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El hígado es un órgano vital para el organismo. Se le atribuyen más de quinientas funciones, las más conocidas referentes a la digestión de los alimentos, pero tiene muchas más muy importantes. Entre las más destacadas se encuentran:

  • Digestión de las grasas mediante la secreción de bilis ( por ello se le considera además de como un órgano, una glándula)
  • Almacenaje de vitaminas y minerales (vit. A, vit B12, hierro,..etc)
  • Fabricación de células del sistema inmune
  • Destruye los glóbulos rojos viejos o anormales
  • Metabolismo de medicamentos
  • Junto a los riñones, ayuda en la depuración y desintoxicación de la sangre
  • Etc.

Como cualquier órgano del cuerpo humano, el hígado puede verse afectado por distintas enfermedades, ya sean de causa hereditaria, por uso de drogas u otros tóxicos, virus, etc.
Entre ellas se encuentra la hepatitis.

DEFINICIÓN Y TIPOS DE HEPATITIS

 

La OMS ( organización mundial de la salud), define la hepatitis como una enfermedad inflamatoria del hígado, que puede ser causada por virus, bacterias, traumatismos, procesos autoinmunes, trastornos hereditarios o por tóxicos ( por ejemplo el alcohol y algunos medicamentos).

Es una enfermedad bastante común. Aproximadamente un tercio de la población mundial está afectada de hepatitis. Por ello es importante conocerla, y saber en qué puede afectarnos en nuestro día a día y más concretamente a nivel del tratamiento odontológico.

Puede tener un curso o evolución agudo o crónico. En la hepatitis aguda, la enfermedad aparece repentinamente y desaparece en cuestión de semanas o meses. En la hepatitis crónica, la enfermedad persiste más alla de los seis meses de duración, y finalmente puede persistir la inflamación del hígado pero con el correcto funcionamiento de los lóbulos del hígado (hepatitis crónica persistente, cicatrización) o en el peor de los casos, derivar en una cirrosis hepática, en la que se destruye progresivamente el tejido del hígado, con el correspondiente fallo de las funciones del mismo, o en cáncer de hígado.

En cuanto a los tipos de hepatitis, se pueden clasificar de la siguiente forma:

Hepatitis de origen tóxico.

Cuando hablamos de tóxicos, nos estamos refiriendo a medicamentos, alcohol, suplementos y otras sustancias químicas. En algunos casos se desarrolla en cuestión de horas o días tras la exposición al tóxico, pero no siempre es así. A veces tarda meses en aparecer, tras un contacto continuado con la toxina en cuestión.

 

Hepatitis autoinmune:

Sucede cuando el cuerpo produce anticuerpos que atacan y destruyen su propio tejido hepático. Las causas exactas que la producen no se conocen, pero parece ser que es una combinación de factores genéticos y ambientales que persisten en el tiempo los que provocan su inicio. Existen el tipo 1 y tipo 2.

  • La tipo 1 es la más frecuente, afecta a cualquier grupo de edad y suele estar combinada con otras enfermedades autoinmunitarias, como la celiaquía o la colitis ulcerosa.
  • La tipo 2 suele afectar más a niños y jóvenes, y también se suele asociar a otras patologías autoinmunes.

Hepatitis víricas ( A,B,C,D Y E).

Son las más frecuentes, y están causadas por virus. Hay cinco tipos de hepatitis víricas, nombradas con letras de la A a la E, y cada una de ellas está provocada por un virus diferente.
Las hepatitis víricas, igual que los otros tipos, pueden ser asintomáticas o presentar síntomas variables como, por ejemplo, náuseas, fiebre, ictericia, vómitos, etc. Dependiendo del tipo de hepatitis, unos síntomas serán más frecuentes que otros.

Hepatitis A

se contagia por vía oral o fecal. La mayoría de la gente no presenta síntomas, y cuando los presentan, son parecidos a los de una gripe, acompañados de un poco de ictericia. Se confirmará la infección mediante una analítica sanguínea.

Existe una vacuna para prevenir esta hepatitis. No hay un tratamiento específico para esta hepatitis, y además, se suele curar sola.

En general se suele recomendar mucho descanso, control de náuseas y vómitos, tomar líquidos, evitar el alcohol…..

Es muy importante evitar el riesgo de contagio de la hepatitis a los demás, y en este tipo concreto de hepatitis, como precauciones básicas a tomar están: lavarse las manos cuidadosamente después de ir al baño, evitar mantener relaciones sexuales, no preparar comida para otras personas mientras se tenga la enfermedad….

Hepatitis B:

Es una infección grave del hígado. Normalmente, en adultos, suele tener una evolución positiva, y la enfermedad no pasa de su fase aguda. Sin embargo en niños y bebés, puede cronificarse, con el consiguiente riesgo de que derive en cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer de hígado.

Existe vacuna para este tipo de hepatitis, pero no sirve de nada si ya padeces la enfermedad. Se contagia por contacto sexual, de madre a hijo a través de la placenta, transfusiones sanguíneas, etc.

Este tipo de hepatitis junto con la hepatitis C, son con las que más cuidado hay que tener en la consulta dental por el riesgo de transmisión.

Hepatitis C:

También se transmite a través del contacto directo con fluídos corporales infectados. Al igual que para la hepatitis B, también existe vacuna preventiva para ella. La hepatitis C crónica, suele ser una infección silenciosa, sin síntomas, y al cabo de los años, aparecen los signos de la enfermedad. Entre ellos destacan el sangrado fácil, pérdida de peso, picazón en la piel, ictericia, etc.

También existe tratamiento para ella.

Hepatitis D:

La produce el virus VHD, pero sólo en personas ya portadoras del virus de la hepatitis B. Es decir, si no tienes en tu cuerpo el VHB, jamás podrás desarrollar la hepatitis D. También causa inflamación y daño al hígado. Aunque no hay una vacuna específica contra este virus, si te proteges contra el virus de la hepatitis B con su correspondiente vacuna, ya estarás protegido contra el VHD.

Hepatitis E:

Este virus entra en el organismo humano a través del intestino, siendo la causa principal el consumo de agua contaminada. Suele ser una enfermedad autolimitada, de unas dos a seis semanas de duración, pero en algunos casos, deriva en una hepatitis fulminante, que acaba siendo mortal.

 

MANIFESTACIONES ORALES DE LA HEPATITIS

 

Las principales manifestaciones bucales de esta enfermedad son: xerostomía, enfermedades gingivales, mal aliento, ictericia de las mucosas, erupciones peribucales, petequias o pequeñas hemorragias en las mucosas orales.

Son pacientes con mayor tendencia a la hemorragia en las cirugías o extracciones dentales, por lo que antes de realizar ninguna actuación, habrá que determinar el tiempo de protrombina, que debe ser menor al doble del valor normal. ( lo normal son 11 a 12 segundos). Además, habrá que tener en cuenta que por el daño del hígado, estos pacientes tendrán mayor sensibilidad ante determinados medicamentos.

 

TRATAMIENTO DENTAL EN PACIENTES CON HEPATITIS

 

En la clínica dental se nos pueden presentar distintos tipos de pacientes con hepatitis:

Pacientes con antecedentes de hepatitis: se ha de valorar con el especialista el nivel de daño del hígado que tiene el paciente, pues a la hora de someterse a un tratamiento dental, debemos limitar al mínimo las dosis de medicamentos con metabolismo hepático, como por ejemplo, los anestésicos locales con lidocaína, (anestésicos locales como lidocaína y mepivacaína, paracetamol, ibuprofeno, tetraciclinas…etc)

Pacientes con hepatitis activa: se debe posponer todo tratamiento dental que no sea una urgencia, hasta que el paciente se recupere.

Portadores del virus: en estos casos, es muy probable que no sepamos que el paciente lo porta, incluso puede que ni él mismo lo sepa. En realidad, es muy difícil determinar por la ausencia de signos clínicos tempranos de esta enfermedad, quien tiene o no el virus en su organismo, por lo que al menos, en temas de evitar el riesgo de contagio, cualquier paciente que entre en la consulta dental debe tratarse como si fuese portador.

Estas son las consideraciones generales básicas que debemos tomar cuando un paciente con hepatitis (no en fase aguda) precisa tratamiento odontológico:

  1.  El odontólogo y personal auxiliar han de estar inmunizados y preferiblemente vestidos con ropa desechable.
  2. Así mismo, usaremos la mayor cantidad posible de material desechable en la intervención, y nos ayudaremos del dique de goma en los tratamientos en que sea posible.
  3. Citar al paciente en horarios de poca actividad en la clínica dental, o incluso a última hora de la jornada, para que las medidas de desinfección posteriores se cumplan exhaustivamente.
  4. Reducir el número de citas en la medida de lo posible, programando el mayor número de tratamientos por visita dental.
  5. Realizar los análisis necesarios previos en cuanto a tiempo de coagulación, tiempo de protrombina, etc, antes de hacer exodoncias u otras cirugías.

Hay que recalcar la importancia de que estos pacientes se realicen revisiones bucodentales periódicas, pues tienen mayor tendencia a tener problemas de salud oral. Además, es bien sabido que las enfermedades de la boca, pueden empeorar otras enfermedades sistémicas, en este caso las hepatitis, agravando la sintomatología y empeorando el estado de salud general.

Es por ello que, el odontólogo, en constante contacto con el hepatólogo, planificarán de la manera más adecuada para cada caso concreto, los tratamientos o pautas de prevención que cada paciente necesite.

 

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