29 mayo 2025

Sialoadenitis: causas, síntomas, tratamiento y prevención

La sialoadenitis es la inflamación de las glándulas salivales, que provoca dolor e hinchazón. Descubre sus causas, síntomas, tratamientos efectivos y cómo prevenirla.

¿Qué es la sialoadenitis?

Hablamos de sialoadenitis cuando se produce una inflamación en una o varias de las glándulas salivales (parótidas, submandibulares o sublinguales). Por lo general es consecuencia de una infección en la glándula afectada, generalmente bacteriana, favorecida frecuentemente por la obstrucción del conducto salival por un cálculo (piedra) o por una producción reducida de saliva. En términos simples, sialoadenitis significa que una glándula que produce saliva se ha inflamado (muchas veces por infección), lo cual puede causar dolor y otros síntomas que veremos enseguida.

Me gusta explicarlo con confianza a mis pacientes: imagina que una glándula salival (encargada de producir saliva para ayudarte a masticar y proteger tu boca) se “atasca” o se infecta; entonces se inflama y duele. Esto es exactamente lo que ocurre en la sialoadenitis. A continuación, voy a detallar sus causas, tipos, síntomas, cómo la diagnosticamos y los tratamientos y cuidados para curarla y prevenir que vuelva a ocurrir.

Causas de la sialoadenitis

La sialoadenitis no tiene una única causa, sino que puede presentarse por varios motivos. Las causas más comunes y factores de riesgo incluyen:

  • Infección bacteriana: Es la causa principal en muchos casos. Suele involucrar bacterias como Staphylococcus aureus (estafilococo) u otras, especialmente cuando algo obstruye el conducto de la glándula. Por ejemplo, un cálculo salival puede bloquear la salida de saliva y facilitar que las bacterias crezcan allí.
  • Infección viral: Virus como el de las paperas (parotiditis) pueden inflamar las glándulas salivales. Otros virus (como algunos de gripe o Coxsackie) también podrían provocarlo, aunque son menos comunes.
  • Cálculos salivales (sialolitos): Son pequeñas “piedras” de minerales que pueden formarse dentro de los conductos salivales. Estos cálculos bloquean la salida de saliva y pueden generar inflamación e infección detrás del bloqueo. Es una causa frecuente de sialoadenitis obstructiva.
  • Enfermedades autoinmunes: Trastornos como el síndrome de Sjögren pueden atacar las glándulas salivales y causar inflamación crónica. En estos casos no hay infección externa, sino reacción del propio cuerpo.
  • Flujo salival reducido: Cualquier cosa que disminuya la producción de saliva puede predisponer a sialoadenitis. Por ejemplo, la deshidratación (estar seco por no beber suficiente agua) o ciertos medicamentos que causan boca seca pueden contribuir a que las glándulas se congestionen.
  • Mala higiene oral: Una deficiente limpieza bucal facilita que las bacterias proliferen en la boca. Esto aumenta el riesgo de que suban por el conducto salival y causen infección. La falta de higiene, junto con problemas como caries o infecciones bucales no tratadas, pueden ser un caldo de cultivo para sialoadenitis.
  • Tabaquismo: El hábito de fumar se asocia con mayor sequedad de boca e infecciones, por lo que los fumadores tienen más riesgo de padecer infecciones en las glándulas salivales.
  • Edad y otras condiciones: Es más común en adultos mayores o personas con enfermedades crónicas debilitantes. También se ha visto en algunos jóvenes con problemas de malnutrición o trastornos alimentarios (por ejemplo, anorexia), ya que estas condiciones afectan la producción normal de saliva y las defensas del organismo.

Cualquier situación que obstruya el conducto de la glándula o que reduzca la producción/flujo de saliva puede desencadenar una sialoadenitis. A eso se suma la presencia de microbios (bacterias o virus) que aprovechan esa situación para infectar la glándula.

Tipos de sialoadenitis

En mi experiencia, es importante distinguir dos tipos principales de sialoadenitis según su evolución: la aguda y la crónica. Esto ayuda a entender el pronóstico y el enfoque de tratamiento.

Sialoadenitis aguda

La sialoadenitis aguda aparece de forma repentina. El paciente suele notar que “de un día para otro” tiene la glándula inflamada y muy dolorosa. Típicamente se presenta una hinchazón rápida de la glándula, con enrojecimiento de la piel alrededor y dolor intenso. Suele afectar más a menudo a la glándula parótida (la que está delante del oído, a cada lado de la cara). No es raro que la sialoadenitis aguda venga acompañada de síntomas generales como fiebre y malestar, porque el cuerpo está reaccionando a una infección activa.

Debido a su naturaleza infecciosa y súbita, la sialoadenitis aguda requiere atención médica pronta. Si no se trata adecuadamente puede avanzar hacia un absceso (acumulación de pus) en la glándula u otras complicaciones serias. La buena noticia es que, con el tratamiento oportuno (antibióticos y cuidados), suele resolverse en pocos días sin dejar secuelas.

Sialoadenitis crónica

La sialoadenitis crónica se refiere a una inflamación persistente o recurrente de la glándula salival. En lugar de un episodio breve y agudo, aquí los síntomas tienden a repetirse en el tiempo o a no desaparecer del todo. Por ejemplo, hay pacientes que cuentan que cada cierto tiempo se les inflama la misma glándula, sobre todo al comer, y luego baja la hinchazón pero nunca se sienten del todo bien. Suele afectar más a la glándula submandibular (bajo la mandíbula) en muchos casos.

En la sialoadenitis crónica, el malestar puede exacerbarse con las comidas. Tiene sentido: al comer producimos más saliva, que intenta pasar por un conducto tal vez estrecho u obstruido parcialmente, lo que empeora el dolor e hinchazón. Muchas veces, detrás de una sialoadenitis crónica hay una causa obstructiva repetitiva, como cálculos recurrentes o estrechamiento del conducto por cicatrices. De hecho, un episodio agudo que no sanó del todo puede volverse crónico. Estos casos crónicos a veces se complican con estenosis ductales (cicatrices que estrechan el conducto) o infecciones repetidas.

El manejo de la sialoadenitis crónica suele ser más complejo: además de tratar cada episodio agudo, hay que corregir la causa subyacente (por ejemplo, quitar un cálculo, dilatar un conducto estrecho) para evitar nuevas recaídas. En casos crónicos avanzados, puede considerarse incluso la cirugía para remover la glándula dañada si los episodios son muy frecuentes y molestos (hablaremos de esto en la parte de tratamientos).

Síntomas de la sialoadenitis

¿Cómo reconocer una sialoadenitis? Los síntomas principales que suelo encontrar en mis pacientes son bastante característicos. Pueden presentarse uno o varios de los siguientes:

  • Dolor e hinchazón en la zona de la glándula afectada. Por ejemplo, dolor debajo de la mandíbula o delante de la oreja, junto con inflamación visible y sensibilidad al tacto. El área puede doler más al comer o salivar.
  • Enrojecimiento de la piel sobre la glándula inflamada. La zona puede verse rojiza y caliente al tacto, signo de inflamación activa (eritema).
  • Dificultad para abrir la boca o mover la mandíbula. La inflamación puede causar trismo (que la mandíbula se “trabe” parcialmente) haciendo difícil abrir bien la boca. También puede haber dolor al masticar o tragar alimentos.
  • Secreción de pus o mal sabor en la boca. Si la infección produce pus, este puede drenarse a la boca a través del conducto salival. El paciente puede notar un sabor desagradable, amargo o metálico en la boca e incluso observar un líquido amarillento en la saliva. Este signo indica infección bacteriana activa.
  • Fiebre y malestar general. En las sialoadenitis infecciosas es común que el paciente tenga fiebre, escalofríos o se sienta enfermo en general. Es la reacción del cuerpo combatiendo la infección. Puede sentirse como cuando tenemos una gripe fuerte: decaimiento, a veces ganglios inflamados en el cuello, etc.

Cada paciente es un mundo, y no todos presentan todos estos síntomas. En casos leves quizá solo haya una molestia y poca hinchazón, mientras que en casos severos se observan todos los síntomas mencionados. Si notas una hinchazón inusual en tu cara o cuello, acompañada de dolor o fiebre, es importante acudir al médico o dentista para evaluar si podría ser sialoadenitis u otro problema (como un absceso dental u otra infección). Mejor evaluarlo a tiempo.

Diagnóstico de la sialoadenitis

Para diagnosticar la sialoadenitis combinamos la evaluación clínica con algunas pruebas diagnósticas:

  • Historia y examen físico: Lo primero es que te preguntaré por tus síntomas (cuándo empezaron, si ha pasado antes, si empeoran al comer, etc.) y te exploraré la zona. Palpo las glándulas salivales para notar induraciones, dolor a la presión o salida de pus. A veces, al presionar la glándula inflamada, se puede ver supuración de pus en la boca a través del conducto, lo cual prácticamente confirma la infección en la glándula. El examen también busca descartar otras causas de inflamación (por ejemplo, un ganglio linfático inflamado, un absceso dental cercano, etc.).
  • Imágenes (ecografía, TAC): Con la exploración física podemos sospechar el diagnóstico, pero para confirmar y ver la causa solemos pedir pruebas de imagen. La ecografía (ultrasonido) de la glándula salival es muy útil y suele ser la primera opción porque es sencilla, sin radiación, y permite ver si hay un cálculo bloqueando el conducto o un absceso (acúmulo de pus). En casos más complejos o si la ecografía no es concluyente, podemos usar una Tomografía Computarizada (TAC) o una Resonancia Magnética (RM) para obtener una imagen más detallada de la zona. Estas ayudan mucho si sospechamos de complicaciones profundas o para planificar una posible cirugía.
  • Pruebas de laboratorio: Es frecuente que hagamos análisis de sangre para ver signos de infección (por ejemplo, globulos blancos elevados). Si sospechamos de una infección viral como paperas, podemos solicitar pruebas específicas (serología) para confirmarlo. Además, si hay pus, idealmente se toma una muestra (un cultivo) para identificar qué bacteria exacta está causando la infección. El cultivo guía el tratamiento antibiótico más adecuado.
  • Sialografía: En algunos casos, especialmente de sialoadenitis crónica obstructiva, se puede realizar una sialografía. Es un estudio donde se inyecta un medio de contraste en el conducto salival y se toman radiografías o una resonancia especial para visualizar la estructura del conducto. Esto muestra con detalle si hay estrechamientos, piedras pequeñas u otras anomalías en los conductos salivares. Actualmente, a veces se prefiere la sialoendoscopia diagnóstica, de la que hablaré luego, porque permite ver directamente el interior del conducto con una cámara diminuta.
  • Biopsia: Muy raramente, si se sospecha que pueda haber otra enfermedad más seria imitando una sialoadenitis (por ejemplo, algún tumor de glándula salival), se podría hacer una biopsia de la glándula. Recalco que esto no es habitual en la mayoría de los casos de inflamación típica, solo cuando la presentación es atípica o no responde al tratamiento.

En la mayoría de los pacientes, la combinación de examinar la glándula y hacer una ecografía es suficiente para diagnosticar la sialoadenitis y su causa. Estas pruebas no duelen (quizás un pinchazo para análisis de sangre) y nos dan información muy valiosa para planificar cómo curar la condición.

Tratamiento de la sialoadenitis

Cuando explico el tratamiento de la sialoadenitis a mis pacientes, siempre les digo: “vamos a atacar la causa y a darte alivio de los síntomas”. Por eso, el tratamiento se centra tanto en eliminar la infección o bloqueo como en medidas para que la glándula vuelva a la normalidad. Las opciones principales de tratamiento son:

  • Antibióticos: Si confirmamos o sospechamos una infección bacteriana, la piedra angular del tratamiento son los antibióticos adecuados recetados por el médico. Suelen elegirse antibióticos efectivos contra el estafilococo (causante común), por ejemplo los de tipo cloxacilina, amoxicilina-clavulánico o cefalosporinas (el médico determinará cuál es mejor en cada caso). Es muy importante tomar el antibiótico todos los días por el tiempo indicado, aunque uno se sienta mejor antes, para asegurarse de erradicar la infección por completo. En infecciones virales (como paperas), los antibióticos no sirven y el manejo será sintomático (reposo, líquidos, analgésicos), dado que esas suelen resolverse solas.
  • Drenaje de absceso: Si se ha formado un absceso (acumulación de pus) dentro de la glándula, puede ser necesario drenarlo. Esto generalmente requiere un procedimiento quirúrgico menor: con anestesia local, el especialista realiza un pequeño corte para drenar el pus, o a veces se puede drenar con una aguja (aspiración) guiada por ecografía. Al liberar ese material, la inflamación disminuye y el antibiótico podrá actuar mejor en el tejido infectado.
  • Eliminación de obstrucciones: En caso de que haya un cálculo salival (sialolito) u otra obstrucción en el conducto, debemos removerla para que la glándula sane. Si el cálculo está cerca de la salida del conducto, a veces se puede extraer manualmente o con instrumentos sencillos en la consulta. Para cálculos o estrecheces más profundas, existe un procedimiento llamado sialoendoscopia: se introduce un endoscopio muy fino por el conducto salival (por dentro de la boca) para visualizar el interior e incluso extraer el cálculo o dilatar el conducto desde adentro. Es mínimamente invasivo y puede solucionar muchos casos sin necesidad de cirugía abierta. En centros especializados también cuentan con litotricia (ondas de choque) para fragmentar cálculos grandes. Cada caso se evalúa para elegir la mejor técnica.
  • Cirugía de la glándula: En casos crónicos severos o si la glándula ha quedado muy dañada con infecciones recurrentes, a veces se plantea la extirpación quirúrgica de la glándula salival afectada. Esto es poco común y se reserva como último recurso, pero por ejemplo en sialoadenitis crónica submandibular que no mejora, el médico podría recomendar quitar esa glándula submandibular para resolver el problema definitivamente. Tranquilo, que quitar una glándula salival no te dejará sin saliva: tenemos varias y las restantes se adaptan para suplir la función, además la submandibular no produce toda la saliva. Es un procedimiento que suele curar el problema de fondo cuando ya nada más ayuda.
  • Cuidados de apoyo: Además de los tratamientos médicos o quirúrgicos, siempre indicamos medidas de autocuidado para aliviar los síntomas y ayudar a la recuperación. Estos incluyen analgésicos/antiinflamatorios para el dolor (por ejemplo ibuprofeno o paracetamol recetados), compresas tibias sobre la zona inflamada para aliviar el hinchazón, masajes suaves en la glándula para favorecer el drenaje de saliva, mantener una buena hidratación (beber agua frecuentemente) y usar sialogogos naturales como chupar caramelos de limón sin azúcar para estimular la salida de saliva y destapar el conducto. Muchos de estos consejos caseros los detallo en la siguiente sección, ya que son clave tanto para curarse como para prevenir recurrencias.

En general, la sialoadenitis tiene cura. Con el esquema adecuado de antibióticos (si son necesarios) y las medidas de soporte, la mayoría de pacientes mejora rápidamente. Notarás que el dolor y la hinchazón comienzan a ceder tras unos 2-3 días de tratamiento adecuado y continúan mejorando en la semana siguiente. Es fundamental el seguimiento: como profesional, suelo programar una revisión a la semana o 10 días para asegurarme de que la infección desapareció y, de ser necesario, evaluar la eliminación de algún cálculo residual o cambiar el antibiótico si el inicial no funcionó (esto último es poco frecuente si el tratamiento fue el correcto desde el principio).

Prevención de la sialoadenitis

Como dice el dicho, “más vale prevenir que curar”. Aunque no siempre podemos evitar al 100% una sialoadenitis (por ejemplo, no podemos predecir si se formará un cálculo salival), sí existen medidas preventivas que recomiendo a mis pacientes para reducir el riesgo de sufrir estas infecciones:

  • Buena higiene bucal: Mantener tus dientes y encías limpios reduce la cantidad de bacterias en la boca, bajando la probabilidad de infecciones que se extiendan a las glándulas salivales. Cepíllate los dientes al menos dos veces al día, usa hilo dental diariamente y enjuague bucal si tu dentista lo aconseja. Una boca limpia es menos propensa a cualquier infección.
  • Hidratación adecuada: Bebe agua con frecuencia a lo largo del día. Estar bien hidratado mantiene un buen flujo de saliva, evitando que ésta se estanque o espese en los conductos. Especialmente si haces ejercicio intenso, hace calor o tomas medicamentos que resecan la boca, aumenta tu consumo de líquidos.
  • No aguantar la sed ni la boca seca: Relacionado con lo anterior, si notas tu boca seca regularmente, tómalo en serio. La boca seca (xerostomía) prolongada puede predisponer a problemas. Puedes mascar chicle sin azúcar o chupar caramelos sin azúcar para estimular saliva si tienes tendencia a la sequedad.
  • Evitar el tabaco: Si fumas, considera seriamente dejar este hábito (no solo por las glándulas salivales, ¡por toda tu salud!). El tabaquismo contribuye a la sequedad bucal y a infecciones, además de dañar las mucosas. Dejar de fumar mejorará tu salud bucal en muchos aspectos.
  • Alimentación equilibrada: Sigue una dieta saludable. Evita en lo posible consumir en exceso alimentos muy ácidos, picantes o excesivamente salados, ya que pueden irritar las glándulas salivales si se consumen de forma exagerada. Una dieta equilibrada ayuda a que tus glándulas funcionen bien.
  • Trata los problemas predisponentes: Si en el pasado has tenido cálculos salivales o infecciones, acude a revisión periódica con tu dentista u otorrino. Ante la mínima señal de hinchazón en una glándula, consulta antes de que empeore. Igualmente, si padeces síndrome de Sjögren u otra condición de boca seca, sigue las indicaciones de tu médico (uso de sustitutos de saliva, medicamentos, etc. para controlar la sequedad).
  • Revisiones regulares: Incluye la revisión de las glándulas salivales en tus chequeos dentales u otorrinolaringológicos, especialmente si has tenido sialoadenitis antes. Los profesionales podemos detectar signos tempranos de obstrucción o infecciones incipientes y actuar preventivamente.

Si bien no existe una vacuna ni una forma infalible de prevenir la sialoadenitis, estos consejos reducen significativamente el riesgo. En mi experiencia, pacientes que adoptan estas medidas (sobre todo hidratación y buena higiene) raramente vuelven a sufrir infecciones de glándulas salivales. Y si llegan a presentarse, probablemente serán más leves y fáciles de tratar.

Remedios caseros y cuidados en casa

Cuando estás enfrentando una sialoadenitis (o te estás recuperando de una), además del tratamiento médico indicado, hay varias cosas que puedes hacer en casa para sentirte mejor y sanar más rápido. Son consejos sencillos pero muy efectivos – suelo insistir mucho en ellos a mis pacientes porque marcan la diferencia en la recuperación. Aquí te los presento de forma práctica:

  • Higiene oral extrema: Mantén tu boca lo más limpia posible. Cepíllate suavemente los dientes y encías después de cada comida y antes de acostarte, y usa hilo dental a diario. Aunque tengas dolor al mover la boca, es importante remover restos de comida y reducir bacterias. Una buena higiene ayuda a que la infección no se extienda y a que la boca esté en mejor estado para sanar.
  • Enjuagues de agua tibia con sal: Un remedio casero clásico. Disuelve media cucharadita de sal en un vaso de agua tibia y haz gárgaras o enjuagues con esa solución, manteniéndola en la boca 15-30 segundos antes de escupir. Repite esto varias veces al día. El agua tibia con sal ayuda a reducir la inflamación, limpia la zona y puede estimular el flujo de saliva. Además alivia el dolor de la glándula.
  • No fumes ni bebas alcohol mientras dure la inflamación: El tabaco irrita más las glándulas y reseca la boca, dificultando la curación. El alcohol también puede deshidratarte y empeorar la hinchazón. Lo ideal es suspenderlos durante el tratamiento (¡y ojalá aprovechar de dejarlos para siempre si es posible!).
  • Hidrátate abundantemente: Bebe mucha agua a lo largo del día. Tener saliva más fluida y abundante ayudará a “lavar” la glándula desde adentro. Evita las bebidas con cafeína en exceso porque pueden deshidratarte más; prefiere agua, infusiones o caldos.
  • Estimula la salida de saliva: Una forma de desobstruir el conducto es provocando que salga saliva de forma continua. Puedes chupar caramelos de limón sin azúcar o masticar chicle sin azúcar. Lo ácido del limón suele estimular bien la salivación. Hazlo varias veces al día (especialmente después de los enjuagues con sal). Sentirás que produces saliva y eso es bueno para “empujar” cualquier moco o cálculo fuera del conducto.
  • Masaje suave en la glándula: Con las manos bien limpias, masajea suavemente la zona de la glándula afectada. Por ejemplo, si es la parótida (en la mejilla), puedes hacer movimientos circulares suaves frente a la oreja; si es submandibular, masajea debajo de la mandíbula hacia adelante. Este masaje ayuda a drenar la glándula, empujando la saliva (y posiblemente el pus) hacia la boca. Hazlo con delicadeza; si duele mucho, detente. Un par de minutos de masaje, 3-4 veces al día, suele ser útil.
  • Aplicar calor local: Colocar compresas tibias en el área afectada ayuda a calmar el dolor y mejorar la circulación en la glándula. Puedes usar una toalla limpia mojada en agua tibia (no hirviendo) y aplicarla sobre la piel de la glándula por 10-15 minutos, varias veces al día. El calor suave alivia y favorece el drenaje de la infección. Asegúrate de que la temperatura sea agradable, sin quemar la piel.
  • Alimentación adecuada mientras tanto: Durante los días de inflamación aguda, prefiere comidas suaves y líquidas. Sopas, caldos, purés, zumos no cítricos, yogur… así no necesitas masticar mucho y no estimularás excesivamente la glándula con comidas duras o muy ácidas. También evita cosas muy ácidas o condimentadas que puedan doler al comer. Una vez te mejores, retomas tu dieta normal.
  • Descanso y cuidados generales: Como con cualquier infección, tu cuerpo necesita energía para sanar. Descansa lo suficiente, duerme bien por las noches y, si te sientes decaído, toma esos días con calma. Si te recetaron analgésicos o antiinflamatorios, úsalos según indicación para mantener el dolor controlado – estar sin dolor te permitirá comer y cuidarte mejor, lo cual acelera la recuperación.

Todos estos consejos caseros van de la mano con el tratamiento médico. Te aseguro que siguiendo estas recomendaciones notarás mucha diferencia. Muchos pacientes me han comentado cosas como “¡qué alivio el calorcito y los enjuagues, gracias por recomendarme eso!”, y es que realmente ayudan. Además, varios de estos hábitos (higiene, hidratación, no fumar) no solo sirven para curar, sino también para prevenir futuras sialoadenitis, así que incorpóralos a tu rutina de salud bucal permanente.

Preguntas Frecuentes sobre la sialoadenitis

A continuación, respondo algunas preguntas frecuentes (FAQ) que suelen hacerme mis pacientes acerca de la sialoadenitis. Espero que te sean útiles para aclarar cualquier duda adicional que tengas:

¿La sialoadenitis es contagiosa?

No, en general la sialoadenitis no es contagiosa. Si la inflamación de la glándula es por una infección bacteriana interna, no se transmite de persona a persona. Puedes convivir con otros sin miedo a “pegárselos”. Ojo: otra cosa es la causa viral; por ejemplo, las paperas (parotiditis) son contagiosas porque las provoca un virus que se transmite, pero en ese caso hablamos de paperas como enfermedad, no de la sialoadenitis bacteriana típica. En resumen, salvo que tu inflamación sea parte de una infección viral contagiosa, no debes preocuparte de contagiar sialoadenitis a tu familia o amigos.

¿Qué especialista trata la sialoadenitis, un dentista o un médico otorrino?

La sialoadenitis suele ser atendida por médicos otorrinolaringólogos (ORL), ya que son especialistas en glándulas salivales y trastornos de cabeza y cuello. Sin embargo, muchos pacientes consultan inicialmente con su dentista o con su médico de cabecera al notar la hinchazón, y está bien: cualquiera de ellos puede diagnosticarla en principio. Si el caso lo requiere, te derivarán al otorrino. En algunos casos, un cirujano maxilofacial (especialista en cirugía de la cara y boca) también puede involucrarse, sobre todo si hay que extraer un cálculo salival o drenar un absceso. Mi consejo: ante síntomas de sialoadenitis, busca atención médica (sea dentista o médico); lo importante es que te evalúen. Luego, probablemente un otorrino llevará el tratamiento especializado.

¿Se puede prevenir la sialoadenitis?

Podemos reducir el riesgo, pero no siempre prevenirla al 100%. Como comenté en la sección de prevención, llevar buena higiene oral y estar bien hidratado son las dos medidas clave para evitar muchas sialoadenitis. También ayuda no fumar y atender oportunamente cualquier indicio de cálculo salival o infección bucal. Aun así, a veces pese a nuestros cuidados puede ocurrir (por factores fuera de control, como predisposición a formar cálculos o infecciones glandulares). La buena noticia es que manteniendo esos hábitos saludables, incluso si llegas a tener otra sialoadenitis, probablemente será más leve y rara vez repetitiva. Así que sí, vale mucho la pena tomar medidas de prevención, aunque no sean infalibles.

¿Cuánto dura la sialoadenitis?

La duración puede variar según la severidad y el tratamiento. Una sialoadenitis aguda tratada adecuadamente suele empezar a mejorar en 2-3 días y resolver por completo en aproximadamente 1 a 2 semanas, ya con la glándula desinflamada y sin dolor. De hecho, muchas infecciones de glándulas salivales desaparecen con tratamiento, o incluso solas, en poco tiempo. Si no se trata, puede prolongarse más y formar absceso, dilatando la curación. En casos de sialoadenitis crónica, más que hablar de duración, hablamos de episodios recurrentes: cada brote podría durar unos días o semanas, pero tiende a repetirse hasta que no se solucione la causa de fondo. Con el tratamiento adecuado (por ejemplo, retirando un cálculo obstructivo), esos episodios crónicos deberían cesar. En resumen, una sialoadenitis aguda dura pocos días con tratamiento, mientras que una crónica puede dar guerra intermitente por meses hasta resolverse definitivamente con intervención.

¿Qué complicaciones puede tener la sialoadenitis si no se trata?

Por lo general, si se trata a tiempo, no deja complicaciones y se cura bien. Pero si no se trata o se deja avanzar, pueden surgir problemas. La complicación más común es la formación de un absceso en la glándula, es decir, una acumulación de pus que puede requerir drenaje quirúrgico. Otra posible complicación es que la infección se extienda a tejidos cercanos en el cuello causando una celulitis (infección difusa) e incluso, en casos muy graves, algo llamado angina de Ludwig (una infección del piso de la boca y cuello que puede ser peligrosa). También puede ocurrir que la infección se vuelva recurrente y termine dañando la glándula a largo plazo. Por fortuna, estas complicaciones serias son poco frecuentes. La clave para evitarlas es atender la sialoadenitis lo antes posible. Si sigues las indicaciones del tratamiento y cuidados, lo más probable es que te cures sin ninguna consecuencia a largo plazo.

Espero que esta guía completa sobre la sialoadenitis te haya sido útil. He querido abordarla de forma clara, amigable y más profunda que la información habitual en la web, porque como profesional me importa que mis pacientes (y lectores) entiendan su condición y sepan cómo actuar. Si tienes sospecha de sialoadenitis, no dudes en buscar atención; con tratamiento adecuado pronto estarás bien. ¡Gracias por leer y cuida tu salud bucal!

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Dra Marta Cerezo cleardent
Odontóloga
Especialista en estética dental y prostodoncia, la Dra. Marta Cerezo Melgarejo ofrece una combinación de atención moderna y detallada en cada tratamiento. Desde 2017, su práctica en Clínicas Cleardent se enfoca en la creación de sonrisas saludables y estéticas, utilizando tecnologías de vanguardia como el sistema FirstFit y el Sistema Damon. La Dra. Cerezo aborda cada caso con un enfoque personalizado, asegurando resultados duraderos que reflejan su pasión y compromiso con la excelencia.

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