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La pérdida de piezas dentales es un problema al cual no podemos sustraernos la mayoría de la población en un momento u otro de nuestra vida. Pero las nuevas técnicas odontológicas han abierto un enorme potencial de cara a la reparación de las lagunas aparecidas en la dentadura como consecuencia de su desgaste o de cualquiera de las numerosas causas que más adelante abordaremos; la relativamente joven disciplina de la implantología permite la colocación de implantes capaces de devolver a una dentadura maltrecha toda su integridad y esplendor. De esta manera, ya no es justificable la resignación a no poder lucir una exuberante sonrisa al mostrar todas las piezas dentales en perfecto estado. Y es que, sin duda, los implantes dentales se han posicionado como uno de los tratamientos más prácticos y eficaces dentro del campo de la odontología, hasta el punto de considerarse un método habitual de reparación en la última década. De hecho, una estimación muy aproximada de la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA) permite afirmar que cada año se viene a colocar en nuestro país una cifra de implantes cercana a los 400 000. Los implantes son piezas aptas para reemplazar las raíces de los dientes perdidos por múltiples factores (accidente, enfermedades, higiene deficiente, hábitos inadecuados…), siendo revestidos de una pieza denominada corona o funda con la cual quedan plenamente reestablecidas las funciones masticatoria y estética. En concreto, de los colocados en la zona anterior de las arcadas dentarias puede decirse que transmiten al exterior tal grado de naturalidad que permiten a su portador tener una total seguridad a la hora de las actividades más básicas, es decir, hablar y comer alimentos de cualquier textura. Una vez que te hemos colocado en antecedentes acerca del alcance de esta técnica odontológica, nos disponemos a resolverte algunas preguntas sobre implantes dentales que posiblemente ya estés formulándote.

¿Sabes de qué están fabricados los implantes dentales?

Existen varios orígenes en relación con las sustancias que configuran los implantes dentales, entre las cuales es fácil distinguir diferencias en cuanto a su eficiencia. Los especialistas reconocen por abrumadora mayoría que los mejores, hasta el momento, son los desarrollados con la más avanzada tecnología debido a una fabricación a base de materiales biocompatibles. Pero la realidad es que en la confección de una importante mayoría de los implantes se utiliza el titanio como materia prima, al resultar este un material de una excelente biocompatibilidad con los tejidos que rodean la raíz dental y que, además, por sus propiedades físicas, proporciona una enorme estabilidad y durabilidad a estas piezas de reemplazo.

Cuando hablamos de material biocompatible hacemos referencia a toda sustancia química sin capacidad de provocar ninguna respuesta farmacológica en el organismo y diseñada para integrarse dentro de un tejido como parte natural de él, en este caso la estructura ósea de los maxilares, sin probabilidad alguna de sufrir ningún rechazo.

No obstante, dentro las más vanguardistas técnicas de implantología, el titanio no es la única opción existente en el mercado que cumpla el perfil que se le reconoce a aquel. Podemos hablarte del zirconio, un metal que, a pesar de su reciente aparición, ya nos permite anticipar que viene avalado por resultados equivalentes a los ofrecidos por el titanio, con una ilusionante experiencia en cuanto a tasa de rechazos. La tendencia en las clínicas odontológicas que preconizan su empleo es contar con él para piezas de la parte anterior del maxilar, básicamente por cuestiones de perfeccionamiento estético, y en cualquier otro lugar cuando de trata de pacientes cuyas pruebas de alergia al titanio han resultado positivas.

¿Desde cuándo existen los implantes dentales?

Gracias a los modernos procedimientos de restauración dental, ahora quedarse sin algún diente ya es un problema francamente menor. Si te encuentras en esa tesitura, ten claro que las técnicas de implantología hacen posible el milagro de recuperar esa sonrisa espontánea que tanto esfuerzo te causaba exhibir. Pero evidentemente no siempre ha sido así. Veamos cómo ha evolucionado este aspecto de la anatomía y la salud bucal hasta nuestros días.

Los indicios más remotos que se conocen de lo que podrían llamarse implantes dentales debemos situarlos en una prótesis implantada en el territorio que ahora ocupa Argelia, tratándose, al parecer, de una actuación llevada a cabo tras la muerte de una mujer joven durante el periodo Neolítico (hace unos 10 000 años). Este cráneo reveló la presencia de lo que se identificó como un fragmento de falange que había sido introducido en el alvéolo de una pieza premolar. Si nos trasladamos al siglo sexto de la era precristiana, dentro de la civilización maya se han referido pruebas de que fueron extraídas piezas de una concha, cuya forma se asemejaba a la de un diente, para ser colocadas en los incisivos de una mujer. Y dando un salto hasta el siglo X, durante el califato de Córdoba un andalusí islámico, llamado Abulcasis, dejó escrita la descripción de que en alguna ocasión, cuando algún diente se hubiese caído, era posible efectuar su reposición en su alvéolo unido a los dientes contiguos con hilos o anillos de oro. Ya en la Edad Moderna se introdujeron varias aportaciones altamente interesantes en el campo de la odontología, practicándose frecuentes reimplantaciones en las que se ponía de manifiesto la precaución de extirpar previamente la pulpa, que era reemplazada por plomo u hojas de oro. Y para finalizar este repaso a la evolución histórica, diremos que un científico llamado Greenfield puede considerarse el pionero en documentar en 1915 lo que bien podríamos denominar las bases de la implantología moderna. Hizo alusión a la necesidad de adoptar estrictas normas de limpieza y esterilidad e introdujo conceptos tan novedosos para la época como la importancia de que existiera una estrecha asociación entre el hueso y el implante antes de pasar a fases posteriores. Asimismo, aportó nociones sobre el concepto de “implante sumergido”, sobre cómo debía asegurarse la sanación de los tejidos afectados y sobre cómo garantizar que los implantes quedasen inmóviles tras su colocación.

Ya en nuestros días, sabrás que los implantes dentales se han incorporado al catálogo de tratamientos habituales de la odontología desde hace más o menos un par de décadas, cosechando un excelente bagaje de resultados que posicionan esta técnica como puntera en el ranking de éxitos quirúrgicos. De hecho, los casos en los que se consigue que los implantes sean “vitalicios” son masivos. Sin duda, hablamos de la alternativa idónea para quienes hayan perdido alguna pieza dental, algo que según estadísticas fiables involucra a dos tercios de los españoles que se mueven en la franja de edad de 35 – 45 años. En casos extremos, es factible recurrir a la colocación de implantes en:

  • En la mandíbula, en niños a partir de los 6-7 años.
  • En el maxilar superior es conveniente aguardar un poco más, por lo menos hasta los 13-14 años, ya que este hueso difiere del maxilar inferior en cuanto al crecimiento dentofacial en relación con los implantes, del que además todavía se desconocen detalles que pueden ser importantes.
  • Tratándose de la existencia de multiagenesias (ausencia permanente de más de un diente temporal o definitivo), en las que existe un gran déficit tanto funcional como estético, puede optarse por iniciar el tratamiento a edades tempranas, dando prioridad básicamente a las repercusiones psicosociales que pudiera tener ese problema en el niño o niña.
  • Y si hablamos de trastornos severos de la dentadura como oligodoncia (ausencia de seis o más dientes) o anodoncia (ausencia total de dientes), dado que el crecimiento de la región que abarca la unión de los dos mentones es muy reducido después de los 5-6 años, es posible colocarlos sin esperar a la pubertad.

¿Tienen contraindicaciones los implantes dentales?

La respuesta es sí, pero realmente se trata de una de las intervenciones, entre todas a las que puede someterse el organismo humano, que ofrecen un escenario más reducido de situaciones conflictivas. En este caso, las hay que cierran la puerta a la posibilidad de colocación de implantes y otras que la desaconsejan por incremento del riesgo. Pero quizá el criterio de clasificación más práctico sea aquella que atiende a dividirlas en absolutas y relativas, de manera que vamos a describirlas segregándolas en esos dos bloques.

Contraindicaciones absolutas

Se consideran contraindicaciones absolutas para la colocación de implantes osteointegrados aquellas que se fundamentan en riesgos quirúrgicos y/o anestésicos de carácter inmediato. Puede generalizarse en aquellos pacientes que sufran alguna enfermedad aguda o enfermedad sistémica grave, que se encuentren en fase terminal o se vean afectados por un trastorno metabólico incontrolado, así como en el caso de las mujeres gestantes. En un plano menos restrictivo, puede decirse que los pacientes aquejados de serios trastornos psiquiátricos (por considerarse improbable que sean capaces de seguir las indicaciones médicas durante el tratamiento) y los drogodependientes (entendiendo también por estos los adictos al tabaco y al alcohol) tienen notablemente desaconsejado llevar implantes osteointegrados.

En determinados casos no es posible el uso de implantes osteointegrados para recomponer una zona escasa de piezas dentales. Básicamente podemos hablar de:

  • Pacientes con alteraciones de la coagulación de la sangre fuera de control, lo que les hace vivir en permanente riesgo de hemorragia.
  • Pacientes cuyo sistema inmunitario no se encuentra íntegro, los llamados inmunodeprimidos o inmunodeficientes. En este grupo pueden figurar tanto personas sometidas a tratamientos de quimio o radioterapia o con corticoides, etc., como aquejadas de enfermedades como el VIH, el SIDA o alguno de los procesos llamados autoinmunes. La radioterapia puede convertirse en causa de efectos secundarios como xerostomía (alteración del funcionamiento de las glándulas salivales), mucositis (inflamación de las membranas de revestimiento de la cavidad oral) y destrucción de las células en los huesos. Inicialmente, puede decirse que el tratamiento con implantes dentales está contraindicado, pero transcurridos al menos uno o dos años, y dependiendo de la situación concreta del paciente, puede replantearse el tratamiento de implantología. En concreto, los huesos irradiados representan un factor de riesgo para la colocación de implantes dentales, ya que existe riesgo de trombosis, de desarrollo de heridas crónicas no cicatrizantes. Como mínimo hay que esperar 6 meses desde la última sesión para colocar un implante con garantías.
  • Trastornos del metabolismo de los huesos como pueden ser la osteomalacia o la osteogénesis imperfecta. Afortunadamente, la afección más común de este grupo, la osteoporosis, no supone obstáculo para la colocación de implantes.
  • Enfermedades endocrinas no controladas, sobre todo el caso de la diabetes grave, y principalmente la diabetes juvenil (de tipo I), se considera igualmente un factor de riesgo, si bien la diabetes del tipo II controlada adecuadamente no representa inconveniente alguno para llevar a cabo un tratamiento con implantes. Similar reflexión puede hacerse a propósito de hipo e hipertiroidismo, entre otras.

Contraindicaciones relativas

La primera de ellas la representarían aquellos casos en los que el paciente transmite unas expectativas poco realistas. Para averiguar esto se hace imprescindible practicar un estudio concienzudo cuyas conclusiones permitan informar al paciente de su problemática particular, conociendo de primera mano aquellos aspectos que pueden corregirse en el ámbito estético y funcional. Entre algunas de las contraindicaciones relativas podemos hablar de:

  • Bruxismo (hábito involuntario de apretar o rechinar los dientes) o cualquiera de los otros vicios que deterioran la funcionalidad de la dentadura.
  • Condiciones anatómicas con irregularidades pronunciadas.
  • Periodontitis o enfermedad periodontal que no esté bajo control.
  • Alteraciones en las articulaciones témporo-mandibulares, es decir, las que unen el cráneo con las mandíbulas.
  • Higiene oral deficiente o al menos insuficiente, un factor constante entre los hándicaps para cualquier planteamiento odontológico.

Quizá merezca una particular mención el capítulo de los fumadores. En relación con estos (recuerda que para ser considerados como tales deben fumar un máximo de cinco cigarrillos al día), es un dato contrastado que la colocación de implante dentales arrastra mayor tasa de fracasos. Si bien todavía se desconoce el mecanismo preciso por el cual hay mayor dificultad para la osteointegración de los implantes dentales en fumadores, las corrientes de opinión van mayoritariamente encaminadas a la acción de algunas sustancias presentes en el tabaco que, al parecer, irían deteriorando poco a poco la vascularización del hueso y de las encías, reduciendo como consecuencia el caudal de sangre y de oxígeno que llegan a los tejidos orales. A esto, que ya de por sí sería capaz de poner en peligro la integración del implante en aquellos, parece ser que se le sumaría un incremento de la agregación plaquetaria (que, digamos, “espesaría” la sangre) y una alteración de la función de los leucocitos polimorfonucleares (en esencia, los glóbulos blancos), factores ambos muy negativos para la consolidación de la osteointegración de los implantes dentales. Por estas razones, solo podemos decirte que si eres fumador es muy aconsejable que abandones ese hábito si es tu deseo someterte a un tratamiento con implantes, además de adoptar el firme compromiso de no retomarlo posteriormente.

En otro orden de cosas, también cabe reseñar que las personas que sufren un colapso de los tejidos orales como consecuencia de reabsorciones pueden tener una densidad ósea tan deficiente que pueda verse seriamente comprometida la colocación de implantes, pues el volumen, anchura y altura que ocupan estos requieren la existencia de una matriz holgada. No obstante, en estos supuestos críticos cabe la opción de practicar un injerto de hueso propio que sirva para acondicionar la región en la que se vaya a operar.

En el capítulo de tratamientos medicamentosos, no debe pasarse por alto el papel de los bifosfonatos, que son unas sustancias con acción farmacológica que se utilizan generalmente para paliar trastornos relacionados con los huesos, especialmente la osteoporosis, las metástasis que se producen en los cánceres y la enfermedad de Paget (un trastorno que implica destrucción y deformidad de los huesos afectados).

Pero cuando el paciente está bajo tratamiento de este tipo, para la planificación de una intervención de implantología resulta trascendental conocer el tiempo que el paciente lleva en tratamiento y la dosis del mismo, así como si hay interacciones con otros medicamentos. Cuando hay un tratamiento con bifosfonatos orales en marcha, lo más aconsejable es abrir un paréntesis con él tres meses antes del inicio de la operación de implantes dentales, pero si el paciente está recibiendo esa terapia por vía intravenosa, ya se trata de palabras mayores, pues en ese caso está radicalmente contraindicada la colocación de implantes dentales.

A su vez, esta práctica odontológica debe ser cuidadosamente sopesada en personas aquejadas de enfermedades sistémicas (es decir, aquellas que en mayor o menor medida afectan a todo el organismo), ya que siempre cabe la posibilidad de un recrudecimiento como consecuencia de una intervención de este estilo. Hablamos, por ejemplo, de enfermedades infecciosas crónicas o de procesos cardiovasculares. Cada caso ha de ser objeto de valoración personalizada en la que se calibren los pros y contras del tratamiento con implantes.

¿Hasta qué punto es importante seguir un riguroso mantenimiento de los implantes dentales?

Sencillamente, es fundamental. Una vez que hayas superado todas las revisiones posoperatorias que te haya pautado el odontólogo y todas las pruebas establecidas por el procedimiento, disfrutando ya con tus nuevas piezas en la boca, conviene no caer en esa falsa sensación de “misión cumplida” y abandonarte a la suerte. Ese es el momento de plantearse un seguimiento del estado de tus implantes dentales para asegurar una evolución perfecta. Una realidad que conviene no pasar por alto es que la dentadura es una parcela del organismo que se ve muy exigida en cuanto a acciones mecánicas. La masticación, una función aparentemente sencilla y poco comprometida, conlleva una serie de movimientos en los que interviene una nutrida colección de músculos de la cara, alguno de los cuales ejercen una considerable presión; por otro lado, dichos movimientos no solamente consisten en apertura y cierre, sino que también los hay de lateralidad y de cincunducción (en sentido circular).

Las piezas dentales originales llevan incorporados “de serie” unos eficaces mecanismos de protección contra esa continua agresión a la que se ven sometidas; uno de los más relevantes es el llamado ligamento periodontal, una cinta elástica que envuelve las raíces de los dientes dentro del hueso generando un efecto amortiguador de las presiones causadas por la masticación. Igualmente debe hablarse de la existencia de unos sensores de presión mediante los cuales somos conscientes del momento en el que hemos de aflojar la fuerza de masticación para no provocar tensiones excesivas en las estructuras de los dientes. Pero hemos de ser conscientes de que las piezas dentarias artificiales que se ven sustentadas sobre los implantes dentales carecen de ese ligamento y esos sensores. No olvidemos que un implante se caracteriza por una unión directa al hueso sobre el que se sustenta, por lo que desaparece cualquier atisbo de flexibilidad o elasticidad. Por consiguiente, es muy importante asegurar que la unión entre los dientes y los implantes sea pasiva para evitar una sobredosis de presión que haga peligrar su integridad. Adicionalmente a todo lo anterior, resulta imprescindible ajustar con la mayor precisión posible la oclusión, es decir, que en la mordida se produzca una correcta confrontación pieza a pieza entre las arcadas superior e inferior. Este objetivo solo se cumple plenamente si se verifica también en los movimientos de lateralidad y no se produce la temida protrusión (cuando las piezas inferiores sobresalen por encima de las frontales superiores); solo de esta manera, los implantes dentales no se verán forzados en determinados movimientos bucales de rutina.

En aquellos casos en los que el paciente ha sido sometido a una rehabilitación de mucha envergadura, suele ser inevitable colocar una férula interdental que contribuye a la relajación de la musculatura de la cara, con lo cual se evita el exceso de tensión en los implantes.

Los controles de mantenimiento deben llevarse a cabo ya en los siguientes días tras la colocación de las piezas definitivas. Y es crucial, ya a medio-largo plazo, una estrecha vigilancia de la acumulación de placa y sarro, ya que las estadísticas arrojan el dato de que la causa principal de la pérdida de dientes es la enfermedad periodontal, cuya evolución guarda una íntima correlación con la presencia de placa y sarro. De hecho, no son infrecuentes los casos de personas sometidas a tratamiento de implantes por haber perdido dientes como consecuencia de padecer enfermedad periodontal, y en las cuales los nuevos dientes salen de la encía a través de los pilares siendo capaces de acumular placa y sarro. Por ello, es sumamente necesario mantener a raya con limpieza periódica estos depósitos tan insidiosos para la salud de las encías y, de rebote, para los implantes dentales enraizados en el hueso. Después de todo lo descrito, debe quedarte claro que la anatomía de esta región, una vez que las piezas naturales han sido sustituidas por implantes, se caracteriza por un mayor número de resquicios que, por lógica, tienden a captar restos orgánicos, lo que obliga a ser enormemente disciplinados en la higiene bucal y en el empleo de los instrumentos específicos que existen para su ejecución.

¿Puede tener complicaciones la colocación de implantes dentales?

Evidentemente, sí, pues no se conoce ninguna manipulación del organismo que esté exenta de siquiera un mínimo riesgo. La colocación de un implante dental pasa por una intervención quirúrgica que, si bien tiene carácter ambulatorio y se realiza en condiciones de anestesia local (lo cual, de por sí, ya minimiza el riesgo), requiere una cuidadosa planificación para lograr que el pilar del implante se dirija al punto exacto y con la orientación precisa con el fin de minimizar las probabilidades de fracaso. Pero las complicaciones más frecuentes de los implantes dentales surgen casi siempre como consecuencia de algunos de los riesgos que se han citado en un apartado anterior; de ahí la extraordinaria importancia de tener puntual conocimiento de su potencial aparición tras la intervención quirúrgica. No obstante, teniendo en cuenta los materiales que integran los implantes y la sutileza de las técnicas implantológicas, las estadísticas hablan muy a favor del carácter residual de estas complicaciones que seguidamente describiremos. No en vano, puede afirmarse que en el 95 % de los casos, la implantación de piezas dentales definitivas es plenamente satisfactoria y el paciente no refiere complicaciones, en todo caso ciertas manifestaciones menores propias de una intervención quirúrgica, que, no olvidemos, es realmente de lo que se trata. Dentro de ese 5 % de problemas que puede originar la colocación de un implante dental, podemos entresacar los siguientes:

Complicaciones durante la intervención

Como es lógico en todo procedimiento quirúrgico, hay una serie de manifestaciones esperables que normalmente no entrañan gravedad y remiten a las pocas horas tras su aparición. En este grupo podemos destacar dolor, inflamación, hemorragia y hematomas restringidos al área afectada.

Problemas posoperatorios

El posoperatorio de la colocación de un implante no tiene por qué entrañar complicaciones si se respetan las pautas indicadas por el especialista. Su duración se extiende a lo largo del periodo en el que se produce la cicatrización de la herida y la retirada de los puntos (lo que viene a suceder en 7-10 días), más una fase adicional de entre uno y seis meses que es el lapsus necesario antes de colocar la prótesis definitiva y recuperar la plena funcionalidad de los dientes reemplazados. No obstante, hay referencias de aparición de infecciones, pérdida de sensibilidad a causa de la anestesia y leves daños en nervios, vasos sanguíneos u otros dientes, por citar los más comunes pero siempre sencillos de controlar por los profesionales.

Complicaciones en el proceso de integración del implante en el hueso

En dicho proceso de osteointegración, en el que pueden interferir el tabaquismo, enfermedades metabólicas como la diabetes tipo I, la cantidad y calidad del hueso de soporte o la acción de algunos fármacos, una de las complicaciones de más precoz aparición es que se mueva el implante, lo que da lugar a su desanclaje al hueso. Normalmente se desconoce el motivo de este problema, que implica una vuelta atrás en la fase quirúrgica, e incluso en los casos más acusados, hasta un replanteamiento del tratamiento. Pero un éxito de la osteointegración en la etapa más inmediata no permite descartar que, a medio o largo plazo, un implante pueda truncarse adoptando la forma de la denominada periimplantitis. Las causas del fracaso son múltiples, y muchas desconocidas: factores relacionados con la oclusión, con la higiene defectuosa, con la falta de revisiones periódicas, factores intrínsecos a la propia biología del paciente, etc. Finalmente, como complicaciones de tipo mecánico se han dado casos de la rotura del pilar o de la prótesis definitiva. Estudios de incidencia de periimplantitis bastante rigurosos hablan de una tasa cercana al 30 % de los pacientes, cifra que se complementa con una afección del 12 % de los implantes que aquellos llevan. En caso de periimplantitis, es preciso aplicar tratamiento quirúrgico con el objetivo de cortar su avance; normalmente, puede ser necesario llevar a cabo alguna práctica quirúrgica que permita modificar la calidad de los tejidos blandos que circundan los implantes, para así conseguir una mejora en la higiene oral y corregir las pequeñas anomalías estéticas que suelen surgir.

Rechazo del implante

En ocasiones, el organismo no asimila la presencia de una prótesis en su seno, reconociéndola como un cuerpo extraño al que hay que desalojar, para lo cual se desencadena una cadena de fenómenos celulares que se manifiestan en alteraciones orgánicas que conocemos como rechazo. Esto puede dar lugar a complicaciones severas, cuya única salida posible es la retirada inmediata, tras la cual se estudiarán los factores endógenos que han promovido la reacción de extrañamiento (calidad del implante, situación clínica del paciente…), valorando en su justa medida posibles alternativas terapéuticas.

Alergia a los componentes

Como ya se ha dicho, el titanio es el material mayoritariamente escogido para la fabricación de implantes por su excelente biocompatibilidad. Pero aunque es muy infrecuente, algunas personas manifiestan hipersensibilidad a este material, lo que lleva consigo el fracaso del implante. Por eso es muy importante que, si decides colocarte alguno, acudas antes a un especialista en alergias para someterte a un estudio de tolerancia al titanio. La alergia al titanio afecta a entre un 10 y un 15% de la población. Sus síntomas, aunque no tienen por qué manifestarse todos, son dermatitis, urticaria, inflamación de vasos sanguíneos, descenso de las defensas inmunitarias y el llamado síndrome de fatiga crónica. Un posible efecto colateral de esta alergia consiste en agravar, si existen, enfermedades como la fibromialgia o la esclerosis múltiple. Pero contra lo que puede parecer, no es sencillo detectarla, al estar el implante sumergido en el hueso y revestido por una capa aislante de hidroxiapatita (el componente químico básico de la matriz ósea); además, la superficie que contacta con el surco que rodea el implante está protegida por una barrera de proteínas salivares, y precisamente la mucosa oral soporta mucho más los estímulos antigénicos en relación con lo que sucede con otros órganos como la piel, que reacciona rápidamente.

Rotura de los implantes

Quizá esta sea la complicación más anecdótica de todas por la enorme calidad de los materiales de nueva generación. De forma improvisada, cabe la posibilidad de producirse una doblez y posterior ruptura de la pieza, lo que obviamente provoca su retirada y sustitución.

Debilitamiento por causa del tabaquismo

La nicotina y otras sustancias tóxicas ocasionan un debilitamiento de la estructura ósea que da soporte a los implantes, impidiendo el correcto acoplamiento del implante, lo que causa dolor al paciente y la urgencia de extraer la prótesis.

Efectos secundarios de algunos medicamentos

Algunos quimioterápicos e incluso antiinflamatorios específicos para combatir procesos degenerativos como la artritis obstaculizan el funcionamiento de la médula ósea, lo que puede reflejarse en graves complicaciones en el tratamiento odontológico a base de implantes.

Osteorradionecrosis

Conforme se ha ido consolidando la utilización de esta técnica, ha aumentado la incidencia de casos de osteorradionecrosis o desvitalización del hueso derivada de este tratamiento. No cabe afirmar de forma concluyente que la osteorradionecrosis sea un efecto directo originado por el implante dental en enfermos medicados con bifosfonatos por vía intravenosa; pero se manejan datos suministrados por odontólogos que en su ejercicio clínico sugieren indicios de una relación causal entre esa medicación y la osteorradionecrosis.

Criterios de éxito y fracaso de los implantes

Ya se ha visto que en la actualidad, los implantes dentales osteointegrados constituyen la alternativa terapéutica de elección para restablecer la integridad de una dentadura maltrecha. Por dicha razón, debido a su extensa utilización, la única manera fiable de predecir la probabilidad de éxito o fracaso de un implante es recurrir a criterios médicos rigurosos, pudiendo anticiparse con gran precisión el cariz del desenlace de la intervención. No obstante, la comunidad científica no ha logrado todavía unificar los criterios que permitan considerar determinada intervención implantológica como un fracaso. En lo que todo el mundo parece coincidir es en que hay que tener en cuenta elementos clínicos, radiológicos, psicosociales, sistémicos, quirúrgicos y prostodóncicos, sin ánimo de agotar el catálogo.

¿Es necesario llevar prótesis extraíbles antes de acabar el tratamiento?

Como vamos a explicarte a continuación, no es necesario, y esto es algo que tristemente todavía no es de dominio público. De hecho, una de las pegas que con más frecuencia exponen los pacientes que sopesan someterse o no a un tratamiento con implantes dentales es soportar el lastre de llevar una prótesis extraíble durante el periodo que abarcan las dos fases del procedimiento. Algo que, además de molesto, sin duda produce una sensación de inestabilidad que merma bastante las maniobras que rutinariamente hacemos con la boca. Pero este hándicap ya no es inevitable, pues quienes trabajamos en la vanguardia de la implantología nos hacemos eco de los extraordinarios avances acontecidos en este campo; en concreto, de los llamados implantes dentales de carga inmediata o implantes en un solo día. En la actualidad, podemos afirmar categóricamente que el paciente puede recuperar su anhelada sonrisa en el primer día de tratamiento. Esta técnica es especialmente idónea para pacientes edéntulos (quienes apenas ya tienen piezas dentales) que huyen de la molestia de llevar una prótesis extraíble siquiera un momento.

Pero este esperanzador escenario, desgraciadamente, no tiene un carácter universal; no cualquier paciente puede beneficiarse de este sistema. Para poder colocar un implante en un solo día, el paciente ha de cumplir ciertos requisitos, entre los cuales destacan:

  • Carecer de antecedentes próximos de enfermedades sistémicas que puedan interferir con el tratamiento.
  • Debe haber una oclusión estable.
  • El paciente debe demostrar unos hábitos de higiene bucal extraordinariamente rigurosos.
  • No ser fumador.

Una de las preguntas sobre implantes dentales que los pacientes se hacen en relación con esta técnica es: ¿dónde está la clave de la misma? La respuesta la encontramos en lo conocido como osteointegración dinámica, según la cual el implante recibe la carga mientras va produciéndose la osteointegración. Gracias a ella, un procedimiento terapéutico que requería varias intervenciones pautadas en diversas etapas, queda resumido en una única actuación que es suficiente para que el paciente recupere la plena funcionalidad de sus piezas dentales.

Lo verdaderamente importante es depositar la confianza en un dentista acreditado por suficiente profesionalidad, pero sobre todo que conozca la evolución del paciente y esté en condiciones óptimas de tomar referencias sobre la evolución de su mandíbula y su dentadura para decidir el momento oportuno para empezar el tratamiento de implantes dentales. Si te decides a probar la técnica de implantación de carga inmediata, en un solo día disfrutarás de nuevos dientes que se irán adaptando al hueso de manera progresiva. En nuestra Clínica Dental en Jaén podemos ofrecerte un tratamiento totalmente a tu medida, garantizandote una enorme ventaja: solo tendrás que soportar una intervención quirúrgica. Si después de que te realicemos el correspondiente diagnóstico previo, contamos con elementos que nos permitan confirmar la buena calidad de tu hueso, tenemos profesionales de suficiente solvencia para que el éxito del tratamiento esté prácticamente asegurado.

Implantes dentales de última generación 1

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