
Desde la medicina integrativa, cada diente forma parte de un sistema interconectado: una infección dental crónica puede afectar órganos distantes, y una disfunción en un órgano puede reflejarse en un diente concreto.

La extracción de las muelas del juicio es uno de los procedimientos quirúrgicos más comunes en odontología. Si te han recomendado esta intervención, es natural que tengas dudas sobre cómo se desarrolla el proceso. Desde la preparación previa hasta los cuidados postoperatorios, te explicamos detalladamente cada fase de esta cirugía para que sepas exactamente qué esperar y cómo prepararte para una recuperación exitosa.

Hola, soy cirujano oral y maxilofacial, y sé que la idea de operarte una muela del juicio puede generarte inquietud. La cirugía maxilofacial de la muela del juicio consiste en la extracción quirúrgica de este molar (también llamado tercer molar o cordal) cuando su retirada resulta compleja o no puede realizarse con una simple extracción convencional. A diferencia de la extracción simple de un diente erupcionado (visible en boca), en la cirugía maxilofacial debemos anestesiar y acceder mediante una incisión en la encía, a veces removiendo una pequeña porción de hueso para poder extraer la muela incluida o impactada. Esto la convierte en un procedimiento más especializado, que suele llevarlo a cabo un cirujano maxilofacial (un odontólogo con formación quirúrgica avanzada o médico especialista en cirugía oral) en lugar de un dentista general.
Principalmente en la complejidad y técnicas empleadas. En una extracción simple de muela del juicio (por ejemplo, si la pieza ya asomó completamente y está recta) no hace falta abrir encía ni usar técnicas quirúrgicas complicadas: se aplica anestesia local, se extrae la muela con fórceps y normalmente el procedimiento es rápido. En cambio, cuando la muela del juicio está impactada (encerrada parcial o totalmente en el hueso o en mala posición) se recurre a la cirugía oral: se realiza un colgajo en la encía, es posible que haya que desgastar o quitar un pedacito de hueso, e incluso dividir la muela en fragmentos para extraerla con mínima lesión a los tejidos. Luego se sutura la encía. Por esto, la cirugía maxilofacial es más invasiva que una extracción sencilla, y conlleva un postoperatorio un poco más molesto. Sin embargo, el procedimiento en sí es indoloro gracias a la anestesia adecuada (local o sedación) y suele durar apenas de 20 a 60 minutos, dependiendo de la dificultad.
No todas las muelas del juicio dan problemas, pero muchas sí. Como especialista, suelo recomendar la extracción cuando detectamos alguna de estas situaciones:
La indicación de cirugía maxilofacial llega cuando la muela del juicio representa más un riesgo que un beneficio. Ten en cuenta que hasta un 10% de la población ni siquiera desarrolla los terceros molares, y muchas personas conviven con ellos sin molestias. Si tus “muelas del juicio” están sanas, totalmente erupcionadas, bien posicionadas y no causan problemas, es válido simplemente observar con revisiones periódicas. Pero si aparece alguno de los cuadros mencionados, tu dentista o cirujano te aconsejará la extracción para prevenir complicaciones mayores.
(Como dato curioso, las muelas del juicio recibieron ese nombre porque erupcionan típicamente entre los 17 y 25 años, edad en que supuestamente adquirimos juicio o madurez. En ámbitos clínicos también las llamamos terceros molares o cordales.)
Una vez decidido que necesitas la cirugía, ¿cómo debes prepararte? Aquí te explico lo mismo que le cuento a cualquier paciente antes del día de la extracción:
El procedimiento en sí suele ser más rápido de lo que imaginas. Te detallo los pasos típicos para que estés informado y tranquilo:
¡Y listo! En total, desde que entras hasta que sales pueden haber pasado una o dos horas, pero la cirugía en sí suele ser rápida. Tras la extracción, pasarás a la fase de recuperación y cuidados que veremos a continuación.
(Una nota sobre la anestesia y seguridad: Si la cirugía se realiza con sedación o anestesia general, siempre habrá un especialista controlando tus constantes. La anestesia moderna es muy segura; las complicaciones graves son extremadamente raras. Por ejemplo, se estima que el riesgo de un evento adverso muy serio (como reacción alérgica grave o complicación anestésica mayor) es menor al 0,003% – aproximadamente 1 en 365.000 casos –. Dicho de otro modo, es más fácil sufrir un accidente de tráfico camino a la clínica que tener un problema crítico por la anestesia. Así de infrecuente es.)
La cirugía terminó, ahora comienza tu recuperación. Te adelanto que los primeros días tendrás algunas molestias normales – es una cirugía en hueso, no podemos evitarlo – pero con los cuidados adecuados irán disminuyendo pronto. Aquí te guiaré por el postoperatorio, tal como se lo explico a mis pacientes, incluyendo consejos prácticos para que te recuperes rápido y bien.
Nada más salir de la extracción, seguirás con la boca anestesiada por un par de horas. En ese periodo, por favor no comas nada sólido para evitar morderte sin querer la lengua o el labio mientras esté dormido. Mantén la gasa que te dejamos mordida durante unos 30-45 minutos para controlar el sangrado inicial. Es normal un sangrado leve o rezume sanguinolento en la saliva las primeras horas. Si ves que la herida sangra en exceso (empapando gasas rápidamente incluso pasadas 2-3 horas), coloca una gasa nueva doblada y muérdela firme otros 30 minutos. Si aun así persistiera un sangrado abundante después de varias horas, llámanos para valorarlo. Por suerte, no es común que ocurra un sangrado serio, especialmente siguiendo las indicaciones.
Cuando pase el efecto de la anestesia, comenzarás a notar molestias y algo de dolor en la zona operada (y probablemente en la mandíbula en general). Es el momento de tomar los analgésicos prescritos. No esperes a que el dolor sea intenso: lo ideal es adelantarse y tomar el calmante según las pautas que te dimos (por ejemplo, ibuprofeno o paracetamol cada X horas). El dolor postoperatorio puede ser moderado, pero bien manejado con la medicación. También te recomiendo aplicar hielo externo en la cara, sobre la zona de la cirugía, lo antes posible. Usa una bolsa de gel frío o incluso una bolsita de guisantes congelados envuelta en un paño, y aplícala suavemente 15 minutos on / 15 minutos off durante las primeras horas. El frío reducirá la inflamación y adormecerá un poco la zona para mitigar el dolor.
Muy importante: no te enjuagues la boca ni escupas vigorosamente durante las primeras 24 horas. Tampoco uses enjuagues con alcohol. Esto podría desalojar el coágulo de sangre que se está formando en la herida, y ese coágulo es clave para la curación. Simplemente, después de las primeras 24 horas, puedes empezar a enjuagarte suave con agua tibia salada (medio vaso de agua tibia con una cucharadita de sal) un par de veces al día, sobre todo tras las comidas, para mantener la zona limpia. Pero nada de buches fuertes ni escupir con fuerza en esos primeros días.
Te indicaremos si necesitas tomar antibiótico. Muchas veces, para cirugías de cordales indicamos profilaxis antibiótica (por ejemplo, amoxicilina) para prevenir infecciones, especialmente si había infección activa o mucho tejido dañado. Sigue la receta al pie de la letra y completa el antibiótico todos los días indicados, aunque te encuentres bien. Esto es importante para evitar recaídas.
En estas primeras horas también podrías notar algo de náuseas o mareo si tragaste sangre o por efectos de la medicación/anestesia. Procura descansar, recostarte con la cabeza algo elevada (usa dos almohadas esta noche) y si necesitas, toma líquidos fríos a sorbos.
El segundo y tercer día suelen ser el pico de inflamación. No te asustes: es normal amanecer con la cara hinchada e incluso posiblemente con algún hematoma (moratón) en la mejilla o mandíbula. La hinchazón postquirúrgica alcanza su máximo alrededor de las 48 horas después de la cirugía. Puede causar también trismo, que es la dificultad para abrir la boca por la rigidez e inflamación de los músculo. Todo esto es esperable. En esta fase, continúa aplicando frío las primeras 24 horas; luego del día 2, algunos pacientes prefieren aplicar calor húmedo local suave (por ejemplo, paño tibio) para aliviar la rigidez muscular, aunque no es obligatorio. Sigue tomando los analgésicos pautados regularmente durante al menos 2-3 días. Si te hemos recetado antiinflamatorios (ej. ibuprofeno), tómalos con comida para evitar malestar estomacal.
En cuanto a la alimentación, lleva una dieta blanda y fría/templada los primeros días. Evita comidas calientes al menos 24-48h para que no provoquen vasodilatación y más sangrado. Puedes tomar batidos, yogur, helado, purés, sopas frías o templadas, jugos, gelatina, etc., el día de la cirugía y el siguiente. A medida que te sientas mejor, incorpora alimentos blandos tibios (pasta bien cocida, arroz, pescado suave) pero mastica del lado opuesto a la herida. No uses pajita (cañita) para beber en la primera semana, porque la succión puede desalojar el coágulo. Tampoco bebas alcohol ni fumes durante varios días: el tabaco en especial incrementa mucho el riesgo de infección y de problemas de cicatrización como la alveolitis seca. Si fumas, intenta abstenerte al menos 3-4 días (¡mejor una semana!).
La higiene oral es crucial: A partir de las 24 horas post-cirugía, debes reanudar el cepillado dental suave. Cepilla tus dientes con cuidado, evitando la zona de la herida los primeros días, pero limpiando el resto normalmente para que la boca esté sana. Al cepillar cerca del área de la extracción hazlo muy suave; no pasa nada si sobre la herida en sí no cepillas los primeros dos días. Realiza enjuagues suaves con agua tibia salada después de cada comida a partir del segundo día para mantener la zona limpia. No toques la herida con los dedos o la lengua insistentemente, aunque es tentador notarla, porque podrías contaminarla. Si tienes puntos, normalmente te daremos cita para retirarlos alrededor de la semana (a menos que sean reabsorbibles).
El dolor suele ir disminuyendo después del tercer día. Si notas que en vez de mejorar, el dolor empeora a partir del tercer o cuarto día, o aparece dolor intenso repentino tras unos días de haber estado bien, podría tratarse de una alveolitis seca. La alveolitis (también llamada osteítis alveolar) es una complicación donde el coágulo de la herida se pierde o no se forma, dejando el hueso expuesto y causando dolor agudo punzante y mal sabor de boca. Ocurre típicamente 2-4 días post extracción. Si sospechas esto (dolor fuerte que incluso se irradia, mal aliento), acude a la consulta: trataremos la zona limpiándola y aplicando un apósito medicado que alivia el dolor mientras sana. La alveolitis es la complicación más común tras una extracción y, aunque muy molesta, se resuelve en unos días con el tratamiento adecuado. Su incidencia aumenta si fumas o no sigues las medidas de cuidado, pero por suerte no afecta a la mayoría de pacientes.
Pasados 7-10 días, la gran mayoría de pacientes ya se encuentra mucho mejor: la inflamación habrá bajado en su mayor parte (quizá quede una ligera dureza en la mejilla), el dolor habrá desaparecido o es mínimo, y la herida estará formando tejido de cicatrización. Si te retiramos puntos, lo haremos alrededor del día 7. A partir de aquí, puedes retomar tu vida normal casi al 100%, con algunas consideraciones:
En mi experiencia, siguiendo estas recomendaciones la mayoría de los pacientes tiene una recuperación satisfactoria en 7 a 14 días. A las dos semanas, por lo general, ya estás “como si nada hubiera pasado”, aparte de la ausencia de esa muela problemática. Recuerda acudir a tu cita de revisión si la programamos, para verificar que todo cicatriza bien y retirar puntos si hace falta. Y, ante cualquier duda o síntoma alarmante (dolor intenso que reaparece, fiebre, inflamación que empeora en vez de mejorar, supuración…), contacta con tu cirujano sin dudar. Estamos aquí para ayudarte en todo el proceso.
Llegamos al punto que más suele preocupar: los riesgos de la cirugía. Antes que nada, quiero tranquilizarte: para un cirujano entrenado, las complicaciones serias en esta cirugía son infrecuentes. Dicho esto, ningún procedimiento quirúrgico está exento al 100% de riesgos, por ello siempre te informaremos de ellos para que tengas un consentimiento informado real. Aquí detallo las posibles complicaciones, desde las más comunes (aunque sean leves) hasta las excepcionales, indicando qué tan frecuentes son y cómo se manejan:
Lo menciono primero porque muchos pacientes lo consideran un “riesgo”, cuando en realidad es una consecuencia normal de la cirugía. Tendrás dolor moderado, inflamación y cierta dificultad para abrir la boca los primeros días. Esto no es una complicación, sino parte del proceso de curación. Como ya vimos, se maneja con analgésicos, frío local, dieta blanda y reposo relativo. La inflamación máxima ocurre a las 48 horas y luego remite. Si el dolor está bien controlado con la medicación pautada, no debemos alarmarnos. Solo si el dolor es intenso e incontrolable a pesar de analgésicos, o la inflamación viene con fiebre alta o pus, entonces ya estaríamos ante algo fuera de lo normal (infección o alveolitis, que veremos más abajo).
Infecciones en el área de la extracción pueden suceder, aunque en cirugía oral son poco frecuentes si se siguen las medidas de asepsia y cuidados. Hablamos de infección cuando gérmenes proliferan en la zona operada, pudiendo formar un absceso o provocar un retraso de la cicatrización. ¿Cuándo sospechar infección? Por lo general, si pasados 2-3 días notas empeoramiento del dolor, hinchazón que en lugar de bajar aumenta, enrojecimiento, calor local, mal sabor de boca persistente, supuración de pus, o fiebre. La infección postextracción suele presentarse a los 5-7 días en adelante (distinta de la alveolitis seca que aparece antes). Algunas estadísticas indican que las infecciones tras extracción de cordales ocurren en alrededor del 1-5% de pacientes (dependiendo de factores como higiene, complexidad de la cirugía, si hubo infección previa, si el paciente fuma, etc.). Es decir, la gran mayoría no tendrá infección. Además, solemos prevenirla recetando antibióticos profilácticos cuando hay riesgo (por ejemplo, si la muela estaba infectada o la cirugía fue muy traumática).
¿Cómo se manejan? Si a pesar de todo aparece infección, el tratamiento consiste en drenar el absceso si lo hay, limpiar bien la zona (a veces se retira el punto de sutura para facilitar drenaje) y administrar antibióticos dirigidos (normalmente amoxicilina o clindamicina, dependiendo del caso). En casos leves, con antibiótico y enjuagues suele resolverse en pocos días. Casos más severos pueden requerir una pequeña reintervención para limpiar el alveolo. Siguiendo las indicaciones de higiene (cepillado suave, no fumar, enjuagues de sal) minimizarás mucho este riesgo.
💡 Nota: Hay que diferenciar esta infección de la alveolitis seca. La alveolitis no es exactamente una infección con pus, sino una inflamación por pérdida del coágulo. Aun así, a veces se sobreinfecta, pero su manejo es distinto (principalmente aliviar el dolor hasta que sane). La pericoronaritis, por su parte, es la infección de la encía que ocurre antes de extraer la muela (cuando aún está semiimpactada); es la complicación más frecuente en las muelas del juicio retenidas, y justamente por sufrir pericoronaritis de repetición indicamos muchas extracciones.
Ya la hemos mencionado porque es la complicación más habitual tras una extracción de cordal, afectando aproximadamente al 2-4% de pacientes en general, y hasta un 20% en fumadores o extracciones muy traumáticas. Ocurre cuando el coágulo que debe proteger la herida no se forma bien o se deshace prematuramente, dejando el hueso alveolar y las terminaciones nerviosas expuestos en el fondo del alveolo. Suele manifestarse con un dolor intenso, punzante, a partir del tercer día post-cirugía (cuando el paciente incluso se sentía mejor, de pronto aparece un dolor fuerte). Puede haber olor y sabor desagradable en boca y a la inspección se ve el alvéolo vacío (sin coágulo). A diferencia de una infección, la alveolitis seca no suele provocar fiebre ni gran hinchazón con pus, es más un dolor localizado muy agudo.
¿Por qué sucede? Diversos factores: el tabaco es el principal (fumar multiplica el riesgo de dry socket), también enjuagarse o escupir demasiado pronto, usar pajita para beber, o simplemente mala suerte por mala vascularización en la zona. Prevención: Evitar todo lo mencionado (no fumar, no succionar, no enjuagar fuerte los primeros días). A veces aplicamos una esponjita de colágeno en el hueco tras la extracción o realizamos suturas colchoneras para favorecer que el coágulo se mantenga.
Tratamiento: Si pese a todo ocurre alveolitis, el manejo es relativamente sencillo: en consulta irrigamos el alveolo con solución estéril para limpiarlo y eliminamos restos, luego colocamos dentro un apósito medicamentoso (habitualmente una gasa o esponja impregnada en eugenol u otra sustancia) que alivia el dolor casi de inmediato. Este apósito se puede cambiar cada 48 horas hasta que el dolor ceda (suele bastar 1 semana para que vuelva a formarse tejido de granulación sano). Mientras, analgésicos para controlar el dolor. Aunque la alveolitis cause unos días malos, quiero que sepas que es temporal y no deja secuelas. En ningún caso compromete la vida o la funcionalidad a largo plazo, solo retrasa la cicatrización normal.
Un sangrado abundante que no cede es poco común, pero puede pasar especialmente en pacientes con trastornos de coagulación o si no siguen las indicaciones (por ejemplo, hacer ejercicio intenso al día siguiente de la cirugía, lo cual no debes hacer). Lo normal es que tras la extracción haya sangrado moderado las primeras 24 horas, controlable con presión de gasas. Incluso es normal escupir saliva teñida de sangre por 1-2 días. No consideramos esto una complicación, sino parte del postoperatorio. Hablamos de complicación cuando el sangrado es muy abundante o prolongado (que empapa más de 2-3 gasas durante varias horas, o vuelve a aparecer fuerte varios días después).
Las causas pueden ser: restos de tejido que impiden la correcta coagulación, una pequeña arteria gingival que quedó abierta, o aumento de la presión sanguínea (p. ej. por esfuerzo, calor excesivo, etc.) que provoca un sangrado secundario. ¿Qué hacer? En primer lugar, como te indicamos, colocar una gasa estéril doblada sobre la zona y morderla con firmeza durante 30 minutos sin interrupción. Mantén la calma y si puedes, siéntate reclinado hacia delante. Aplicar hielo externo también ayuda a contraer los vasos. Evita enjuagar o escupir porque puede empeorar la hemorragia. Si tras dos intentos de compresión con gasas el sangrado persiste abundante, llama al cirujano. En la clínica, podemos anestesiar de nuevo y revisar la herida: si encontramos un vaso sangrante, lo cauterizamos o suturamos. También aplicamos tópicos hemostáticos locales. Por fortuna, estas situaciones son raras. La clave es prevenir: no hagas ejercicios ni esfuerzos, no te expongas a mucho calor, y duerme con la cabeza algo elevada los primeros días. Sigue las recomendaciones y lo más probable es que no tengas ningún sangrado preocupante.
(Nota: si tomas medicación anticoagulante o antiagregante, seguramente tu dentista ya habrá ajustado la dosis o coordinado con tu médico para reducir el riesgo de sangrado. Nunca suspendas por tu cuenta un medicamento como aspirina, Sintrom o similar sin indicación facultativa.)
Este es uno de los riesgos que más inquietud generan, así que voy a explicarlo con detalle y sinceridad. Las muelas del juicio inferiores pasan muy cerca de un nervio importante llamado nervio dentario inferior (que da sensibilidad a tu labio inferior, mentón y dientes inferiores anteriores). También en la zona de la muela está el nervio lingual (que da sensibilidad y gusto a media lengua). Durante la cirugía, especialmente si la muela está enredada con estos nervios, existe el riesgo de lesionarlos por estiramiento, compresión o incluso sección. ¿Qué pasaría? Podrías sentir la mitad de tu labio, mentón o lengua adormecidos después de la cirugía. A veces también hormigueo o alteración del gusto. Esto se llama parestesia. La buena noticia es que en la mayoría de casos, si ocurre, es una lesión temporal: el nervio recupera la sensibilidad en semanas o meses conforme sana. Mientras tanto, esa zona estará dormida pero la movilidad de la lengua y los músculos es normal (o sea, podrías tener medio labio insensible, pero puedes moverlo bien; es un tema sensitivo, no motor).
¿Qué tan frecuente es? Afortunadamente, bastante raro. En extracciones de cordales inferiores con técnicas adecuadas, la incidencia de parestesia permanente del nervio dentario inferior ronda apenas el 0,5% o menos (menos de 1 de cada 200 casos, según literatura) y del nervio lingual alrededor del 0,1%. Las parestesias temporales ocurren un poco más, pero igual son poco comunes (unos pocos porcentajes) y suelen resolverse espontáneamente. Yo personalmente informo de este riesgo solo cuando la radiografía muestra que la muela está muy cerca del nervio. En esos casos, tomamos precauciones especiales: por ejemplo, a veces opto por hacer una coronectomía (extraer solo la corona de la muela dejando las raíces, para evitar tocar el nervio) cuando el riesgo es alto y la muela no está infectada.
Prevención: Como paciente, en esto confías en la habilidad y juicio de tu cirujano. Un cirujano maxilofacial experimentado reducirá al mínimo la posibilidad de daño nervioso, porque conoce bien la anatomía y técnicas seguras. Usamos las imágenes radiográficas para planificar la extracción de forma que minimicemos tracción cerca del nervio. Aun así, hay un pequeño riesgo inherente que no es cero.
¿Cómo se maneja si ocurre? Si despiertas de la anestesia local y notas el labio o la lengua dormidos, primero no te asustes: muchas veces es debido a la anestesia local (puede durar horas). Lo sabremos porque la zona dormida suele reducirse con el tiempo. Pero si pasan 24 horas y sigues con entumecimiento, seguramente hay una neuropraxia (irritación del nervio). En tal caso, podemos recetar medicación neurotrófica (vitaminas del grupo B, antiinflamatorios) y sobre todo, observación. Más del 90% de estos casos temporales se recuperan en semanas o pocos meses. Durante ese tiempo, deberás tener cuidado de no morderte accidentalmente la zona adormecida (p.ej. mordiscos en la lengua) y extremar la higiene, ya que puedes no sentir restos de comida en ese lado. En el rarísimo caso de que la lesión fuera severa (por ejemplo, si un fragmento de raíz “cortó” parcialmente el nervio), podría quedar una parestesia permanente en una parte del labio o lengua. Insisto, esto es extraordinariamente infrecuente. En mi carrera, casi nunca he visto una parestesia permanente tras extracción de cordal, pero te informo porque es tu derecho conocerlo. Recalco: seguiremos tu evolución de cerca; si a las 2 semanas no hay mejoría, te citaremos periódicamente para evaluar, e incluso podemos derivarte a una clínica de microsurgery de nervio en casos extremos. Pero lo más probable es que no te pase, y si pasa, te recuperes completamente.
Durante la manipulación quirúrgica, existe un ligero riesgo de lesionar el diente contiguo (el segundo molar). Puede ocurrir una fisura o fractura de una obturación (empaste) o corona que tuviera, o que sin querer hagamos una pequeña astilladura en su esmalte. Esto es infrecuente y solemos tener mucho cuidado de proteger el diente de al lado con separadores. Si llegara a pasar, y el daño es mínimo, probablemente ni lo notes (podemos alisarlo luego). Si el daño fuera mayor (por ejemplo, se fractura una parte del segundo molar con caries oculta), tendríamos que repararlo posteriormente con un empaste o tratamiento que corresponda. Afortunadamente, es raro ocasionar un daño significativo al diente adyacente; nuestra planificación y uso de instrumentos adecuados apuntan a evitarlo.
Otra complicación poco común es la fractura de mandíbula. Suena dramático, pero solo ocurriría en casos extremadamente atípicos, como en pacientes de edad muy avanzada con hueso muy osteoporótico, o si la muela estaba fusionada al hueso y se aplicó una fuerza inusual. La literatura la describe como posible, pero personalmente nunca he visto fractura mandibular por extracción de cordal en un paciente sano joven. Su incidencia es bajísima. En cualquier caso, para que estés informado: si sucediera una fractura del ángulo mandibular, requeriría manejo quirúrgico (fijación con placas). Como digo, no debes angustiarte por esto, la probabilidad es prácticamente nula.
También puede ocurrir que alguna raíz de la muela del juicio esté muy unida y, al extraerla, se rompa y quede un fragmento dentro. Si ese fragmento es pequeño y su extracción supone más riesgo (por ejemplo, está cerca del nervio), a veces decidimos dejarlo ahí en lugar de provocar más trauma, ya que con el tiempo el hueso lo rodeará y no dará problemas. Esto no es realmente una complicación sino una decisión quirúrgica deliberada en tu beneficio. Si se deja un fragmento radicular, te lo comunicaremos y haremos seguimiento.
En extracciones de muelas del juicio superiores, especialmente si las raíces de la muela están muy próximas al seno maxilar (el espacio aéreo detrás de tus mejillas), puede ocurrir que al extraer la muela se produzca una comunicación oroantral, es decir, un pequeño orificio que conecta el alveolo de la muela con el seno maxilar. Esto se manifiesta a veces porque al beber líquidos, te salen por la nariz, o notas escape de aire entre la boca y la nariz. No te alarmes, las comunicaciones pequeñas muchas veces cierran solas con las precauciones adecuadas. En la cirugía, si vemos que se ha abierto comunicación, solemos cerrarla con un colgajo (desplazando un poco de encía para suturar sobre el orificio). Después de la extracción, te indicaremos no sonarte la nariz por al menos 2-3 semanas y quizá usar algún spray nasal descongestionante. Esto para facilitar que sane bien la conexión. Además, recetamos medicamentos (antibiótico, descongestionante) para prevenir infección sinusal. En casos raros, un fragmento de raíz puede desplazarse dentro del seno; de ocurrir, habría que realizar luego una pequeña intervención (como un Caldwell-Luc) para sacarlo, pero nuevamente, es extremadamente inusual. En resumen, las complicaciones sinusales se manejan cerrando la comunicación y evitando presión nasal hasta que sane. Sigue al pie de la letra eso de no soplarse la nariz, ni estornudar fuerte con la boca cerrada (si tienes ganas de estornudar, hazlo con la boca abierta para no forzar aire hacia los senos). Siguiendo estas recomendaciones, lo normal es que no tengas mayores inconvenientes y todo cierre perfectamente.
Por completar la lista de posibles riesgos, mencionaré que, como en cualquier cirugía, pueden existir complicaciones anestésicas o sistémicas: por ejemplo, una reacción alérgica a algún fármaco anestésico (muy rara, especialmente si no has mostrado alergias en el pasado), una bajada de presión o mareo vagal durante la inyección anestésica, o en casos de anestesia general, complicaciones más serias como alteraciones cardíacas o respiratorias. Quiero enfatizar que estos casos son excepcionales. Todas las cirugías bajo anestesia general conllevan un riesgo mínimo de complicaciones graves (del orden de menos del 0.01%). En nuestro entorno controlado, estamos preparados para manejar cualquier reacción aguda (tenemos medicación de emergencia, oxígeno, equipos de reanimación si hiciera falta, etc.). Si en tu historia clínica hay condiciones especiales (por ejemplo, problemas cardíacos, epilepsia, etc.), tomaremos las precauciones necesarias. Pero si eres una persona sana, puedes estar tranquilo/a respecto a la anestesia: notarás los pinchazos de la anestesia local y luego posiblemente la sedación si aplicamos, y cuando te des cuenta ya todo acabó.
Otra posible complicación general es que la manipulación oral introduzca bacterias en el torrente sanguíneo (bacteriemia transitoria). En personas sanas esto no supone problema (el sistema inmune la elimina), pero en pacientes con ciertas cardiopatías o prótesis valvulares, puede ser necesario tomar un antibiótico preventivo antes de la cirugía para evitar endocarditis. Tu dentista evaluará si necesitas esa profilaxis según tus antecedentes.
Finalmente, algo que a veces ocurre es una limitación prolongada de la apertura bucal por afectación de la articulación temporomandibular (ATM) o por contractura muscular si la cirugía fue muy larga con la boca abierta. No es tanto una “complicación” sino una exacerbación de algún problema de ATM previo. Puede producir chasquidos o dolor articular un tiempo. Suele mejorar con ejercicios y, si hiciera falta, fisioterapia mandibular.
Como ves, he querido ser exhaustivo en explicarte todo lo que podría suceder. Pero insisto: en la práctica, la gran mayoría de las extracciones de muelas del juicio cursan sin complicaciones serias. Lo más habitual es lo esperado: inflamación, molestias controlables, quizás algo de alveolitis en algunos casos. Las complicaciones como infección severa, lesión nerviosa permanente, etc., son muy poco frecuentes. Además, tomando las medidas de precaución (tanto nosotros como cirujanos, como tú siguiendo las recomendaciones), minimizamos las probabilidades. Siempre realizaremos la cirugía con los estándares más altos de seguridad, y estaremos pendientes de tu evolución en el postoperatorio inmediato y a largo plazo.
Mi objetivo al contarte esto no es asustarte, sino informarte con honestidad y a la vez transmitirte confianza: llevo muchos años realizando estas cirugías y sé que con buena técnica y cuidados, salen bien. Los pacientes suelen terminar aliviados de haberse quitado el problema de encima. No dudes en comunicar cualquier síntoma anómalo tras la cirugía; estamos para eso. Y sobre todo, no permitas que el listado de posibles riesgos te paralice: los beneficios de la extracción, cuando está indicada, superan ampliamente a los riesgos en la mayoría de los casos. Por eso, con frecuencia le digo a mis pacientes preocupados: “Entiendo tu miedo, pero confía en el proceso. En pocos días estarás recuperado y libre de ese dolor de muela para siempre”.
Quisiera cerrar con un mensaje cercano y sincero de profesional a paciente: Sé que enfrentar una cirugía en la boca da respeto. Estás en todo tu derecho de sentir nervios. Mi trabajo, además de operarte correctamente, es lograr que entiendas lo que haremos y por qué, y que te sientas seguro y acompañado en cada paso. Cada día trato a pacientes con tu misma preocupación, y créeme, la mayoría termina diciendo “¡no fue para tanto!”. La cirugía maxilofacial de la muela del juicio es un procedimiento de rutina para nosotros los especialistas. Aunque existan riesgos, ponemos todos los medios para que no ocurran, y la experiencia nos avala.
También quiero que sepas que estaremos pendientes de ti: desde la preparación, el momento de la cirugía, hasta el seguimiento en la recuperación. Si en casa tienes dudas (“¿esto que siento es normal?”), prefiero que me contactes y salgas de la incertidumbre. No hay pregunta tonta cuando se trata de tu salud.
En resumen, si tu muela del juicio te está causando problemas y te recomendamos extraerla, es porque creemos que así estarás mejor y evitaremos daños mayores a futuro. Con la información que te he brindado aquí, espero haber resuelto muchas de tus dudas iniciales. Tienes un panorama completo de qué esperar antes, durante y después de la cirugía, y conoces los riesgos pero también cómo los manejamos. Tu tranquilidad y recuperación satisfactoria son nuestra meta.
Personalmente, encuentro muy gratificante ver a un paciente venir a la revisión postoperatoria sonriendo, sorprendido de lo bien que salió todo. Y eso es lo que espero contigo. ¡Ánimo! No dejes que el miedo a los “y si…” te impida librarte de esa muela del juicio que te molesta. Estás en buenas manos y pronto será solo un recuerdo más (quizá incluso divertido de contar). Aquí me tienes, como tu cirujano de confianza, para acompañarte en el proceso.
No. Durante la cirugía en sí no sentirás dolor gracias a la anestesia. Puede que notes presión, tracción y ruidos, pero no dolor punzante. Después de la cirugía, cuando pase el efecto anestésico, sí habrá molestias y dolor leve a moderado durante unos días, controlables con los analgésicos recetados. Te dolerá similar a cuando te quitan una muela con caries, pero un poco más prolongado por la manipulación quirúrgica. Con el medicamento adecuado y cuidados (hielo, reposo), el dolor irá disminuyendo y normalmente a la semana ya no duele. Si el dolor postoperatorio fuera muy intenso o no mejora con medicación, debes contactarnos porque podría indicar alguna complicación (como alveolitis).
En general la recuperación inicial toma una a dos semanas para que te sientas completamente bien. Los primeros 2-3 días tendrás inflamación notable y molestias; a partir del día 4 comienzan a mejorar los síntomas. Muchas personas a la semana ya están haciendo vida casi normal (volviendo al trabajo o estudios al cabo de 2-3 días si se encuentran bien). La cicatrización interna completa del hueso lleva más tiempo (varias semanas), pero eso ya no te impedirá hacer vida normal. Resumiendo: en una semana deberías estar bastante recuperado, aunque la cicatrización definitiva sea en torno a las 4-6 semanas. Siempre recomendamos evitar ejercicio intenso por al menos 5-7 días, y alimentos duros hasta que pasen 2 semanas.
Las primeras 24 horas, alimentos fríos o a temperatura ambiente y de consistencia blanda o líquida. Por ejemplo: batidos, smoothies, helado (sin trozos), gelatina, yogur, pudín, caldos fríos. Del segundo día en adelante, puedes tomar cosas templadas y blandas: purés, sopas tibias, papilla de avena, pasta muy cocida, arroz suave, pescado al vapor desmenuzado, huevos revueltos. Evita alimentos duros, crocantes o picantes por aproximadamente una semana. Tampoco bebidas muy calientes. Come despacio y del lado contrario a la herida. A partir del día 3-4, según te sientas, ve introduciendo más alimentos sólidos blandos (pollo desmenuzado, carne molida, pan suave mojado en sopa, etc.). No uses pajita (popote) para líquidos en la primera semana, ya que la succión puede interferir con la coagulación. Recuerda mantenerte hidratado, tomando agua, jugos no cítricos y evitando alcohol. En resumen: dieta blanda y suave unos 5-7 días, volviendo a tu alimentación normal conforme notes que puedes masticar sin molestias.
Si la muela del juicio está totalmente erupcionada y en buena posición, muchos odontólogos generales pueden extraerla en su consulta con anestesia local, ya que sería una extracción simple. En cambio, si está impactada, en mala posición o muy cercana a estructuras delicadas, lo habitual es que te deriven a un cirujano oral y maxilofacial, que tiene la experiencia y herramientas para una extracción quirúrgica más compleja. En ocasiones el mismo dentista general realiza la extracción quirúrgica si tiene la capacitación, pero por precaución muchos prefieren la intervención de un especialista. Mi consejo: sigue la recomendación de tu odontólogo; si él/ella se siente cómodo haciéndolo, adelante, y si te sugiere un cirujano maxilofacial es por tu seguridad. Lo importante es que estés en manos de alguien con experiencia en ese tipo de cirugías. En cuanto al lugar, la extracción de cordales suele hacerse de manera ambulatoria en clínica dental con anestesia local. Solo casos muy complejos o pacientes con necesidades especiales se hacen en quirófano con anestesia general.
Dejar una muela del juicio que ya está dando problemas puede conllevar complicaciones a largo plazo. Por ejemplo, infecciones repetidas de la encía (pericoronaritis) cada cierto tiempo, con dolor e hinchazón. También puede dañar irreversiblemente el diente vecino (caries en el segundo molar o reabsorción de su raíz), pudiendo incluso perder ese diente sano por culpa de la muela del juicio retenida. Otra consecuencia posible es la formación de un quiste alrededor de la muela incluida, que destruya hueso mandibular. Además, si hay dolor crónico, puedes tener dificultad al masticar bien por evitar la zona. En algunos casos, la presión del cordal mal posicionado desencadena apiñamiento (dientes torcidos) con el tiempo. Por supuesto, cada caso es distinto: hay personas con muelas del juicio semi-incluidas que nunca les molestan seriamente. Pero si ya tienes indicios de problemas (dolor, infección, daño a otros dientes), postergar la extracción suele empeorar el pronóstico. Mi recomendación: no esperar a que el problema sea grave. Una cirugía a tiempo te evita pasar por urgencias dolorosas o procedimientos más complicados después. Siempre valora junto a tu dentista los pros y contras, pero en general sacar la muela del juicio problemática te dará más calidad de vida a futuro.
Dependiendo de tu situación, se pueden extraer una, dos, tres o hasta las cuatro muelas del juicio en la misma sesión. Extraer las cuatro a la vez es relativamente común cuando se realiza con sedación o anestesia general, así aprovechas una sola intervención y un solo periodo de recuperación. Con anestesia local, a veces hacemos dos y dos (por cuadrantes, las dos del lado derecho y en otra cita las dos del izquierdo) para que no quedes con ambas lados de la boca adormecidos y con heridas al mismo tiempo. Esto también lo decidimos según la dificultad de cada muela: si son relativamente sencillas, se pueden hacer todas en una visita larga; si alguna es muy compleja, podría planificarse por separado. Desde el punto de vista médico, no hay inconveniente en extraer las cuatro de una vez siempre que estés de acuerdo y el cirujano estime que es lo mejor. La recuperación será un poco más intensa (porque tendrás inflamación en ambos lados a la vez), pero en una sola etapa lo resuelves todo. Muchos pacientes jóvenes prefieren “quitarse todo de un tirón”. Otros, en cambio, se sienten más cómodos haciéndolo en dos rondas para poder masticar de un lado mientras sana el otro. Habla con tu cirujano sobre qué estrategia te conviene más; ambas opciones son válidas.
Espero que esta guía completa haya resuelto todas tus dudas sobre la cirugía maxilofacial de las muelas del juicio. Mi intención ha sido escribirla de la forma más humana y cercana posible, tal como le hablo a un paciente en consulta. Si necesitas enfrentar esta cirugía, ahora estás mucho más informado/a. ¡Mucho ánimo! Verás que con la preparación adecuada, un buen especialista a tu lado y siguiendo los cuidados, pronto podrás decir que tu muela del juicio quedó en el pasado y fue menos complicado de lo que pensabas. Aquí estaré para acompañarte en el proceso cuando lo necesites.



Desde la medicina integrativa, cada diente forma parte de un sistema interconectado: una infección dental crónica puede afectar órganos distantes, y una disfunción en un órgano puede reflejarse en un diente concreto.


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