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Gerodontología: qué cambia en la boca a partir de los sesenta y cinco

Caries de raíz, boca seca por la medicación y dificultad para tragar: los frentes a partir de los 65. Qué se hace y qué se decide con el médico.

Una prótesis parcial y un cepillo de mango grueso sobre la mesa

Escrito por Equipo médico de Cleardent Contenido bajo la dirección médica del Dr. Ismael Cerezo, Director Médico de Cleardent · Nº colegiado 23001944

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Qué conviene tener claro

  • La edad por sí sola no contraindica prácticamente nada. Lo que condiciona es el estado general y la medicación.
  • El problema dominante es la caries de raíz: avanza rápido, rodea el cuello del diente y a menudo no duele.
  • La sequedad no la causa la edad, la causa la medicación. Y multiplica las caries de raíz.
  • Los anticoagulantes no se suspenden por iniciativa del dentista: suspenderlos tiene más riesgo que el sangrado que evitan.
  • Los bifosfonatos se declaran aunque se dejaran hace años. Se acumulan en el hueso.

Conviene empezar por desmontar una idea que sigue estando muy extendida, incluso entre profesionales: la de que a cierta edad ya no compensa tratar una boca.

La edad por sí sola no contraindica prácticamente nada. Lo que sí condiciona el tratamiento es el estado general, la medicación y lo que cada persona necesita hacer con su boca, y eso varía enormemente entre dos personas de la misma edad.

Un paciente de ochenta años autónomo y sin patología relevante tolera lo mismo que uno de cincuenta. Uno de setenta con varias enfermedades y ocho fármacos requiere un planteamiento distinto, y esa distinción no la marca el calendario.

Qué cambia realmente en la boca

Tres cosas, y ninguna de ellas es el desgaste que suele suponerse.

La primera es la caries de raíz, y es el problema dominante a estas edades. Cuando la encía se retrae, queda expuesta la raíz del diente, que no tiene esmalte: su superficie es cemento y dentina (mucho más blandas que el esmalte). Una caries ahí avanza bastante más rápido y rodea el diente por el cuello, donde además es difícil de restaurar.

La segunda es la sequedad de boca. Al contrario de lo que se cree, la edad por sí misma reduce poco el flujo salival. Lo que lo reduce es la medicación, y a partir de los sesenta y cinco es frecuente tomar varios fármacos con ese efecto: antihipertensivos, diuréticos, antidepresivos, antihistamínicos y los de la vejiga (anticolinérgicos). Una boca seca multiplica las caries de raíz, produce dolor bajo la prótesis y dificulta tragar.

Y la tercera es la pérdida de sensibilidad pulpar. La pulpa se retrae con los años, así que una caries profunda puede no doler. Eso significa que el dolor deja de ser un aviso fiable y que la revisión periódica pasa a ser lo único que detecta a tiempo.

Por qué la boca importa fuera de la boca

Aquí conviene ser concreto, porque es lo que justifica dedicarle atención.

Una boca sin dientes funcionales cambia la alimentación, y lo hace en una dirección concreta. Se abandonan las verduras crudas, la carne y la fruta con piel, y se sustituyen por hidratos blandos. El resultado es una dieta peor, y la desnutrición en personas mayores tiene consecuencias serias.

La neumonía por aspiración es la segunda vía. Conviene precisar hasta dónde llega lo demostrado: la revisión Cochrane sobre cuidados orales en residencias no pudo determinar si reducen la incidencia de neumonía, y encontró con evidencia de baja calidad que podrían reducir la mortalidad por esa causa.

Y hay una tercera de la que casi nunca se habla. La dificultad para masticar en compañía, o una prótesis que se mueve al hablar, llevan a evitar comer con otros. El aislamiento que eso produce no es un efecto menor.

Lo que hay que decir antes de un tratamiento

Esta es la parte práctica y conviene llevarla por escrito a la consulta.

La lista completa de medicación, con las dosis, es lo primero. Hay tres grupos que cambian por completo la planificación:

  • Anticoagulantes y antiagregantes. No se suspenden por iniciativa propia ni por indicación del dentista: suspenderlos tiene más riesgo que el sangrado que evitan. La mayoría de las extracciones se realizan sin retirarlos, con medidas locales.
  • Bifosfonatos y denosumab (los de la osteoporosis). Hay que declararlos aunque se dejaran de tomar hace años, porque se acumulan en el hueso y condicionan cualquier extracción o cirugía.
  • Inmunosupresores y corticoides, que alteran la cicatrización y a veces requieren profilaxis.

La diabetes, si la hay, entra también en esa lista con su grado de control, porque influye tanto en la encía como en la cicatrización.

Qué se hace y con qué criterio

El criterio no es hacer lo máximo posible, sino lo que esa persona va a poder mantener.

Eso significa preferir soluciones sencillas y fáciles de limpiar a otras más sofisticadas que requieran una destreza que quizá no se conserve dentro de unos años. Una prótesis removible bien hecha puede ser mejor opción que una rehabilitación compleja si la higiene va a ser difícil.

Un cepillo interdental y una prótesis dentro de su vaso, sobre la mesa
Lo que sujeta lo que queda es la limpieza de todos los días, no el tratamiento

Los implantes se colocan a cualquier edad y la osteointegración funciona igual. Conviene, eso sí, dar la cifra con su matiz: la revisión sobre supervivencia a diez años sitúa la de los mayores de 65 años en el 91,5 %, frente al 93,2 % del conjunto. Lo que se valora es el estado general, la medicación y si esa persona podrá mantener la higiene que exigen. Hay una solución intermedia que resuelve muchos casos: dos implantes en la mandíbula para retener una prótesis completa (la llamada sobredentadura), un tratamiento poco invasivo que cambia por completo la estabilidad de la dentadura inferior.

En sesiones, se prefieren las cortas y a primera hora, con el sillón lo más incorporado que permita el tratamiento.

Lo que se recomienda en casa

Las medidas concretas, que son las que sostienen todo lo anterior.

Para la caries de raíz, pasta con flúor de alta concentración, que se dispensa en farmacia con indicación. Es la medida más eficaz que existe para este problema.

Para la sequedad, agua a pequeños sorbos, saliva artificial (gel o espray), chicles con xilitol y evitar los colutorios con alcohol. Y conviene revisar una cosa con el médico: si algún fármaco puede sustituirse por otro con menos efecto sobre la saliva.

Para la higiene, cepillo eléctrico (compensa la pérdida de destreza) y cepillos interproximales en lugar de seda, que resultan mucho más manejables.

Y para la prótesis removible: retirarla siempre por la noche, limpiarla fuera de la boca y guardarla en seco.

Cuando hay dependencia

Si la persona ya no puede cepillarse sola, la responsabilidad pasa a quien la cuida, y ese traspaso suele ocurrir antes de lo que parece.

El gesto de cepillarse se conserva mucho después de que se haya perdido la eficacia: alguien puede llevarse el cepillo a la boca sin limpiar nada. Conviene comprobarlo en lugar de suponerlo.

Lo que funciona es situarse detrás o al lado, nunca de frente, apoyar la cabeza y avisar antes de cada movimiento. Un cepillo eléctrico de cabezal pequeño hace el trabajo con menos presión, y si hay rechazo se limpia por zonas y en varios momentos del día en lugar de forzar una sesión entera.

Lo que conviene retener

Que la edad no contraindica un tratamiento, y que quien lo dice suele estar aplicando un prejuicio y no un criterio clínico.

Que el problema dominante es la caries de raíz, que avanza rápido y no duele, y que se previene con flúor de alta concentración y revisiones semestrales.

Y que la medicación hay que llevarla por escrito y completa, incluyendo los bifosfonatos aunque se dejaran hace años. Ese dato concreto evita la complicación más seria de todas.

Preguntas frecuentes

¿A cierta edad ya no compensa tratar la boca?
La edad por sí sola no contraindica prácticamente nada, y quien dice lo contrario suele estar aplicando un prejuicio y no un criterio clínico. Lo que condiciona el tratamiento es el estado general, la medicación y lo que cada persona necesita hacer con su boca. Un paciente de ochenta años autónomo y sin patología relevante tolera lo mismo que uno de cincuenta.
¿Qué cambia de verdad en la boca?
Tres cosas. La caries de raíz, que es el problema dominante: cuando la encía se retrae queda expuesta una superficie sin esmalte, más blanda, donde la caries avanza más rápido. La sequedad de boca, que no la produce la edad sino la medicación. Y la pérdida de sensibilidad pulpar, que hace que una caries profunda pueda no doler: el dolor deja de ser un aviso fiable.
¿Qué medicación tengo que declarar?
Toda, con las dosis y por escrito. Hay tres grupos que cambian por completo la planificación: anticoagulantes y antiagregantes, que no se suspenden por iniciativa propia ni del dentista, porque suspenderlos tiene más riesgo que el sangrado que evitan; bifosfonatos y denosumab, que se declaran aunque se dejaran hace años porque se acumulan en el hueso; e inmunosupresores y corticoides, que alteran la cicatrización.
¿Se pueden poner implantes a los ochenta?
Sí, y la osteointegración funciona igual. Lo que se valora es el estado general, la medicación y si esa persona podrá mantener la higiene que exigen. Conviene saber una cosa: la revisión sobre supervivencia a diez años sitúa la de los mayores de 65 años en el 91,5 %, frente al 93,2 % del conjunto, con un riesgo de pérdida que puede llegar a duplicarse. Hay una solución intermedia que resuelve muchos casos: dos implantes en la mandíbula para retener una prótesis completa.
¿Qué se hace en casa?
Para la caries de raíz, pasta con flúor de alta concentración, que se dispensa en farmacia con indicación, y es la medida más eficaz que existe para este problema. Para la sequedad, agua a pequeños sorbos, saliva artificial, chicles con xilitol y nada de colutorios con alcohol, además de revisar con el médico si algún fármaco puede sustituirse. Y para la higiene, cepillo eléctrico y cepillos interproximales en lugar de seda.
¿Y si ya no puede cepillarse solo?
La responsabilidad pasa a quien cuida, y ese traspaso ocurre antes de lo que parece: el gesto de cepillarse se conserva mucho después de que se haya perdido la eficacia, así que conviene comprobarlo en lugar de suponerlo. Funciona situarse detrás o al lado, nunca de frente, apoyar la cabeza y avisar antes de cada movimiento. Un cepillo eléctrico de cabezal pequeño hace el trabajo con menos presión.

Fuentes

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