Los implantes dentales son uno de los tratamientos más seguros de la odontología moderna, con una tasa de éxito superior al 95–98%.


Tras la anestesia, es normal notar molestias leves. El dolor suele ser controlable con la medicación, similar al de una extracción dental. Luego disminuye progresivamente.
La hinchazón es normal y forma parte del proceso de curación. Es una respuesta del cuerpo. Disminuye progresivamente, desapareciendo en aproximadamente una semana.
Es normal notar ligero sangrado o saliva rosada durante las primeras horas. Basta con morder una gasa estéril 30–60 minutos. Consulta con tu dentista si el sangrado continúa más allá de las 48 horas.
La infección en un implante es poco frecuente con buena higiene. Puede aparecer en cualquier momento, por lo que es importante consultar si hay dolor, encías inflamadas, pus, mal olor o movilidad.
La buena noticia es que las infecciones detectadas a tiempo suelen resolverse con tratamiento antibiótico y una limpieza profesional de la zona.
En casos más avanzados puede ser necesario un tratamiento más intensivo. Solo en situaciones graves donde la infección ha destruido mucho hueso sería necesario retirar el implante, esperar a que cure la zona y colocar uno nuevo. Pero insistimos: esto es poco frecuente.
La clave está en la detección temprana. Por eso las revisiones periódicas son tan importantes.



Detectamos y tratamos la periimplantitis a tiempo para salvar tus implantes y tu salud oral.










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Dreyer, H., et al. (2018). Epidemiology and risk factors of peri-implantitis: A systematic review.
Berglundh, T., et al. (2002). A systematic review of the incidence of biological and technical complications.
