¿Qué es la ortodoncia y cuándo hace falta de verdad?
Mueve los dientes aprovechando que el hueso se remodela. Qué tipos hay, en qué se diferencian de verdad, a qué edad conviene y cuándo no hace ninguna falta.
Escrito por Equipo médico de Cleardent Contenido bajo la dirección médica del Dr. Ismael Cerezo, Director Médico de Cleardent · Nº colegiado 23001944
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Qué conviene tener claro
- No empuja el diente contra el hueso: aprovecha que el hueso se rehace alrededor del diente.
- Por eso hace falta fuerza suave y continua, y por eso tarda meses.
- Los tipos se diferencian en dónde va el aparato y si te lo puedes quitar, no en lo que consiguen.
- En niños, muchas maloclusiones vienen de caries, traumatismos y hábitos, y ahí se puede prevenir.
- Y hay apiñamientos leves que no necesitan tratarse: se vigilan.
¿Cómo puede moverse un diente que está anclado en el hueso? Esa es la pregunta que casi nadie hace y la que explica todo lo demás.
La ortodoncia no empuja el diente contra el hueso. Aplica una presión suave y sostenida, y el hueso responde a esa presión. Se reabsorbe por el lado hacia el que empujas y se forma por el lado contrario. El diente no atraviesa el hueso, viaja con él.
Por qué tarda tanto
Porque el que marca el ritmo es el hueso y no el aparato.
Esa remodelación lleva semanas, y no se acelera apretando más. Una fuerza excesiva no mueve el diente más rápido. Comprime el ligamento, le corta el riego y puede acortarte la raíz. Por eso las revisiones son cada cuatro u ocho semanas y no cada tres días.
¿Qué tipos hay?
Se diferencian en dos cosas, y ninguna es «lo bien que quedan». Una es dónde va colocado el aparato y la otra es si te lo puedes quitar tú.
Los brackets metálicos van pegados por la cara de fuera y son la opción de referencia. Los estéticos son exactamente iguales, pero de cerámica del color del diente. La ortodoncia lingual va por la cara interna y no se ve desde fuera. Y los alineadores son férulas transparentes que te quitas para comer.
¿Y cuál va más rápido? En apiñamientos leves y moderados, parecido. La revisión que reunió diez estudios comparando férulas con aparato fijo no halló diferencia significativa de duración, aunque avisa de que la evidencia es de nivel bajo y de que faltan datos en casos severos.
¿A qué edad se empieza?
Hay una primera revisión que conviene hacia los seis o siete años, cuando ya asoman los primeros molares e incisivos definitivos. No es para poner aparato: es para ver cómo crecen los maxilares y detectar a tiempo lo que se corrige mejor mientras hay crecimiento.
La mayoría de los tratamientos se hacen más tarde, con casi toda la dentición definitiva fuera. Y en adultos no hay edad límite mientras las encías estén sanas, porque lo que manda ahí no es tu año de nacimiento sino el estado de tu soporte.
¿Se puede evitar?
En parte, y por eso importa revisar pronto.
La literatura relaciona muchas maloclusiones infantiles con cosas que se pueden prevenir o tratar: caries que obligan a perder un diente de leche antes de tiempo, lesiones del nervio y de la zona de la raíz, traumatismos, alteraciones del desarrollo y hábitos como la succión prolongada.
Perder un molar de leche pronto es el caso más claro. El espacio que guardaba se cierra, y el definitivo que venía detrás se queda sin sitio. Eso es apiñamiento fabricado, no heredado.
¿Y si mi caso es leve?
Entonces cabe no hacer nada, y conviene decirlo aunque suene raro en la web de una clínica.
Un apiñamiento pequeño que no te compromete la limpieza ni la mordida es una variante de la normalidad, no una enfermedad. Vigilarlo es una opción legítima, y a veces la mejor que tienes.
Lo que sí tiene sentido que pidas siempre es una frase concreta, que es qué problema resuelve el tratamiento que te proponen. Si la respuesta es clara, adelante. Si no la hay, tampoco pasa nada por esperar.
Cuando ya está decidido, lo que viene después está en la cita de colocación y en cómo se quitan.
Preguntas frecuentes
- ¿Qué es exactamente la ortodoncia?
- Es la parte de la odontología que corrige la posición de los dientes y la relación entre las dos arcadas. No empuja el diente a la fuerza: aplica una presión suave y constante, y el hueso que lo rodea se reabsorbe por un lado y se forma por el otro. El diente no se mueve dentro del hueso, se mueve con él.
- ¿Por qué tarda tantos meses?
- Porque el límite lo pone el hueso, no el aparato. La remodelación ósea lleva su tiempo y no se puede acelerar apretando más: una fuerza excesiva no mueve más rápido, corta el riego del ligamento y puede dañar la raíz. De ahí que las citas sean cada cuatro u ocho semanas.
- ¿Qué tipos hay y en qué se diferencian?
- En dónde va el aparato y en si te lo puedes quitar. Los brackets metálicos van pegados por fuera; los estéticos son iguales pero de cerámica; los linguales van por la cara interna y no se ven; y los alineadores son férulas transparentes removibles. Lo que consiguen es parecido en los casos leves y moderados: la revisión que comparó férulas y aparato fijo en apiñamiento no encontró diferencia de duración.
- ¿A qué edad conviene empezar?
- Hay una primera revisión útil hacia los seis o siete años, cuando ya han salido los primeros molares e incisivos definitivos. No es para poner aparato, sino para ver cómo están creciendo los maxilares. La mayoría de los tratamientos completos se hacen después, cuando ha salido casi toda la dentición definitiva, y en adultos se puede hacer a cualquier edad si las encías están sanas.
- ¿Se puede prevenir una maloclusión?
- En parte sí, y esa es la razón de revisar pronto. La literatura relaciona muchas maloclusiones infantiles con problemas evitables: caries que hacen perder un diente de leche antes de tiempo, lesiones del nervio, traumatismos y hábitos como la succión prolongada. Cuidar eso no garantiza nada, pero quita causas.
- ¿Y si mi caso es leve?
- Entonces puede que no haya que tratarlo. Un apiñamiento pequeño que no compromete la higiene ni la mordida es una variante, no una enfermedad, y vigilarlo es una opción legítima. Si alguien te propone tratar sin explicarte qué problema resuelve, esa explicación es justo lo que conviene pedir.
Fuentes
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