejor el fijo o el removible?
Ninguno ha demostrado ser mejor. La revisión Cochrane sobre retención concluye que la certeza de la evidencia es baja o muy baja y no permite recomendar una estrategia sobre otra. Lo habitual es llevar los dos: el fijo trabaja solo y el removible depende de ti.
¿El retenedor fijo se puede despegar?
Con más frecuencia de la que se cree. El metaanálisis que reunió 34 estudios y 3.484 participantes situó el fallo del retenedor fijo en torno al 35 %, y describe cómo sube con el tiempo: cerca del 24 % a corto plazo, un 40 % a medio y casi el 54 % a largo. Además no encontró diferencias claras entre técnicas de pegado ni entre materiales. Eso es exactamente por lo que se revisa: no basta con que no se note nada.
¿Cómo se limpian?
El removible, con agua fría y un cepillo aparte, nunca con pasta de dientes, que lo raya y lo vuelve opaco. El agua caliente lo deforma, así que ni lavavajillas ni taza de café. Se guarda seco y en su caja. El fijo se limpia a diario con seda enhebrada o cepillo interdental, porque ahí debajo se acumula sarro con facilidad.
¿Cuándo hay que pedir cita?
Si el removible ya no entra bien o notas un diente que se mueve al tocarlo con la lengua; si el alambre fijo se ha despegado de algún diente, aunque siga pegado en los demás; y si el removible se ha roto o lo has perdido. Cada semana sin retenedor es tiempo en el que los dientes van a su aire.

Fuentes

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