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¿Tienes un bulto duro bajo la lengua? Podría ser un torus mandibular, un crecimiento óseo benigno. Descubre sus causas, si es peligroso y cómo se trata.

Soy odontóloga con años de experiencia, y sé que encontrar un bulto duro bajo la lengua puede ser alarmante. Quiero hablarte sobre este fenómeno llamado torus mandibular (también conocido como rodete mandibular o exostosis mandibular). Te explicaré qué es, por qué aparece, si es peligroso, y cómo se trata. Lo haré de forma clara y cercana, para que entiendas exactamente qué ocurre en tu boca y te quedes tranquilo.
El torus mandibular es un crecimiento óseo benigno que aparece en la cara interna de la mandíbula, normalmente cerca de los premolares inferiores, justo por debajo de la lengua. En otras palabras, es una protuberancia dura formada por hueso, cubierta de mucosa normal, que puede presentarse en un lado o en ambos lados de la mandíbula. A diferencia de otras lesiones orales, no es un tumor ni una enfermedad, sino simplemente una variación anatómica de los huesos de la boca.
Suele tener forma redondeada u ovalada y al tocarlo se siente tan duro como el hueso (porque lo es). Generalmente no duele ni causa molestias en la vida diaria. Muchas personas lo tienen sin saberlo, ya que al estar en la parte interna de la boca no se ve a simple vista al sonreír. De hecho, se estima que alrededor del 20–25% de la población presenta alguna forma de torus en la boca, así que no es algo extremadamente raro.
Torus mandibulares bilaterales: se observan dos protuberancias óseas benignas en la cara interna de la mandíbula, debajo de la lengua. En la imagen puedes apreciar dos elevaciones duras en el interior de la mandíbula (a ambos lados del frenillo de la lengua). Es un ejemplo de torus mandibular bastante pronunciado. La mayoría de casos, no obstante, presentan protuberancias más pequeñas (por lo general menos de 2 cm de diámetro) y de crecimiento muy lento, pasando desapercibidas durante años.
Lo importante es quedarnos con esto: un torus mandibular es benigno. No es una infección, no es un quiste con pus ni mucho menos un tumor maligno. Es simplemente hueso extra. Es muy raro que un torus se convierta en algo canceroso, prácticamente nunca ocurre. En mi experiencia, cuando los pacientes entienden que se trata de una variación normal (como quien tiene un hueso un poco más grande), se sienten mucho más tranquilos.
No existe una única causa definitiva; de hecho, la odontología considera que interviene una combinación de factores genéticos y ambientales en la aparición del torus mandibular. Te resumo los principales factores asociados:
Si te ha salido un torus debajo de la lengua, no es culpa de algo que hayas hecho recientemente ni es contagioso. Probablemente ya tenías la predisposición y con el tiempo (y quizá con hábitos como apretar los dientes) se manifestó. Ten en cuenta que no todas las personas con bruxismo o traumatismos desarrollarán un torus, ni todas las personas con predisposición genética lo expresarán: es una interacción compleja de factores.
No, en la gran mayoría de los casos un torus mandibular no supone ningún peligro para tu salud. Al ser un crecimiento óseo benigno, no produce enfermedad ni daña otros tejidos. Las personas que lo tienen pueden llevar una vida completamente normal sin siquiera darse cuenta. Por lo general no presenta síntomas, más allá de poder palpar la protuberancia con la lengua o con el dedo.
Quiero enfatizar esto: tener un torus no te va a causar cáncer, ni infecciones, ni “se te va a explotar”, ni nada por el estilo. Es algo inocuo. De hecho, en la mayoría de los pacientes ni siquiera crece lo suficiente como para interferir en nada importante. Muchas veces se descubre en una radiografía dental de rutina o durante una limpieza, de forma casual.
Ahora bien, como toda regla tiene sus excepciones, puede haber situaciones en las que el torus sí origine molestias o inconvenientes. No es que él mismo sea peligroso, pero su presencia puede complicar ciertas cosas en la boca. Te cuento algunos escenarios:
Como ves, estas complicaciones solo ocurren si el torus es muy grande o está mal ubicado. La mayoría de las veces, repito, el paciente convive con su torus sin ningún problema real durante toda la vida. Solo en caso de presentarse alguna de estas molestias se plantearía hacer algo al respecto. En la siguiente sección te contaré qué opciones hay en esos casos.
Dado que el torus mandibular por sí mismo es inocuo, no solemos recomendar ningún tratamiento si no causa inconvenientes. La filosofía es: “si no está roto, no lo arregles”. Muchas personas viven con su torus toda la vida sin necesidad de quitarlo. No necesitas operar un torus pequeño que no te molesta ni afecta tu salud.
Ahora bien, sí aconsejamos tratamiento (extirpación) en las siguientes situaciones:
Si te encuentras en alguna de estas situaciones, el tratamiento indicado es la cirugía para eliminar el torus, técnicamente llamada torusectomía. A continuación te cuento en qué consiste, para que pierdas el miedo:
La extirpación del torus mandibular es un procedimiento quirúrgico seguro y relativamente sencillo cuando lo realiza un especialista. Normalmente se lleva a cabo en el propio consultorio dental o quirófano ambulatorio, bajo anestesia local (igual que cuando te empastan una muela). Esto significa que estarás despierto pero no sentirás dolor en la zona durante la intervención.
¿Qué hace el cirujano exactamente? Te lo explico paso a paso, de forma simple:
Esta cirugía, en manos expertas, tiene un riesgo mínimo. El sangrado durante el procedimiento es muy leve (el hueso del torus está poco vascularizado) y las complicaciones serias son rarísimas. Es más, muchos pacientes aprovechan para quitarse ambos torus mandibulares (si los tienen bilateralmente) en la misma sesión. Así solucionan el tema de una vez.
Tras la torusectomía, inicia un periodo de recuperación relativamente rápido y con molestias mínimas. Al ser cirugía oral, el postoperatorio es parecido al de una extracción dental grande. Te comparto las recomendaciones habituales para una buena recuperación:
Cumpliendo con estos cuidados, la encía suele cicatrizar en un par de semanas completamente, y el hueso remodelará internamente en unos pocos meses. La mayoría de las personas se recupera sin contratiempos, volviendo a su rutina normal rápidamente.
Un punto importante: en la mayoría de casos el torus NO reaparece tras la cirugía, es decir, la eliminación es definitiva. Sin embargo –y debo ser honesto– si los factores desencadenantes persisten (por ejemplo, sigues con bruxismo intenso sin tratar), existe la posibilidad de que con los años el hueso vuelva a hipertrofiarse en esa zona. Esto no es lo común, pero puede suceder. Por ello, después de quitar un torus provocado por bruxismo, siempre insisto al paciente en tratar ese hábito (con férula de descarga nocturna, manejo del estrés, etc.) para minimizar la chance de recidiva.
Como hemos visto, en ausencia de síntomas no es necesario quitar el torus. Pero ¿qué precauciones puedes tomar en el día a día para convivir con tu torus mandibular sin problemas? Aquí van mis recomendaciones profesionales:
El torus mandibular suele ser completamente compatible con una boca sana. Con buenos hábitos de higiene y las precauciones mencionadas, puedes olvidarte de que lo tienes. Solo mantente alerta a las señales de alarma (dolor, crecimiento rápido, interferencias) y consulta con tu odontólogo de confianza si algo cambia.
En cirugía oral y maxilofacial tenemos un dicho: “vive y deja vivir”. Si el torus “vive” tranquilo en tu boca sin darte lata, lo dejamos vivir ahí. Pero si empieza a molestarte a ti (el paciente), entonces es hora de considerar decirle adiós con una sencilla cirugía.
Un torus mandibular se distingue por ser un bulto muy duro (óseo), generalmente bilateral y de crecimiento lento. Otras lesiones, como un quiste bucal o una bolita de infección, suelen ser blandas o fluctuantes al tacto, pueden doler o cambiar de tamaño más rápidamente. El torus está cubierto por encía normal, de color rosado y aspecto sano; en cambio, un quiste o tumor podría causar cambios de color, supuración o ulceración en la mucosa. De todos modos, la mejor forma de distinguirlo es acudiendo al dentista. Con un examen clínico y, si hiciera falta, una radiografía, confirmaremos que ese bulto duro es simplemente hueso (el torus) y no otra patología. Ante cualquier bulto inusual en la boca que no estés seguro qué es, consulta siempre (más vale salir de dudas pronto). Pero si al tocarlo es como tocar roca y está justo en la zona típica interna de la mandíbula, lo más probable es que efectivamente sea un torus mandibular benigno.
No; el torus en sí no se convierte en cáncer. Como explicamos, es un crecimiento benigno, no canceroso, y no predispone al cáncer oral. Los casos reportados de malignización (transformación maligna) de un torus son prácticamente inexistentes en la literatura médica, así que por ese lado puedes estar tranquilo. Tampoco causa infecciones por sí mismo ni otras enfermedades sistémicas. El único “problema” que puede dar son las molestias mecánicas locales que ya mencionamos (dificultad con prótesis, llagas si se traumatiza, etc.). Pero en cuanto a peligrosidad intrínseca, un torus no es peligroso. Siempre que notes un bulto en la boca, obviamente hay que evaluarlo; pero una vez diagnosticado como torus mandibular, puedes quedarte tranquilo respecto a malignidad.
Al ser algo ligado en parte a la genética, no existe una forma infalible de prevenirlo. Si estás predispuesto genéticamente, puede formarse tarde o temprano. Sin embargo, controlar los factores ambientales sí podría influir. Evitar o tratar el bruxismo es lo principal: usar placa de descarga si aprietas los dientes, manejar el estrés, y corregir maloclusiones dentales podría reducir la estimulación excesiva del hueso mandibular. Del mismo modo, protegerse de traumas repetitivos en la boca (por ejemplo, usando protector bucal en deportes de contacto) puede ayudar. Mantener una buena salud ósea general con dieta equilibrada (calcio, vitamina D) es positivo para tus huesos, pero eso no garantiza nada específico contra el torus. En resumen, no hay medidas específicas “anti-torus”, más allá de minimizar esos factores que te comenté. Si aún así aparece, no es porque hayas hecho algo “mal”: a veces simplemente ocurre.
Durante la cirugía en sí, no sentirás dolor gracias a la anestesia local que adormece completamente el área a tratar. Así que no, no duele mientras te lo están quitando. Puede impresionarte la idea de “limar hueso”, pero te aseguro que estarás con la boca dormida y solo notarás quizás vibración y algún ruido de instrumental. Tras la cirugía, las molestias suelen ser moderadas y controlables con analgésicos comunes. La mayoría de mis pacientes describen el postoperatorio como similar al de una extracción dental: una molestia o sensibilidad en la zona, algo de hinchazón, pero nada insoportable. Siguiendo las instrucciones de cuidado (hielo, dieta blanda, medicación), en pocos días la incomodidad cede. También aplicamos anestesia tópica en gel antes de quitar los puntos para que ni eso moleste. Así que no dejes que el miedo al dolor te impida tratarte si realmente necesitas la cirugía. Está todo pensado para que sea lo más llevadero posible.
En general, es poco frecuente que un torus extirpado vuelva a aparecer en el mismo sitio. Una vez que eliminamos el exceso de hueso, la mandíbula tiende a mantenerse con el contorno corregido. Dicho esto, sí es posible una recidiva si persisten los estímulos que originalmente provocaron el torus. Por ejemplo, si el factor principal fue un bruxismo severo y tras la cirugía la persona sigue bruxando años y años sin protección, el hueso podría nuevamente hipertrofiarse lentamente y formar otra exostosis en la zona. Lo mismo si continúa un hábito de presión constante o algún factor anatómico no resuelto. Pero estos casos no son comunes. Lo habitual es que el torus no regrese, sobre todo si tras la cirugía se toman las medidas preventivas correspondientes (ferulita de bruxismo, etc.). Tu dentista igualmente controlará en tus revisiones de rutina que todo siga normal. En mi experiencia personal, la mayoría de pacientes operados de torus no han tenido recaídas. Y si alguna vez reapariciera muchos años después, siempre se podría evaluar una nueva intervención (aunque normalmente no es necesario).




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