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Ortodoncia infantil: la ventana que se cierra y lo que puede esperar

La ortodoncia infantil corrige problemas aprovechando el crecimiento. Qué se mira a los siete años, qué se trata entonces y qué espera a la adolescencia.

Dos modelos infantiles: en uno los dientes de delante se montan y en el otro hay sitio

Escrito por Equipo médico de Cleardent Contenido bajo la dirección médica del Dr. Ismael Cerezo, Director Médico de Cleardent · Nº colegiado 23001944

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Qué conviene tener claro

  • Lo que afecta al crecimiento de los huesos tiene una ventana que se cierra. Lo que afecta a la posición de los dientes puede esperar.
  • La primera valoración va a los seis o siete años, y en la mayoría de los casos solo se observa.
  • Un paladar estrecho se ensancha a los siete. A los trece o catorce, la sutura ya está fusionada.
  • Dos fases no siempre son mejores que una. Con dientes muy salidos sí hay una ventaja medida: menos traumatismos.
  • Una fase interceptiva no evita que haga falta ortodoncia después. Decirlo antes evita la decepción.

Conviene empezar por la distinción que ordena toda esta decisión, porque sin ella la pregunta «¿ya le toca ortodoncia?» no tiene respuesta.

Hay dos tipos de problema. Unos afectan a cómo crecen los huesos de la cara, y esos solo se corrigen mientras el crecimiento está en marcha. Otros afectan a la posición de los dientes dentro de ese hueso, y esos se corrigen a cualquier edad.

De ahí sale el criterio: lo primero tiene una ventana que se cierra; lo segundo puede esperar.

Qué se revisa a los siete años

La primera valoración de ortodoncia se hace en torno a los seis o siete años, cuando ya han salido las primeras muelas definitivas y los incisivos. Esa revisión no significa poner aparato, porque en la mayoría de los casos solo se observa.

Lo que se busca son cinco cosas concretas:

  • Mordida cruzada posterior, cuando los dientes de arriba muerden por dentro de los de abajo en algún lado. Suele venir de un paladar estrecho.
  • Mordida abierta, cuando los dientes de delante no llegan a tocarse al cerrar.
  • Mordida invertida anterior, con los incisivos de abajo por delante de los de arriba.
  • Respiración por la boca, que altera cómo crece el paladar.
  • Falta de espacio severa o pérdida temprana de dientes de leche.

Lo que sí se trata en esa edad

Es lo que se llama ortodoncia interceptiva, y su objetivo es otro: corregir el crecimiento, no colocar los dientes.

La expansión del paladar es el caso más claro. Un paladar estrecho se ensancha con un aparato que separa la sutura del maxilar (la unión central del paladar), que a esa edad todavía no ha cerrado. Con trece o catorce años esa sutura ya está fusionada y el mismo problema requiere cirugía.

Los mantenedores de espacio guardan el hueco cuando se pierde un diente de leche antes de tiempo, para que los vecinos no se desplacen y el definitivo tenga sitio.

La mordida invertida anterior conviene corregirla pronto, porque si se deja, el maxilar superior queda frenado en su crecimiento por la posición de la mandíbula.

Y los hábitos (chupete, dedo, empujar con la lengua) se abordan en esta fase, porque mantener la corrección sin eliminarlos no funciona.

Lo que conviene dejar para más adelante

Aquí está la otra mitad del criterio, y evita tratamientos innecesariamente largos.

El apiñamiento en sí no es urgente mientras quede recambio por delante. Alinear dientes de leche que se van a caer no tiene sentido, y poner aparato a los ocho años para un apiñamiento moderado suele significar volver a ponerlo a los trece.

Los dientes torcidos sin problema de mordida entran en la misma categoría: se resuelven bien en la adolescencia, cuando ya están todos los definitivos.

Hay una excepción que conviene conocer, porque está medida. En los dientes de delante muy salidos, la revisión Cochrane encontró que tratar pronto reduce la incidencia de traumatismos en los incisivos frente a esperar a la adolescencia, con evidencia de calidad baja a moderada. Y añade lo otro con la misma claridad: no parece haber ninguna otra ventaja en empezar antes.

Un modelo con brackets solo en los dientes de delante y las muelas todavía de leche
Primero se guía lo que crece y después, si hace falta, se alinea lo demás

Y esto conecta con algo que conviene tener presente: dos fases de tratamiento no siempre son mejores que una. Cuando el caso admite una sola fase en la adolescencia, hacerla así suele ser preferible, porque un tratamiento a los ocho años seguido de otro a los trece implica el doble de tiempo con aparato.

Si alguien propone empezar a los siete años un apiñamiento sin problema de mordida detrás, conviene preguntar qué se gana con ello.

Con qué se trata

En estas edades hay tres tipos de aparato y cada uno responde a un problema distinto.

Los aparatos fijos de expansión van cementados al paladar y los activáis en casa con una llave, según la pauta que se indique. Su efecto es esquelético: separan hueso.

Los removibles se quitan y se ponen, y funcionan exactamente en la medida en que se lleven puestos. Aquí el resultado depende de las horas, y esa parte depende de tu casa y no de la clínica.

Los brackets parciales se colocan solo en unos pocos dientes, para resolver algo concreto sin tratar la boca entera.

Los alineadores también se usan en niños, aunque conviene saber que exigen la misma disciplina que en un adulto: veintidós horas al día.

Cuánto dura y qué pasa después

Una fase interceptiva dura entre seis meses y un año, bastante menos que un tratamiento completo de adolescencia.

Y hay algo que conviene anticipar sin rodeos: una fase interceptiva no evita que haga falta ortodoncia después. Corrige el problema esquelético y crea mejores condiciones, pero la colocación final de los dientes se hace cuando están todos los definitivos.

Decirlo antes evita la decepción de llegar a los trece años y descubrir que hace falta una segunda fase que nadie había mencionado.

La retención, al terminar, es indefinida. Un diente movido no se queda quieto solo, y eso vale igual a los nueve años que a los cuarenta.

Cómo se plantea

Primero el estudio, con escaneado, radiografía panorámica y telerradiografía (la de perfil), que es la que permite ver cómo están creciendo los huesos de la cara.

De ahí sale el diagnóstico, y con él la decisión de tratar ahora, esperar o derivar. Si hay respiración por la boca, se deriva al otorrino antes de nada, porque sin resolver eso la corrección no se mantiene.

El presupuesto va cerrado y por escrito, con las revisiones y la retención dentro, y con lo que no incluye dicho igual de claro. Si el plan contempla una segunda fase en la adolescencia, eso se dice ahora.

La financiación es de hasta treinta y seis meses, sujeta a estudio y aprobación previa de la entidad financiera.

Preguntas frecuentes

¿A qué edad hay que llevarlo a ortodoncia?
La primera valoración se hace en torno a los seis o siete años, cuando ya han salido las primeras muelas definitivas y los incisivos. Eso no significa poner aparato: en la mayoría de los casos solo se observa. Lo que se busca son cinco cosas concretas, y todas tienen que ver con el crecimiento y no con lo torcidos que estén los dientes.
¿Qué se trata de verdad a esa edad?
Lo que se llama ortodoncia interceptiva, cuyo objetivo es corregir el crecimiento y no colocar los dientes. La expansión del paladar es el caso más claro: a los siete años la sutura del maxilar todavía no ha cerrado y se puede separar con un aparato; con trece o catorce ya está fusionada y el mismo problema requiere cirugía. También los mantenedores de espacio, la mordida invertida anterior y los hábitos.
¿Es mejor empezar pronto?
Depende del problema, y hay evidencia concreta. La revisión Cochrane sobre dientes de delante muy salidos encontró que el tratamiento temprano reduce la incidencia de traumatismos en los incisivos frente a esperar a la adolescencia, con evidencia de calidad baja a moderada. Y añade lo otro: no parece haber ninguna otra ventaja en empezar antes.
¿Qué conviene dejar para más adelante?
El apiñamiento en sí, mientras quede recambio por delante: alinear dientes de leche que se van a caer no tiene sentido, y poner aparato a los ocho años suele significar volver a ponerlo a los trece. Y los dientes torcidos sin problema de mordida, que se resuelven bien en la adolescencia. Si alguien propone empezar a los siete un apiñamiento sin mordida detrás, conviene preguntar qué se gana.
¿La primera fase evita la segunda?
No, y conviene anticiparlo sin rodeos. Una fase interceptiva corrige el problema esquelético y crea mejores condiciones, y la colocación final de los dientes se hace cuando están todos los definitivos. Decirlo antes evita llegar a los trece años y descubrir una segunda fase que nadie había mencionado.
¿Y después del tratamiento?
La retención es indefinida. Un diente movido no se queda quieto solo, y eso vale igual a los nueve años que a los cuarenta. Los retenedores entran en el presupuesto desde el principio, porque son lo que sostiene el resultado y no un extra.

Fuentes

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