La carta del Ratoncito Pérez: cómo montar la noche del primer diente
El primer diente que se cae da miedo a muchos niños. Cómo preparar la carta y la puerta mágica, qué contarle según su edad y cómo usar esa noche.
Escrito por Equipo médico de Cleardent Contenido bajo la dirección médica del Dr. Ismael Cerezo, Director Médico de Cleardent · Nº colegiado 23001944
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Qué conviene tener claro
- La carta funciona si nombra el diente concreto y deja una tarea pequeña. Nunca una condición.
- Nada de «si te portas bien»: eso convierte el cepillado en un chantaje y se vuelve en contra.
- El miedo al dentista es más frecuente cuanto más pequeño es el niño: 36 % en preescolares frente al 13 % en adolescentes.
- Los niños que nunca han ido tienen más miedo, no menos. Una visita sin tratamiento es la mejor primera visita.
- Si el diente no se mueve, no se fuerza: puede quedar un trozo de raíz dentro.
A tu hijo se le mueve el primer diente y no sabes si está más ilusionado o más asustado. Las dos cosas a la vez, normalmente. Aquí tienes cómo montar esa noche para que salga bien.
¿Por qué merece la pena montarlo?
Perder un diente es la primera vez que a un niño se le cae un trozo de su propio cuerpo. A esa edad eso da respeto, sobre todo si ha sangrado un poco.
El Ratoncito Pérez convierte eso en algo bueno. Y de paso da la mejor oportunidad del año para hablar de dientes sin que suene a sermón.
La carta
Se escribe a mano, en un papel pequeño y con letra distinta a la de siempre. Que sea corta, de cuatro o cinco frases.
Lo que funciona en una carta:
- Nombrar el diente concreto: «el de abajo a la izquierda, el que se te movía desde el verano».
- Decir algo que solo sepa alguien que ha estado en su boca: que se cepilla bien por la noche, o que le falta un poco por detrás.
- Dejar una tarea pequeña: seguir cepillándose antes de dormir, o cuidar el hueco.
- Despedirse prometiendo volver, porque quedan diecinueve dientes más.
Lo que no conviene poner es una condición. Nada de «si te portas bien» ni «si te cepillas te traeré más», porque eso convierte el cepillado en un chantaje y se acaba volviendo en contra.
La puerta mágica
Es un trozo de cartulina o de madera fina, del tamaño de un libro pequeño, pintado como una puertecita y pegado a la pared a ras de suelo. Se coloca la noche antes, en el cuarto o en el salón.
Funciona muy bien porque explica cómo entra el ratón sin necesidad de inventar nada raro. Y si algún año se olvida la moneda, la puerta permite decir que llegó tarde.
¿Qué le cuento según la edad?
- De cinco a siete años se lo cree del todo. Lo mejor es disfrutarlo y no complicar la historia.
- De siete a nueve empieza con preguntas de detective. Se responde con otra pregunta y se le deja decidir.
- Cuando llegue la pregunta de verdad, con esa cara, toca decirlo y ofrecerle el papel de ratoncito con los hermanos pequeños.
Que se le caiga el mito no le quita nada. Lo que le queda es que en esta casa los dientes son algo que se celebra.
Aprovecha la noche para tres cosas
Sin sermones, mientras se monta la puerta:
- Enséñale el hueco en el espejo y dile que ahí viene uno nuevo, más grande y más amarillito. Los definitivos son más oscuros que los de leche y eso asusta a muchos padres.
- Cuéntale que ese diente nuevo ya no se cae, así que se cuida distinto.
- Dile que en la próxima revisión se lo enseña al dentista, que también le hace ilusión ver el hueco.
Ese último punto vale mucho, y no es solo intuición de padre. El miedo al dentista es más frecuente cuanto más pequeño es el niño. Los metaanálisis lo sitúan entre el 30 y el 36 % en preescolares, frente al 13 % en adolescentes. Y los niños que nunca han ido tienen más probabilidad de tenerlo que los que ya han ido alguna vez.
Dicho de otro modo: esperar a que haya un motivo para llevarle es justo lo que fabrica el miedo. Un niño que va al dentista a enseñar algo va con otra cara que uno que va porque le duele.
Si el diente no se mueve todavía
No lo fuerces ni le tires. Si está listo, se cae solo; si no, duele y puede quedar un trozo de raíz dentro.
Y si a los ocho años todavía no se le ha caído ninguno, lo cuento en mi hijo tiene 7 años y no se le cae ningún diente. Casi todo lo de esta edad se resuelve bien si se mira a tiempo.
Preguntas frecuentes
- ¿Qué se pone en la carta del Ratoncito Pérez?
- Cuatro o cinco frases, escritas a mano en papel pequeño y con letra distinta a la de siempre. Funciona nombrar el diente concreto («el de abajo a la izquierda, el que se te movía desde el verano»), decir algo que solo sabría alguien que ha estado en su boca, dejar una tarea pequeña y despedirse prometiendo volver, porque quedan diecinueve dientes más.
- ¿Puedo poner una condición, tipo «si te cepillas te traeré más»?
- Mejor no. Eso convierte el cepillado en un chantaje y acaba volviéndose en contra: el día que la recompensa no llega, el hábito se cae con ella. La tarea que sí funciona es concreta y sin premio asociado: seguir cepillándose antes de dormir, o cuidar el hueco.
- ¿Cómo se monta la puerta mágica?
- Con un trozo de cartulina o madera fina del tamaño de un libro pequeño, pintado como una puertecita y pegado a la pared a ras de suelo, la noche antes. Explica cómo entra el ratón sin necesidad de inventar nada raro. Y tiene una ventaja práctica: si algún año se olvida la moneda, la puerta permite decir que llegó tarde.
- ¿Qué le cuento según la edad?
- De cinco a siete años se lo cree del todo, así que lo mejor es disfrutarlo sin complicar la historia. De siete a nueve empiezan las preguntas de detective, y ahí se responde con otra pregunta y se le deja decidir. Cuando llegue la pregunta de verdad, con esa cara, toca decirlo y ofrecerle el papel de ratoncito con los hermanos pequeños.
- ¿Sirve de algo para que no le dé miedo el dentista?
- Sirve bastante, y hay datos detrás. El miedo al dentista es más frecuente cuanto más pequeño es el niño: los metaanálisis lo sitúan en torno al 30-36 % en preescolares, el 26 % en escolares y el 13 % en adolescentes. Y hay un dato que cambia el plan: los niños que nunca han ido tienen más probabilidad de tener miedo que los que ya han ido. Es decir, la primera visita conviene que llegue pronto y sin nada que tratar.
- ¿Y si el diente todavía no se mueve?
- No lo fuerces ni le tires. Si está listo se cae solo; si no, duele y puede quedar un trozo de raíz dentro. Y si a los ocho años todavía no se le ha caído ninguno, eso sí conviene mirarlo.
Fuentes
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