
Desde la medicina integrativa, cada diente forma parte de un sistema interconectado: una infección dental crónica puede afectar órganos distantes, y una disfunción en un órgano puede reflejarse en un diente concreto.

Descubre por qué aparece un bulto doloroso en la mejilla interna, si es grave o no, sus posibles causas (infecciones, quistes, traumatismos, etc.).

A lo largo de mi carrera, me he encontrado con muchos pacientes preocupados por un bulto en la mejilla interna con dolor. Entiendo perfectamente la inquietud que puedes sentir al notar una bolita dolorosa dentro de tu boca: es normal preguntarse qué significa, si es algo grave y qué debes hacer al respecto. En este artículo te hablaré de manera cercana y profesional sobre las posibles causas de ese bulto, los síntomas asociados, cómo se diagnostica, cuándo deberías preocuparte y qué tratamientos o consejos existen para aliviar las molestias. Mi objetivo es que, tras leer estas líneas, tengas claridad y tranquilidad, sabiendo qué pasos seguir para cuidar tu salud bucal.
Existen diversas causas que pueden explicar la aparición de un bulto doloroso dentro de la mejilla. Para facilitar la comprensión, las vamos a dividir por categorías: infecciosas, traumáticas, glandulares, tumorales y otras causas. Veamos cada una en detalle:
Las infecciones son una de las causas más comunes de un bulto interno en la mejilla que duele. En muchos casos se trata de un absceso, es decir, una acumulación de pus producto de una infección bacteriana. Por ejemplo, un absceso dental en una muela o encía cercana puede provocar inflamación que se extiende a la mejilla, formando un bulto doloroso (popularmente conocido como flemón). Estos abscesos suelen aparecer de forma relativamente rápida, acompañados de dolor intenso, hinchazón e incluso pueden provocar fiebre o malestar general. Otra posibilidad es una infección de una glándula salival (sialadenitis): si una glándula de la mejilla se infecta, la zona se inflama y duele. En resumen, cualquier proceso infeccioso en los tejidos bucales (ya sea dental, de encías o glándulas) puede manifestarse como un bulto doloroso que requiere atención médica pronta, pues las infecciones no desaparecen solas y pueden avanzar.
Los traumatismos o irritaciones repetidas en la boca también pueden ocasionar bultos, generalmente benignos pero molestos. ¿Te ha pasado que sin querer te muerdes la mejilla al masticar? Ese tipo de lesiones continuas pueden hacer que el tejido reaccione formando un fibroma traumático, que es básicamente un pequeño tumor fibroso benigno (un “callo” de la mucosa) en el sitio de la mordedura. Los fibromas por sí mismos no suelen doler, pero si vuelves a morder la zona o si se ulceran, pueden volverse dolorosos. Otro ejemplo: un golpe en la cara o morder algo muy duro podría causar un hematoma (moretón interno) o inflamación en la mejilla. Este tipo de bulto aparece tras el traumatismo y suele doler al tacto durante algunos días. La buena noticia es que los bultos de origen traumático no son peligrosos: son una reacción defensiva del cuerpo. Sin embargo, conviene vigilarlos; si no desaparecen en un tiempo razonable o crecen, habría que evaluarlos.
Dentro de nuestra mejilla hay pequeñas glándulas salivales. A veces, uno de sus conductos puede obstruirse o romperse, dando lugar a la acumulación de saliva en el tejido. Esto provoca un quiste de glándula salival, conocido como mucocele cuando aparece en mucosa bucal. Un mucocele se siente como una bolita blanda bajo la piel interna de la boca, de tamaño variable (desde unos milímetros hasta un centímetro o más). Por lo general, no duele a menos que se irrite o infecte; pero si notas que tu bulto en la mejilla es suave, móvil y no te causa mucho dolor (solo molestia al comer o hablar), podría tratarse de un mucocele. Otra condición glandular es la sialolitiasis, que significa un cálculo (piedra) obstruyendo una glándula salival. Cuando esto ocurre en la glándula parótida (cuyo conducto desemboca en la mejilla, a la altura de los molares superiores), se puede sentir una hinchazón dolorosa, sobre todo al comer (porque la saliva se produce pero no puede salir bien, generando presión y dolor). En resumen, las causas glandulares implican problemas en las glándulas salivales menores o sus conductos, produciendo bultos que a veces duelen, sobre todo si hay inflamación asociada.
La palabra “tumor” suena alarmante, pero no te asustes: la mayoría de los tumores bucales en la mejilla son benignos. Entre los tumores benignos comunes en la mucosa oral están los ya mencionados fibromas (relacionados con trauma), los papilomas orales (pequeñas verrugas causadas por el virus del papiloma humano, que suelen ser indoloras), o incluso lipomas (acúmulos de grasita bajo la mucosa, poco frecuentes en boca). Estos bultos benignos suelen ser indoloros; pueden pasar desapercibidos hasta que crecen lo suficiente. Suelen tener un color similar al de la mucosa o ligeramente blanquecino, y no ulceran ni causan gran molestia más allá de la sensación de “tener algo ahí”. Ahora bien, en casos raros, un bulto en la mejilla interna que no cede podría ser un tumor maligno (cáncer oral). Un cáncer en la mucosa bucal a veces inicia como un engrosamiento o bulto duro que sí duele o sangra al tocarlo, y que viene acompañado de otros signos (una llaga que no cicatriza, una mancha roja o blanca que persiste, pérdida de sensibilidad, ganglios inflamados en el cuello, etc.). Quiero enfatizar que el cáncer de boca no es la causa más común de un bulto en la mejilla, pero como profesional debo mencionarlo: si una lesión persiste por varias semanas sin mejoría, crece o presenta características sospechosas, es vital evaluarla para descartar problemas serios. La detección temprana hace toda la diferencia.
Existen otras situaciones que podrían explicar un bulto o inflamación dolorosa en la mejilla interna. Por ejemplo, una reacción alérgica o de hipersensibilidad a algún alimento, medicamento o producto dental (como un enjuague bucal nuevo) podría provocar hinchazón localizada en la mucosa oral. En casos de angioedema (una reacción alérgica subcutánea), partes de la boca se hinchan repentinamente – a veces los labios, la lengua o incluso la mejilla – y aunque no forman un “bulto definido” como tal, la sensación de protuberancia e incomodidad es evidente. Estas reacciones suelen aparecer rápido, a veces con picor, y requieren atención si comprometen la respiración o no remiten. Otra causa irritativa puede ser el contacto con sustancias químicas fuertes o muy calientes que causen una lesión ampollosa en la mejilla (por ejemplo, quemarse con alimentos muy calientes puede generar una ampolla o úlcera que inicialmente se note como un bulto doloroso). En resumen, aunque menos frecuentes, no hay que olvidar que alergias, quemaduras o irritantes pueden estar detrás de una protuberancia dolorosa en la boca.
Además de la propia bolita o hinchazón que notas con el dedo o la lengua, es importante fijarse en qué otros síntomas están presentes. Estos signos asociados nos dan pistas sobre la causa del bulto y su gravedad. Algunos síntomas comunes que pueden acompañar a un bulto en la mejilla interna son:
Ningún caso presenta todos estos síntomas a la vez, así que no te alarmes si solo tienes uno o dos. Por ejemplo, un mucocele típicamente es un bulto sin dolor, sin enrojecimiento, que apenas molesta; un absceso dental dará varios de los síntomas (dolor fuerte, inflamación, pus, fiebre). Lo fundamental es escuchar a tu cuerpo: si notas que los síntomas empeoran con el pasar de los días o aparecen señales de alarma (fiebre alta, mucha hinchazón, dificultad para respirar, etc.), es hora de buscar ayuda médica.
Cuando un paciente llega a mi consulta preocupado por un bulto en la mejilla interna, lo primero que hago es escuchar la historia: ¿hace cuánto lo notaste?, ¿ha crecido rápido o se mantiene igual?, ¿hubo algún desencadenante como una mordedura o una infección dental reciente?, ¿qué síntomas notas (dolor, supuración, fiebre…)? Toda esta información orienta el diagnóstico. Luego realizo una exploración física minuciosa de la boca: con luz y espejo observo el bulto, su color, tamaño, forma y localización exacta. Palpo cuidadosamente la zona usando guantes para sentir la consistencia (¿es duro, blando, fluctúa con líquido dentro, se mueve o está fijo?). También reviso los dientes cercanos por si hay caries o infección, las encías, la lengua y el cuello (buscando ganglios inflamados).
Según lo que encuentre, pueden ser necesarias pruebas complementarias para confirmar la causa del bulto:
El diagnóstico en la gran mayoría de los casos se logra combinando la evaluación clínica con alguna de estas pruebas. Y no te preocupes: ninguna de estas evaluaciones es demasiado molesta; los profesionales las realizamos procurando tu comodidad. Lo importante es identificar correctamente la causa del bulto para poder tratarlo de manera adecuada y segura.
Muchas veces, un bulto pequeño en la boca resultará ser algo benigno y de fácil solución. Pero es fundamental saber identificar las situaciones en las que hay que acudir al médico o dentista sin demora. Aquí te indico cuándo debes preocuparte y buscar atención profesional:
Debes buscar atención médica cuando la situación te genere dudas o alarma, especialmente bajo las circunstancias mencionadas. Como profesional, siempre le digo a mis pacientes: “si algo te preocupa, aunque no estés seguro de si es grave o no, ven y lo revisamos; más vale salir de dudas temprano”. La tranquilidad no tiene precio, y en caso de que sí haya un problema, atenderlo pronto garantiza mejores resultados.
El tratamiento adecuado dependerá directamente de la causa detrás del bulto. No existe una única solución que sirva para todos los casos, así que vamos a repasar las opciones según las situaciones más comunes. Recuerda: Es importante que un profesional determine el origen exacto, pero aquí te doy una idea general de cómo se aborda cada causa y qué puedes hacer mientras tanto para sentirte mejor.
Como ves, los profesionales de la salud tenemos muchas herramientas para tratar la causa de tu bulto. Desde medicamentos hasta pequeñas cirugías ambulatorias, cada problema tiene su solución adecuada. Lo fundamental es que no te automediques con antibióticos ni cortesias (¡nada de pinchar ni cortar por cuenta propia ese bultito!), porque podrías empeorar la situación o enmascararla.
Mientras esperas tu cita con el dentista o médico, o si ya estás en tratamiento y quieres apoyar la recuperación, hay medidas sencillas que puedes hacer en casa para sentirte mejor:
Estos consejos te ayudarán a sobrellevar las molestias y, en algunos casos, incluso pueden lograr que pequeñas lesiones se resuelvan (por ejemplo, un mucocele pequeño que revienta solo tras enjuagues, o un absceso que drena espontáneamente). Sin embargo, si el dolor es muy fuerte o sospechas una infección importante, no postergues la consulta pensando que con remedios caseros basta. Úsalos como complemento, pero que no reemplacen la valoración profesional cuando esta es necesaria.
No es algo muy común, pero puede ocurrir y generalmente tiene explicación. A veces son lesiones benignas (como un mucocele o un fibroma por morderse) que no revisten gravedad. No deberías tener bultos habitualmente, así que si notas uno, lo mejor es observarlo y consultarlo si persiste o preocupa. En muchos casos resultan ser cosas simples, pero nunca está de más confirmarlo con el dentista para quedarte tranquilo.
Algunos bultos pequeños y poco molestos pueden manejarse temporalmente en casa con los remedios caseros que mencionamos (enjuagues, hielo, analgesia suave). Por ejemplo, si te mordiste y salió una bolita, podría mejorar solo. Pero ojo: si el bulto duele mucho, empeora o no se va en pocos días, siempre es mejor acudir al profesional. Solo el odontólogo o médico puede determinar la causa con certeza y aplicar el tratamiento adecuado (antibiótico, drenaje, etc.). En resumen, puedes aliviar síntomas en casa, pero no “curarlo” del todo sin saber qué es; no dudes en buscar ayuda si no mejora rápido.
Si el bulto y el dolor son leves, podrías observar unos 7 a 10 días como máximo. Muchas lesiones traumáticas o un mucocele pequeño muestran mejoría en ese lapso. No esperes más de 2 semanas; si a los 10-14 días sigue igual o peor, debes ir al médico/odontólogo. Por supuesto, si los síntomas son graves desde el inicio (dolor intenso, fiebre, gran inflamación), no esperes nada: busca atención de inmediato. En general, ante la duda, mejor consultar pronto. Como se suele decir, “más vale prevenir que curar”.
La gran mayoría de bultos en la boca son benignos y no representan un peligro serio. Condiciones como fibromas, mucoceles o abscesos, aunque molestos, no son cáncer y se resuelven con el tratamiento adecuado. El cáncer oral no es tan frecuente, pero existe, y suele presentarse como lesiones que no curan, con ulceración, dureza y a veces dolor persistente. Por eso insistimos: si tienes un bulto que no desaparece en un plazo razonable o tiene características inusuales, vale la pena evaluarlo. Lo más probable es que no sea nada maligno, pero ante la mínima posibilidad es mejor confirmarlo. En resumen, normalmente no son peligrosos, pero solo un profesional puede descartar completamente un problema grave mediante el examen y, si hace falta, una biopsia. Quédate con la tranquilidad de que si fuera algo serio, detectarlo pronto permite tratarlo eficazmente.
Por lo general, el odontólogo (dentista) es el profesional de primera línea para evaluar bultos en la mucosa oral. En especial un odontólogo general o un cirujano maxilofacial podrá reconocer la lesión. Si acudes a un médico general y lo considera oportuno, seguramente te derivará al dentista o al especialista maxilofacial para un examen más específico. En casos complejos pueden intervenir varios especialistas: el cirujano oral para biopsiar o extirpar, el otorrinolaringólogo si la lesión compromete áreas cercanas, o el oncólogo si (muy raramente) se tratara de un tumor maligno. Pero inicialmente, tu dentista de confianza es una excelente opción; estamos entrenados para diagnosticar patologías bucales y orientar el tratamiento o derivación adecuada.
Dependiendo de lo que sospeche el profesional en la exploración, puede realizar diferentes pruebas diagnósticas. Las más comunes son la radiografía dental (para ver dientes y hueso), la ecografía de la mejilla (si cree que es un quiste o absceso de tejidos blandos), o incluso una punción/biopsia del bulto para analizar su contenido o tejido. En casos específicos podría solicitar un TAC o resonancia si necesita un mapa más detallado, pero no es lo habitual para lesiones simples. Estas pruebas ayudan a confirmar si el bulto es purulento, líquido, sólido, de qué origen, y así ajustar el tratamiento. El médico decidirá cuáles son necesarias según cada caso, explicándote el porqué de cada una. Ten la confianza de preguntar cualquier duda sobre las pruebas; es importante que comprendas qué están buscando con ellas y cómo contribuirán a tu diagnóstico y alivio.
Espero que esta guía completa sobre los bultos dolorosos en la mejilla interna te haya resultado útil y aclaratoria. He querido explicártelo tal como lo haría en consulta: con un lenguaje claro, empatía hacia tu preocupación y el respaldo de mi formación profesional. No estás sola/o en esto; ante cualquier incertidumbre con tu salud bucal, cuenta con que los profesionales estamos para ayudarte. Si tienes un bulto en la mejilla que te incomoda, ahora sabes que las causas pueden ser variadas y generalmente manejables. Observa tus síntomas, pon en práctica los consejos de cuidado, y ante la duda no dudes en acudir a revisión. Tu tranquilidad y bienestar son lo primero. ¡Mucho ánimo y que te mejores pronto!



Desde la medicina integrativa, cada diente forma parte de un sistema interconectado: una infección dental crónica puede afectar órganos distantes, y una disfunción en un órgano puede reflejarse en un diente concreto.


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